Las científicas se reivindican en los Nobel 2020: «Siempre hemos estado en la ciencia, pero no se nos ha visibilizado»

Instituciones y personas expertas subrayan la importancia de tener referentes para desarrollar cualquier actividad.

La historia de los Nobel es el reflejo de un escaso reconocimiento a las mujeres, que han conseguido 54 premios de 925.

No estamos acostumbrados a ver mujeres recoger un premio Nobel. Las cifras hablan por sí solas: Desde 1901 lo han ganado 871 hombres y tan sólo 54 mujeres y la mayoría han sido Nobel de Literatura o de la Paz. Y al premio literario este año se unen -de momento- los de Química y Física, algo verdaderamente excepcional. Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna ocupan el sexto y séptimo lugar en la corta lista de mujeres reconocidas en el campo de la química. Andrea Ghez es sólo la cuarta en ganar el de Física, con su premio compartido con otros dos investigadores por sus hallazgos sobre los agujeros negros.

Curiosamente, hay categorías no científicas que han sido aún más escasas en los reconocimientos a las mujeres. El Nobel de Economía sólo ha correspondido en su historia dos veces a mujeres y las dos recientemente, en 2009 y 2019. La primera fue la estadounidense Elinor Ostrom, por sus trabajos sobre gestión de recursos naturales de manera sostenible; la segunda vez recayó en la francesa Esther Duflo por otro tema hasta cierto punto alternativo, sus enfoques para aliviar la pobreza global. Duflo también había conseguido el Princesa de Asturias en 2015

«Siempre es una buena noticia la concesión de premios Nobel o Princesa de Asturias a mujeres, algo que escasea. Eso las visibiliza, hace que las niñas se fijen en ellas y piensen en la ciencia como algo que puede interesar y con la que se pueden comprometer», afirma Eulalia Pérez Sedeño, investigadora en Ciencia, Tecnología y Género del CSIC.

Visibilizar referentes femeninos en ciencia

Para la investigadora del CSIC Matilde Cañelles, hay otro factor especialmente ilusionante en los premios de este año. «Las ganadoras del Nobel de Química son mujeres que colaboraban entre ellas y han firmado publicaciones conjuntas. Eso es muy raro en los premios compartidos por hombres, que suelen ser investigaciones competidoras. Es un ejemplo de que las mujeres podemos y debemos colaborar, estamos más habituadas a ello que a competir y nos da buenos resultados», afirma a RTVE esta inmunóloga que en la actualidad trabaja en el Instituto de Filosofía y se centra en la divulgación.

Las instituciones nacionales y especializadas se esfuerzan por elevar la proporción de chicas en las llamadas carreras STEM, ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas, conscientes de que los estereotipos y los sesgos sexistas frenan a muchas y se pierde talento. En España suponen sólo el 28% de las matrículas en carreras STEM, solo ligeramente por debajo del 31% de media en los países de la OCDE. Se insiste en que visibilizar referentes femeninos en ciencia puede ayudar.

«Las mujeres han estado invisibilizadas a lo largo de la historia en todos los ámbitos, especialmente en la ciencia y la tecnología, por muchos factores, pero principalmente por los esterotipos de género», subraya Eulalia Pérez Sedeño.

«Los estereotipos de género afectan la percepción que las personas tienen de sus habilidades y a la decisión que toman sobre sus carreras. Uno de estos estereotipos es que las niñas y mujeres no tienen capacidad para dedicarse a la ciencia, a pesar de que hace años que está demostrado que eso no es cierto. Pero eso echa atrás a muchas niñas a la hora de elegir una carrera científica. Además, la presencia de mujeres científicas (en libros de texto, medios de comunicación, etc.) es muy escasa. Eso se traduce en que muchas niñas no tienen modelos de referencia en los que fijarse, mujeres cuya conducta, carrera o logros puedan imitar o emular. Si no pueden compararse con un grupo de referencia que tenga un papel social al que puedan aspirar, las niñas no optarán por estas carreras», explica.

Las mujeres en la ciencia no son excepciones

«Siempre hemos estado ahí, en todos los ámbitos del saber, también en la ciencia, las matemáticas, el pensamiento abstracto. No se pueden cambiar los modos de vida si no se visibiliza esa realidad: Esas mujeres no son excepciones, no deben verse como casos puntuales. Hay muchas mujeres que han luchado pero no se las ha visto, porque el foco no se ha puesto en ellas y han pasado desapercibidas», afirma la filósofa feminista Alicia Miyares, que subraya que cualquier medio es bueno para ayudar a esa visibilización y recuerda que en todos los procesos civilizatorios ha habido mujeres.

«Yo no recuerdo haber tenido referentes femeninos cuando me decidí a estudiar biología o cuando comencé en inmunología. En cambio, cuando comencé en Estados Unidos pude trabajar con dos grandes investigadoras y eso fue fundamental. Es importante podernos identificar con alguien. Ellen Robey y B.J. Fowlkes me enseñaron muchas cosas, también a enfrentarme a los problemas específicos con los que me iba a encontrar», admite Cañelles que alude al llamado «mentoring» como un factor importante que ella misma ejerce ahora con alumnas jóvenes. 

Tampoco recuerda haber tenido referentes femeninos María Ángela Nieto, bioquímica y bióloga molecular del Instituto de Neurociencias de Alicante, que sí subraya el apoyo de su familia a su inclinación: «Mi padre traía a casa rigurosamente todos los números de Investigación y Ciencia. Creo que todo me viene de esto y de una profesora que tuve justo antes de entrar en la Universidad y que me hizo decantarme por la biología molecular y la genética. Una vez en la carrera científica ha habido y hay muchas mujeres inspiradoras e inolvidables. Y hombres, por supuesto». 

Un mundo todavía a la medida de los varones

Los estudios son un campo en el que chicos y chicas compiten por igual, pero terminados los niveles académicos, muchas científicas continúan constatando que el mundo de la investigación sigue cortado a la medida de los varones. Además de los sesgos más o menos inconscientes que afectan a la concesión de becas, trabajos o responsabilidades, la maternidad penaliza también a las mujeres de ciencia y estamos hablando de los años más importantes para la carrera profesional.

«Es muy difícil para una mujer conseguir su propio laboratorio o encabezar investigaciones, pero más complicado aún es lograr el nivel de trabajo que se requiere para mantenerlos, publicar con los estándares requeridos, etc. cuando tienes hijos pequeños, porque hay que entregarse 24 horas al día», afirma Matilde Cañelles.

La investigadora evoca un proyecto que se puso en marcha hace unos 15 años en Harvard y que ha dado muy buenos resultados: «Normalmente el problema es que hay pocos medios y la carga de trabajo es excesiva. Allí, cuando se le da a una mujer un laboratorio, una investigación nueva, se le dota de financiación que puede distribuir como le parezca más útil».

«La brecha salarial y los prejuicios, aunque ocurran de forma inconsciente, son inaceptables. Y la conciliación familiar, con responsabilidad compartida, irrenunciable», afirma contundente María Ángela Nieto. Lo que reclama es igualdad de oportunidades real: «No queremos ser como los hombres, queremos aportar nuestras capacidades y nuestra visión y ser apreciadas de igual forma a igualdad de méritos. Estamos en un mundo de tecnología, inteligencia artificial y «big data», donde se prevé que un porcentaje altísimo de los futuros puestos de trabajo aparezcan en las disciplinas STEM. Por eso es más importante que nunca fomentar esas vocaciones en las niñas, para evitar un futuro aún más masculinizado. No nos podemos perder ni el talento ni el talante de las mujeres en ninguna actividad humana». 

RTVE

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