EDITORIAL.- ¿Quién gobierna de forma permanente?

El poder es fundamentalmente toma de decisiones que afectan o benefician a los integrantes de un Estado.

La práctica demuestra que esas decisiones favorecen a una reducida minoría y, afectan (y mucho)  a la inmensa mayoría.

En la actualidad, los países con Gobiernos de Partido Único, son los únicos que ejercen el poder de forma visible. Y, debido a que deben asumir el riesgo de las consecuencias, tratan de equivocarse, lo menos posible, en su búsqueda y alcance del bien común.

No pasa lo mismo con los Gobierno que resultan de una elección en la qué, los candidatos, se ofrecen de la misma forma que las curas mágicas o del modo que, en algunas religiones, se promete una vida espléndida después de la muerte: calles empedradas en oro y ríos por los que corre, en abundancia, leche y miel.

Los que son electos para gobernar formalmente de manera periódica y visible, no están dispuestos a ceder el poder; pueden hacer concesiones. Lo han hecho en más de una ocasión.

Para el caso, en los países hegemónicos, se redujo la jornada laboral, se otorgó el derecho al voto a los analfabetos, a las mujeres y a grupos segregados (aunque fue usado también para sacar ventaja a través de la radio, la televisión y todos los medios de difusión y entrenamiento bajo su control que han ido apareciendo); permitieron la sindicalización, la inversión del Estado en áreas estratégicas; pagar el impuesto a la riqueza ya bien entrado el siglo XX.

No es que lo hayan hecho de buena gana. Fue, debemos recordarlo siempre, después del sacrificio de los obreros a través de las huelga y toma de fábricas (en los primeros tiempo de la Revolución Industrial), en ocasiones se llegó, como en París a  organizar una Comuna en 1871 y en varios lugares, las revueltas populares generalizadas o rebeliones armadas de clase que, en algunos casos, derivaron en Revoluciones.

Está claro, entonces, que los oligarcas juegan con el balón adelantado, con diez cuerpos de ventaja, si se tratara de una carrera de caballos.

Esto es así porque concentran la riqueza y concentran el poder de manera invisible. Se arropan en las Sociedades Anónimas; y, en consecuencia, son los dueños, en casi todas partes de la industria militar, la industria farmacéutica, la industria pesada, la industria de utensilios y equipos domésticos y de entretenimiento familiar.

Controlan la construcción, venta y alquiler de viviendas; controlan la generación de energía convencional y renovable; controlan la producción de alimentos, su industrialización y comercio; controlan la emisión, circulación y poder adquisitivo del dinero con el mito de la mano invisible del mercado; por tanto, controlan el empleo.

Sin ser dueños del espectro radioeléctrico, controlan la radio, la televisión, es decir, la Industria Comunicacional con su propaganda sistémica, entretenimiento audiovisual; controlan Internet y controlan la inteligencia artificial.

Controlan el tiempo y el pensamiento de la gran mayoría. Sin embargo, entre sí, no han podido controlar   sus compulsivos deseos de lucro.

Por eso hay algunos que están dispuestos a devolver más de lo que nos despojan a todos (con el nombre de ganancia o plusvalía) a través del impuesto a la riqueza.

Los que gobiernan a los que gobiernan, son, pues un pequeño grupo de oligarcas multimillonarios, en algunos casos son, aproximadamente, la cienmilésima parte de la población; y son invisibles en el quehacer político formal; pero son sus decisiones son tomadas con «premeditación, alevosía y ventaja, las que se imponen a través de sus testaferros intelectuales que, una veces son sus recomendados para ocupar cargos como Secretarios de Estado, Jueces de Supremas Cortes, etc.  

De ese modo, las decisiones convertidas en Ley y ejecutadas, finalmente, por los Gobiernos, son  contra la voluntad y el interés de la gran mayoría de ciudadanos.

El malestar de los sectores afectados (a veces el 80% de la población) se expresa, entonces, contra el Gobierno de turno. En tanto los que gobiernan a los que gobiernan comienzan a fabricar nuevos candidatos convenientes a sus intereses y, por lo general, a través de los medios de comunicación (de su propiedad), destruyen al gobernante que va de salida. Misión cumplida.

Surgen interrogantes:

¿Es democrático que una minoría, desde la opacidad de las Sociedades Anónimas, gobierne a los que gobiernan?

¿Resulta más conveniente tener Gobiernos de Partido Único, porque su decisiones no las toman los Oligarcas por anticipado?

¿Se podría experimentar un sistema de Gobierno en Occidente, en el que, los cargos públicos, se escojan por sorteo? ¿Debe ser norma y no una excepción  someter las grandes decisiones a través de la Consulta Popular siempre?

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