Lo que la izquierda nunca antes hizo

Cuando dentro de años, no sé si decenas o centenares, se analice esta época, entre los múltiples temas que nos angustian y nos han desconcertado más que en ninguna otra, se destacará el papel que la izquierda está cumpliendo. Ni las guerras, la dictadura, la explotación de los trabajadores, la lucha feminista, lograron en el curso de los dos últimos siglos que las fuerzas políticas y sociales de izquierda se desorientaran de la forma escandalosa en que lo están padeciendo en la actualidad.

Por Lidia Falcón*

Ciertamente, oportunistas de toda laya se introdujeron siempre en el seno del movimiento obrero y en los partidos autotitulados demócratas, liberales, radicales, cristianos, calificativos con los que pretenden camuflarse para que no se les identifique como sicarios del capital.

Pero fingiendo representar los intereses de las clases trabajadoras y hasta de las mujeres con tanta doblez, oportunismo e hipocresía como lo están haciendo Podemos y el PSOE actual, no encuentro antecedentes en la hemeroteca de todo el siglo XX.

A los viejos problemas, que son verdaderos dramas, de la pobreza generalizada, la violencia contra la mujer, la tragedia de los emigrantes que vienen a morir a nuestras costas, la superexplotación que padecen los trabajadores frente a la exultante exhibición de riqueza de las oligarquías, las desigualdades por clases sociales que arrastramos desde hace dos siglos, y a los que la actual izquierda ni siquiera teóricamente da soluciones, se han añadido las divisiones que se están produciendo en el seno de los trabajadores y del feminismo con la ideología de las identidades.

Manipulando los sentimientos con los recursos retóricos y propagandísticos que sabe tanto utilizar el capital se convence a amplias masas de las comunidades que tienen un idioma propio de que sus males, esos ya relatados: paro, pobreza, falta de vivienda, una sanidad degradada, marginación social, explotación laboral -hasta la violencia contra las mujeres es diferente si la practican vascos, catalanes o gallegos- provienen de la maldad del Estado español, y por extensión de todos los españoles.

A estas identidades colectivas, sin que a pesar de todo lo escrito nadie sepa definir qué es una nacionalidad y qué la distingue de una región o de una nación, distinción que los padres de la patria fueron capaces de blindar en la Constitución de 1978, se añaden ahora las identidades individuales como fuente de derecho.

El conflicto que ha provocado la burguesía catalana reclamando la independencia, cuyos más conspicuos e ilustres representantes están calificados hoy por el Fiscal de la Audiencia Nacional de “organización criminal”, está causando la mayor división entre las organizaciones sociales, laborales, políticas y feministas, inutilizando a la izquierda tanto catalana como española. El nacionalismo catalán ha conseguido lo que no pudo la dictadura: enfrentar a los trabajadores catalanes con los no catalanes, dividir al Movimiento Feminista que se posicionó en favor de una postura u otra olvidando las graves y estructurales represiones que padecen las mujeres y hundir a la izquierda en la irrelevancia ante las diferencias que separan a la miríada de organizaciones minúsculas y olvidadas de los principios de lucha de sus antepasados, que se pretenden progresistas.

A las divisiones y enfrentamientos que ha provocado la reclamación de la autodeterminación de Cataluña, se ha sumado en los últimos años la autodeterminación de género, sin que se sepa con certeza qué significan ninguno de esos supuestos derechos. A las graves y milenarias represiones y marginaciones que sufren las mujeres se ha sumado ahora esa ininteligible pretensión de algunos hombres de convertirse en mujer por su solo deseo. Lo que puede parecer un invento literario propio de una distopía, la coalición Unidas Podemos, que está inserta en el Gobierno, pretende convertirlo en un derecho impuesto por las próximas leyes que se propone aprobar en las Cámaras.

Resulta patético, y a la vez desesperante, oír a las máximas dirigentes del Ministerio de Igualdad, como Ione Belarra, afirmar pomposamente que los derechos de los transgénero son derechos humanos, sin que nos explique qué o quiénes son los transgénero –parece no saberlo ni ella- ni a qué derechos humanos se refiere.

Esos personajes que se autotitulan transgénero y qué pretenden que el género no existe, afirman que por el solo deseo de la persona ésta puede cambiar de sexo sin proceder a ningún examen médico ni psicológico ni mucho menos a hormonación ni intervenciones quirúrgicas. Cómo resulta que los transformados son mayoritariamente hombres que se autodeterminan mujeres nos encontramos con varones talluditos y barbudos que se presentan con nombre de mujer afirmando que son la presidenta de una asociación feminista o que compiten en la liga femenina en deportes de fuerza, o que se “transforman” repentinamente en mujer cuando son denunciados por violencia machista. Y ya no existirán mujeres ni hombres ni padres ni madres. Seremos catalogados como progenitores gestantes y progenitores no gestantes.

Este despropósito que están defendiendo las abanderadas de la próxima ley LGTBI, ha llevado a Irene Montero, la Ministra de Igualdad ,a declarar que hay que definir qué es un hombre y una mujer, cuánta hormonación se necesita para ello, qué contorno de pecho debe tener para ser considerada una persona femenina o masculina, y unas cuantas perlas más que han provocado la natural irritación de la mayoría de las feministas y yo creo que también lo habría conseguido de las mujeres de a pie, si se hubiesen enterado.

La inteligente respuesta de la dirección de Podemos ha sido tacharlas de fascistas e igualarlas a VOX, partido que es ahora muy útil porque que ha venido a ser el comodín de todos los males de ese progresismo posmoderno que no tiene ni ideología ni programa ni objetivo. Es decir, sí tiene uno muy definido: gobernar, como nos repitieron durante varios años la pareja dirigente Pablo Iglesias e Irene Montero. Y a ese Gobierno han llevado la teoría «queer», que anda dando vueltas por la universidades desde hace años y que pretende acabar no sólo con las categorías de hombre y mujer, padre y madre, sino lo que es más estremecedor, con la realidad. El título de la ley debe ser “Abolir la realidad”.

Mientras tanto, la reforma laboral del 2008 no se deroga porque la derecha no quiere y los trabajadores y las trabajadoras siguen sufriendo todas las explotaciones; la Ley de Violencia de Género no se reforma y las mujeres siguen siendo maltratadas y asesinadas sin protección; los emigrantes mueren por decenas ahogados en nuestro ‘Mare Nostrum’ que es el cementerio más grande del mundo, y la economía no saldrá adelante porque vivimos de la caridad de la UE en un modo de producción que no produce nada.

Nunca la izquierda antes había pervertido tanto sus principios materialistas que descubren y denuncian la realidad humana y económica, ni aceptado mansamente destruir el tejido asociativo que tantos años ha costado construir en nuestro país. El Gobierno  de esa coalición de PSOE, Podemos e IU, es tan desastroso como lo ha demostrado la gestión de la pandemia, que sigue activa y para la que no tenemos ni suficientes profesionales ni hospitales ni UVIS, ni camas, ahora que nos enteramos que hemos pagado cientos de miles de euros por mascarillas y respiradores que nunca nos han servido, y cuyo coste está intentando recuperar el Gobierno. En el que por cierto, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, es comunista. O quizá no tiene competencias en esa materia porque como no hay no se consumen.

Pero sobre las competencias del Consumo vemos cómo las casas de juego abren en todos los barrios lo más cerca que pueden de los colegios; los productos de primera necesidad, comida e higiene, suben los precios constantemente; los alquileres no se controlan y nuestro famoso vicepresidente de Asuntos Sociales no ha tomado medida alguna para que el colectivo de los “sin techo” puedan ser albergados. De la renta básica universal ni se habla, para qué si los millones de euros pactados con la UE se entregaran a plazos muy controlados en relación a los objetivos que nos marque el Consejo Europeo.

Y ante este panorama desolador, me planteo: ¿dónde está la izquierda?

*Partido Feminista de España

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