Brasil supera los cinco millones de casos de coronavirus con un riesgo de contagio todavía alto

El país presenta una tasa de incidencia de 2.364 casos por cada 100.000 habitante, una transmisión todavía muy alta.

Brasil ha superado los cinco millones de contagios por coronavirus COVID-19 después de registrar 31.553 nuevos positivos en las últimas 24 horas, mientras que, con 734 nuevos fallecidos, camina a las 150.000 muertes, según los datos facilitados por el Gobierno este miércoles.  

Según el último boletín del Ministerio de Salud, el gigante suramericano ya suma 5.000.694 casos confirmados y 148.228 muertes por el coronavirus, con lo que el país se ratifica como una de las naciones del mundo más impactadas por la pandemia.

La población ha abandonado, de forma general, el aislamiento social y asumido el virus como parte de su cotidianeidad, animada por el negacionismo del presidente Jair Bolsonaro y por los gobiernos regionales y locales, que siguen con sus planes de desescalada y predican la llegada de una vacuna a partir de diciembre.

«Aún estamos ante una tragedia y no veo que vaya a disminuir de forma abrupta, lo hará muy lentamente», ha afirmado a Efe Raquel Stucchi, infectóloga de la Universidad de Campinas y consultora de la Sociedad Brasileña de Infectología (SBI).

De acuerdo con el último informe de Imperial College, el índice de reproducción del patógeno subió ligeramente la semana pasada y ahora se encuentra en 0,99, a un paso de volver a una tasa de 1, cuando se considera que la pandemia está fuera de control.

La situación continúa estable en la mayoría de las regiones de la potencia suramericana con un promedio de muertes diarias en los últimos 14 días de 660 fallecidos, mientras que la media en contagios ronda los 26.840.

Una tasa de incidencia disparada desde hace meses

Brasil, con una población de 212 millones de habitantes, presenta una tasa de incidencia del coronavirus de 2.364 casos por cada 100.000 habitante, lo cual significa que la transmisión aún es muy alta en todo el territorio nacional. Además, es el segundo país del mundo con más muertes por COVID-19, detrás de Estados Unidos, y el tercero con más contagios en el mundo, después de India.

«Es un número absurdo de total descontrol de la pandemia y preocupa que se traduzca en una tasa de ocupación de camas de terapia intensiva muy grande», ha advertido Stucchi.

Ninguno de los 27 estados brasileños tiene un índice inferior a los 1.000 casos por cada 100.000 habitantes.

La media del país es una de las más altas de América, por detrás apenas de Panamá, Perú y Chile y por delante de Estados Unidos; y de Europa, solo superado por Andorra, de acuerdo con la Universidad John Hopkins.

«Es conforme a lo esperado por la flexibilización de las cuarentenas. Los comercios están abiertos, las calles y las playas llenas, sobre todos fines de semana y festivos, y es de esperar que el número de casos aumente», ha apuntado la infectóloga Umbeliana Barbosa, del Hospital Emílio Ribas de São Paulo.

Barbosa cree que esa alta incidencia también responde a que Brasil está diagnosticando de forma más precoz y ampliando su capacidad de realizar test.

No obstante, el dato llama la atención porque algunos países europeos, como España y Francia, con tasas de incidencia de alrededor de 1.800 y 1.100 por cada 100.00 habitantes, respectivamente, han comenzado a imponer de nuevo restricciones a la movilidad y al comercio.

Menos hospitales de campaña

Mientras, Brasil va en el sentido contrario e incluso muchos gobiernos regionales y locales ya desactivaron algunos de los hospitales de campaña que meses atrás ayudaron a evitar el colapso del sistema público de salud.

En la ciudad de São Paulo, la más populosa del país y que reporta cerca de 300.000 infectados y 13.000 fallecidos, no cuenta con ninguno de los tres hospitales de campaña que funcionaron durante los últimos meses y que atendieron a unos 11.000 pacientes en total.

Manaos, capital del estado de Amazonas (norte), que llegó a vivir el colapso de su sistema sanitario y funerario, desmontó el suyo a finales de junio, aunque la semana pasada su alcalde, Arthur Virgílio Neto, defendió adoptar el confinamiento total ante el repunte de casos.

En Río de Janeiro, el Gobierno regional planeó hasta la construcción de ocho, al final abrió solo cinco y bajo sospechas de corrupción, pero ya ha cerrado todos, y actualmente solo recibe pacientes en uno administrado por la Alcaldía.

En paralelo, la tasa de ocupación de camas de terapia intensiva para casos de COVID-19 ha aumentado en los últimos días hasta situarse por encima del 70 % en la ciudad de Río.

Rara es la situación en Ceará, cuyo Gobierno ha informado que los siete hospitales de campaña que montó seguirán en pie porque «la pandemia aún no acabó».

Las dos especialistas consultadas por Efe consideran que el cierre de los hospitales de campaña en esas y otras regiones del país está justificada porque la presión hospitalaria ha disminuido en algunas zonas y el coste de mantenimiento es muy alto como para tenerlos activos por si acaso se produce un repunte.

No obstante, Barbosa, que también es miembro del comité científico de la SBI, afirmó que es necesario tener encendidas todas «las señales de alerta». La situación «aún es preocupante», ha añadido.

RTVE

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