Miles de refugiados en Lesbos afrontan a la intemperie un futuro incierto

El Gobierno griego quiere que la isla siga siendo su refugio, pero las autoridades locales piden su traslado.

Llegar al campo de refugiados de Moria desde Mytilene, la capital de Lesbos, se ha convertido en un imposible. Todos los accesos están bloqueados con controles y desvían a quien quiere acceder, por lo que es necesario intentarlo por otra entrada, pero también en ese acceso hay una excavadora cerrando el paso de la carretera. Al frente, una veintena de vecinos de Lesbos obligan a dar la vuelta. Su tono violento intimida, así que lo que está ocurriendo ahora en el campo de refugiados se queda dentro. Y en él hay al menos 10.000 personas.

El resto, otros 3.000 refugiados que huyeron de las llamas que han asolado el campo en los últimos días, inician un peregrinaje a ninguna parte.Familias enteras llevan cuatro días a la intemperie, como la de Jonathan, que huyó del Congo y a la que hacinaron en Moria. Ahora ha acampado en la carretera. Su cuñada sostiene en sus brazos a un bebé de dos semanas. «Somos seres humanos», clama, «queremos trabajar, dar de comer a nuestros hijos, comprar lo básico». El recuerdo de Moria se hace duro. Allí impera la ley del más fuerte, cuenta mientras muestra en sus brazos las cicatrices de unos navajazos.

Por la carretera desfilan más refugiados acarreando sus escasas pertenencias. El parking de un supermercado se ha convertido en otro lugar de acampada. Las mascarillas brillan por su ausencia y el distanciamiento es imposible. Los afganos, que representan más del 80 % de los refugiados actualmente en la isla de Lesbos, se sienten despreciados. Dicen que nadie les quiere y que tienen mala fama.

En una esquina de la vía se forma una aglomeración: han traído agua, un preciado bien a 31 grados bajo el sol. Las ONG tampoco pueden atender a los enfermos de dentro del campo de Moria, aunque ahora tienen trabajo fuera. Un parto les espera.

La impotencia se extiende por el ambiente, ya que aún no saben cuál será su destino. El Gobierno griego quiere que Lesbos siga siendo su refugio, pero las autoridades locales piden su traslado a la península. Sobre la mesa, la promesa de tres barcos donde alojarlos temporalmente.

Y en medio de la batalla política, sin agua, sin comida, sin un lugar donde asearse, los más jóvenes gritan su rabia coreando al unísono «Freedom» (libertad).

RTVE

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