Bolivia elige su futuro mientras se balancea al borde del precipicio

A las tragedias que sufre Bolivia por la crisis global por el COVID-19, se suma un Gobierno corrupto, manipulador e indolente que cuenta con el respaldo de las cúpulas del Ejército y la Policía, y del Gobierno de EEUU, del que ha recibido la instrucción de promover el triunfo de Carlos Mesa en las elecciones del 18 de octubre de 2020.

Por María Luisa Ramos Urzagaste*

El ministro del Interior Arturo Murillo Pricjic, principal personaje del Gobierno de Jeanine Añez, fue a Washington a recibir instrucciones y el mandato es claro: deben hacer lo imposible para lograr el triunfo de Carlos Mesa, frente a un incuestionable liderazgo del candidato del MAS, Luis Alberto Arce Catacora. 

A 11 meses de la llegada de Añez al gobierno, el país ha retrocedido en términos sociales y económicos y a la vuelta de la esquina está la inflación, el incremento del desempleo y la pobreza. 

Los candidatos para las próximas elecciones se han dividido en dos bandos. Por un lado, el MAS liderado por Luis Arce Catacora y David Choquehuanca y al frente, todos los demás candidatos atacando esa candidatura. Eso muestra la claridad que tienen sobre la preferencia de los electores. 

Luis Alberto Arce Catacora, economista, reconocido como uno de los mejores ministros de Economía de la región, tiene a su favor el haber sido el forjador del modelo socioeconómico aplicado durante los 14 años del Gobierno de Evo Morales Ayma, que puso a Bolivia entre los países que más redujeron la pobreza en la región y con mayor crecimiento de manera sostenida. 

Hoy Bolivia ha caído en una profunda crisis, y lejos están esos datos socioeconómicos que los organismos internacionales tanto alababan. El país está gobernado por un puñado de gente cuyo partido no tuvo ni el 4% del electorado en 2014, que desfalca el país diariamente y amenaza con armas si no se hace su voluntad. 

Jeanine Añez, un error histórico 

Ella no eligió ser presidenta, la eligió un grupo liderado por la cúpula de la iglesia católica boliviana, partidos políticos minúsculos, la Embajada brasileña, representantes del MAS designados para el caso, y la Fundación Jubileo (que confirmó esos hechos), pero fundamentalmente fue apuntalada por la cúpula del Ejército y la Policía y sin duda tuvieron la garantía de EEUU.

No se debe olvidar que fue un militar quien le colocó la banda presidencial (hecho inaudito y antidemocrático), pues para tener a un títere de presidenta, era imprescindible impedir que ingresaran al Parlamento los diputados y senadores a sesionar según la norma, logrando de ese modo una supuesta «sucesión democrática». 

En todo este escenario, tampoco hay que borrar de la memoria el papel que jugó la senadora Eva Copa Murga en esa crisis de noviembre de 2019. Eva tampoco buscó ser presidenta del Senado, pero supo asumir valientemente su rol histórico, ante la renuncia de la entonces presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, y del presidente de Diputados, Víctor Borda.

No obstante las amenazas a su vida, el desamparo político y, peor aún, ante la resistencia de algunos líderes de su partido, el MAS, que inicialmente trataron de boicotear su labor, Eva Copa, como presidenta del Senado, supo reponerse y contribuir de manera fundamental al actual escenario de retoma del camino democrático de Bolivia.  

Así, mientras Bolivia arde políticamente, amplias zonas boscosas se queman ante la indolencia e ineptitud del Gobierno de Jeanine Añez quien ha amenazado con que no permitirá que el MAS vuelva a ser gobierno. Queda claro, llegaron al Gobierno no solo a desfalcar el país, sino también a impedir la voluntad del voto soberano de la gente.

Mientras tanto, Bolivia ya ha superado las 8.000 personas fallecidas por el COVID-19 y las exportaciones han disminuido a 4.217 millones de dólares hasta agosto, cifra menor en 1.680 millones de dólares a la registrada en el mismo período de 2019. 

El legado de Añez no solo es lamentable, pero ante todo vergonzoso, pues suman y siguen los escándalos de corrupción, la destrucción de la institucionalidad y las consecuencias ya se sienten en la economía del país. Las masacres de Sacaba y Senkata, donde fueron asesinados inocentes, también está en sus espaldas.

Los partidarios de Evo Morales en Senkata en noviembre de 2019.

Un dato no menos relevante del Gobierno de Añez, es que cuenta con tres ministros con raíces croatas, en áreas clave, entre ellos el ministro del Interior Murillo Prijic, la canciller Karen Longaric y el ministro de Economía y Finanzas Branco Marinkovic. Todos ellos fueron muy activos políticamente, aunque para llegar al Gobierno necesitaron de un error histórico, pues de otra manera no lo habrían logrado.

Uno de ellos, Branko Marinkovic, fue acusado de ser parte de los violentos acontecimientos en 2009, que además involucraron al ahora exministro Oscar Ortiz. El Gobierno de Evo Morales denunció un plan separatista, del cual tomaron parte células armadas lideradas por croatas y húngaros. El juicio recientemente fue archivado, casualmente, luego de la designación de Marinkovic como ministro. 

Las investigaciones del caso revelaron que un grupo irregular tenía por objetivo generar escenarios de conflictividad para una posible intervención extranjera y fragmentar Bolivia. Se supo que algunos políticos y empresarios financiaron compra de armas, explosivos, etc, al grupo subversivo liderado por el paramilitar boliviano-húngaro-croata Eduardo Rózsa Flores.

Por cierto, la candidata a diputada Canela Crespo indicó que los padres de Marinkovic habrían sido militantes de la Ustacha, organización aliada de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, cuyos militantes llegaron a Sudamérica con ayuda de la iglesia católica, que jugó un papel importante en las negociaciones con EEUU para que croatas ligados a Ustacha y nazis alemanes lleguen a Sudamérica con el compromiso de operar para la CIA. 

A todo esto, es interesante ahora saber que el candidato a vicepresidente de Carlos Mesa, Gustavo Pedraza, dijo que de ser gobierno les gustaría tener como ministros a personas como Branko Marinkovic, a quien dijo respetar pues sabe de su compromiso con el país y con Santa Cruz. Esto muestra que, en términos de programa político, nada diferenciaría a un posible Gobierno de Mesa del de Jeanine Añez. 

¿Cómo se llegó hasta aquí? 

Los errores de Evo Morales y su entorno contribuyeron al trágico escenario que vive hoy Bolivia. Evo no supo valorar y aquilatar que la fuerza del cambio que busca la gente se había arraigado tan profundamente, que, con él o sin él, la gente seguiría el camino iniciado el 18 de diciembre de 2005, cuando ganó con el 54%. 

El Gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera mimó a la cúpula del Ejército con medidas que a ningún otro sector le otorgó, como la dádiva de jubilaciones con 100% de su sueldo y creyeron con eso tener su fidelidad.

Se dejaron embriagar por la lisonja que le brindaban algunos generales, esos mismos que a decir del candidato de ultraderecha Luis Fernando Camacho, coordinaron con su padre para luego obligar a Evo Morales a renunciar

Asimismo, hubo garrafales errores de interpretación política de parte de Evo y su entorno y no midieron las consecuencias de acciones tales como el desconocer los resultados del referéndum de 2016 y la posterior habilitación de Evo para las elecciones de octubre de 2019, como lo reconoció el candidato a vicepresidente David Choquehuanca.

El ciudadano de a pie supo darse cuenta que esos hechos eran forzados y los escándalos de corrupción, como el caso del Fondo indígena, corroyeron la confianza política de los ciudadanos. Hechos que al final, paralizaron y vaciaron la voluntad de grandes masas de salir a la calle a defender a Evo, ante la arremetida sediciosa, violenta e inconstitucional de la Policía y el Ejército.

Valga no obstante decir aquí, que los días más duros de la represión, la gente salió a defender el símbolo plurinacional, la wiphala, que fue retirada y ofendida por la Policía y algunos líderes sediciosos. 

Evo como primer ciudadano, bajo la lupa de agencias de inteligencia extranjeras, de la oposición, pero fundamentalmente de los ciudadanos, que, sin ser militantes del MAS, confiaban en que conduciría al país por un buen derrotero, decepcionó a muchos cuando se supo de su supuesta paternidad y de sus relaciones de pareja (utilizadas muy bien por sus adversarios) o cuando hacía sus mal llamadas bromas machistas. 

Estos no son temas menores, pues la gente esperaba coherencia en la vida pública y privada, pero la inconsistencia era grande y la oposición tuvo los argumentos a la mano para desgastar su liderazgo. 

Entre el abismo y la recuperación 

Bolivia necesita conocer los detalles de cómo sucedió la escalada de renuncias y las razones, personales y políticas de los distintos cargos que ejercía el MAS tanto en el Gobierno como en el Parlamento los trágicos días del 10 y 11 de noviembre de 2019. Es una deuda con Bolivia y su historia.

Por ahora, Bolivia se debate entre caer al abismo del endeudamiento, el despilfarro que traerá mayor pobreza y dependencia, o reponerse y continuar el camino iniciado el 2006, de lucha contra la discriminación y la pobreza. 

El pueblo boliviano deberá elegir al Gobierno que evite una devaluación e inflación, que restablezca el aparato productivo, reduzca la pobreza, que renegocie la deuda externa, que incremente las reservas internacionales y eso solo lo hará un gobierno soberano sin genuflexión ante potencias o instituciones crediticias.

El soberano tendrá la palabra el 18 de octubre próximo, pero hay amenazas que hacen peligrar la limpieza de los comicios, porque son muchos los intereses en juego. 

*Sputnik

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