Europa blinda fronteras

La UE atraviesa graves problemas que no se resuelven en interés de los pueblos: la inmigración, una armonización social desechada por los grandes poderes económicos, las consecuencias del Brexit y el condicionamiento de las ayudas para superar las consecuencias de la pandemia.

Por Lidia Falcón*

Esta Unión Europea que constituye nuestro espacio territorial, nuestro club de países adelantados, los más ricos y desarrollados del planeta, donde se presume que se ha consolidado la democracia y se respetan los Derechos Humanos sin condiciones, se está reuniendo para llegar al acuerdo de que cada gobierno acoja a los emigrantes que considere convenientes.

Como ya sabemos, algunos de ellos, como los de Polonia, Hungría, Italia, no piensan hacerlo en ningún sentido. En Moria, una población de la isla de Lesbos, allí en la Grecia mítica, donde dicen que residió Safo, 13.000 personas, porque lo son, hombres, mujeres y niños, sobreviven en las ruinas de un miserable campamento incendiado, sin agua, sin comida, sin techo, y sin que nuestras poblaciones europeas, bien alimentadas y satisfechas se conmuevan.  

A Canarias arriban cada día barcas de todos los tamaños con decenas y centenares de hombres, mujeres y niños, que huyen de las guerras, la miseria, la persecución que las naciones europeas organizaron para lucrarse con sus materias primas y vendiendo a los habitantes como esclavos, durante dos siglos de ocupación colonial. Unas pateras se hunden el mar, convertido en la tumba más grande del mundo, otras son rescatadas por las fuerzas de seguridad españolas para ser internadas en los infames CIEs o devueltas a sus lugares de origen cuando pueden averiguarlos.  

Úrsula von der Leyen propone un acuerdo entre los 27 gobiernos que permitirá devolver a sus países a quien “no tiene derecho a estar en la UE”. Y yo pregunto, ¿y quién tiene derecho? ¿Y quién decide ese derecho? En esta España, forjada por emigrantes de todos los continentes, que se ha expandido invadiendo a otros, que ha enviado a cientos de miles de personas al exilio, de la que han tenido emigrar para poder comer otros tantos, ¿quién decide el que tiene derecho a estar en esta tierra?  

El documento que se discute, que consta de 10 propuestas legislativas, tiene tres claros objetivos: la vigilancia de la frontera exterior de la UE; intensificar la política de retornos y fijar de “forma urgente” un nuevo mecanismo de “solidaridad” que no contempla cuotas obligatorias. Ratificar, en definitiva, la Europa fortaleza que se defiende agresivamente de las invasiones extranjeras.  

El gobierno español no ha conseguido que se establezcan las cuotas de asilo entre todos los países que solicitaba, a la par que Grecia e Italia, que también son frontera con el continente africano. Y ahora la Comisión se propone contentar a los gobiernos más xenófobos y racistas de la Unión.  

La propuesta de acuerdo sobre la acogida de inmigrantes refuerza la Europa fortaleza 

Nuestra pertenencia no puede ponerse en cuestión 34 años después de haber sido admitida España, primero en el Mercado Común y más tarde al ser cofundadora de la Unión. Pero, ¿ciertamente esta alianza es tan beneficiosa para España? En 1992, cuando se planteó aprobar el Tratado de Maastricht, con el que se fundó la Unión Europea, publicamos en la revista del Partido Feminista Poder y Libertad un número especial, el 20, sobre “El Maastricht de las Mujeres”. En el editorial yo escribí:  

“Cuando en mayo de 1992, la mayoría de la población danesa votó en contra de aprobar el Tratado de Maastricht, una tormenta imprevisible y de violencia inusitada sacudió la Europa que creía haber alcanzado, al fin, la paz y la tranquilidad exclusiva, aislada del resto de los atormentados continentes. En Europa diríase que se cumplía la profecía de Fukuyama de haber alcanzado el Nirvana de los deseos y las necesidades cumplidas y encontrarse en el final de la historia…Sólo a raíz del no danés, un no pequeñito como el país que lo emitía, se desencadenaron todos los demonios del pánico, el desconcierto, los enfrentamientos, las reclamaciones entre los dirigentes de la, hasta entonces, aparentemente plácida Comunidad Europea y sus ciudadanos. El temor al no francés, un no grande y poderoso como su país, demostró que en esa igualitaria y democrática Europa seguían existiendo países de primera y de segunda clase, y sin ninguna duda, de tercera como puede comprobar la ciudadanía española.” Y, añado ahora, sobre todo la griega». “Desde aquel día maldito, los ciudadanos europeos hemos podido enterarnos de que la armonización social con la que nos encandilaron ha sido desechada, que la convergencia no significa más que buenas intenciones, de las que carecen la mayoría de los gobernantes, que el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda no firmarán los tratados de seguridad social en el empleo, que la supuesta Unión Europea está a punto de saltar por los aires después de que la lira y la libra hayan tenido que abandonar forzosamente el Sistema Monetario que regía ya para todos los países. Que Alemania, con sus 80 millones de habitantes es la mayor potencia económica del continente y domina, en votos, y en las imposiciones de su Banco estatal a sus restantes socios, sometidos a sus decisiones. Que el Reino Unido, que preside la Comunidad hasta el fin de 1992, es acerbamente criticado por todos los demás, que Dinamarca exige cambios importantes en el Tratado para poder convocar un nuevo referéndum en junio de 1993, y que España, Portugal, Irlanda y Grecia, los asociados pobres, piden insistente y vanamente, fondos de cohesión que no existen. Y que, de pronto, alarmados, los campesinos de Francia y los mineros y siderometalúrgicos de España se lanzan a las carreteras y los campos, sublevados contra los términos del Tratado que los hunde en la marginación y en el paro. Lo que no ha sido tan divulgado como corresponde a su papel subordinado en todos los países, es que entre todos los ciudadanos descontentos de esa organización europea las mujeres son mayoría. Que el voto negativo fue decidido por las danesas, que entre los millones de noes franceses, los de las francesas eran más, y que las irlandesas, en una proporción importante, hicieron una dura campaña para que el Tratado no fuera aprobado por su país.”?

¿Cómo enfrentará el Gobierno español el desafío del Brexit? 

Las españolas no, porque ni siquiera nos dejaron votar. El gobierno del PSOE huyó espantado de organizar otro referéndum después de la dura batalla del de la OTAN y aprobó el Tratado en el Congreso donde se puso de acuerdo con la derecha para ello.  

En el día de hoy ya hemos visto y vivido la ruina de Grecia, a pesar de que el gobierno de Alexis Tsipras, votado entusiásticamente por la población, prometió resolver la bancarrota en que estaba sumido el país o salir de la Unión. Los Estados que se han ido sumando a la Unión, como varios de la Europa del Este mantienen una postura irreconciliable con las normas democráticas y las demandas de las mujeres. Y para colmo de males el Reino Unido ha consumado su salida de la UE.  

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la Unión Europea en este año 2020, es el de asumir la salida del Reino Unido de la UE. Y resulta realmente cómico observar en qué cantidad utilizan las palabras “unido” y “unión” los que están continuamente enfrentados y deseando desunirse.  Ante este presente tan incierto estamos a la expectativa de cómo enfrentará el gobierno español el desafío del Brexit.

Cientos de miles de españoles viven en Gran Bretaña y cientos de miles de británicos viven en España; a ello hay que unir el drama nunca resuelto de Gibraltar y la situación económica y laboral de los trabajadores españoles que cada día cruzan la verja para ganarse algún salario.

Lo difícil va a ser cumplir las normas que nos imponen los altos dirigentes de la UE, en momentos en que la recesión ya ha asomado su rostro, el agro español se hunde ante las leoninas condiciones de las multinacionales de la alimentación y todos los sectores de producción están en decrecimiento, según la amable terminología económica del momento.  

En ese mismo número de Poder y Libertad, publicamos un artículo del economista Juan Francisco Martin Seco, que tituló “Maastricht como la anti Europa”. Suficientemente definitorio. En él explica como la izquierda se ha dejado embaucar por las supuestas ventajas que aportaba el acuerdo de Maastricht sin tener en cuenta las desventajas que se han visualizado finalmente en la reducción de carga fiscal de los contribuyentes de ingresos elevados, lo que originaría el incremento de los impuestos indirectos con el aumento del IVA y las disminuciones del gasto social.  

Ya hemos podido comprobar en nuestra propia experiencia que todas las predicciones que hicimos en 1992 no solo se han cumplido, sino que han aumentado a causa de la enorme incertidumbre y problemas acarreados por el Brexit.  Las cifras españolas actuales nos ofrecen un retrato claro y detallado de nuestra situación económica.  

El paro que a principios de año ascendía al 13,8% de la población activa con 3.254.000 personas que demandaban empleo, ha aumentado, según cifras no definitivas, al 15% con 4.000.000 de desempleados.

Las reformas laborales que han llevado a cabo los gobiernos del PSOE y del PP permiten a la patronal contratar trabajadores y trabajadoras por días y hasta por horas y despedirlos cuando están enfermos, con el beneplácito del Tribunal Supremo.

El trabajo eventual y a tiempo parcial es mayoritariamente femenino. Al empeorar las condiciones laborales los salarios han ido rebajándose en una competición continua con la precariedad que sufren los emigrantes. Y las más perjudicadas son las mujeres. El reparto de la riqueza en España es del 82% para los hombres y el 18% para las mujeres.  

Y ahora esa Europa que era nuestra salvación en tiempos de pandemia, que nos prometió una gran aportación económica a las exhaustas arcas del Estado español, pone condiciones para entregárnosla, entre las que se encuentran modificar seriamente el sistema de pensiones, mientras se niega a compartir la enorme carga que supone la tragedia de los miles de emigrantes y demandantes de asilo que acuden a nuestro territorio, convirtiéndose en la Europa fortaleza que se defiende hostilmente, desde las murallas almenadas, del asedio de miles de pobres gentes que, en la miseria y la desesperación, pretenden ser auxiliados por los países que antes los expoliaron. 

*Abogada, escritora, presidenta del Partido Feminista de España.

LIDIA FALCÓN RESEÑA
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