Por qué miles de mujeres están desapareciendo en Perú y la odisea de buscarlas

Solo entre enero y septiembre de 2020, más de 4.000 mujeres y niñas fueron reportadas como desaparecidas en Perú. La cifra podría ser incluso mayor por la ausencia de un sistema estatal de búsqueda, dijo a Sputnik Katherine Soto, integrante de Mujeres Desaparecidas Perú, una organización que lucha por enmendar las falencias estatales.

Por Sergio Pintado*

A comienzos de octubre, la Defensoría del Pueblo de Perú lanzó el estremecedor dato de que la cantidad de mujeres, niñas y adolescentes peruanas desaparecidas entre enero y septiembre de 2020 ya había superado las 4.000.

La cifra, revelada por la entidad pública encargada de escrutar al Poder Ejecutivo en Perú, se descompone en 1.158 adultas y 2.894 niñas y adolescentes reportadas como desaparecidas por sus familias o allegados. El caudal de desapariciones representa, a su vez, un promedio de más de una mujer desaparecida cada dos horas.

El informe indica además que, hasta el 1 de septiembre, Perú había registrado 100 feminicidios, 153 tentativas y 45 muertes violentas de mujeres.

Y si bien los datos aportados por la Defensoría son una referencia útil para conocer la magnitud del problema que afecta a la sociedad peruana, podría estar incluso incompleto, dado que el país adolece de mecanismos efectivos para registrar las denuncias de mujeres desaparecidas. Ese es uno de los principales reclamos de organizaciones como Mujeres Desaparecidas Perú, un colectivo que desde 2017 se dedica a asistir a las familias que buscan a jóvenes y mujeres que faltan de sus hogares.

«Si bien la información de la Defensoría se hace en base a las notas de alerta que ha recogido, aun así no hay un panorama total de la problemática, hay un subregistro», dijo a Sputnik Katherine Soto, una de las integrantes de la organización.

Soto explicó que esas «notas de alerta» son los reportes que elaboran los efectivos policiales que recepcionan las denuncias de las familias de las mujeres desaparecidas en cada comisaría. El documento contiene una fotografía de la ausente, sus datos personales y las últimas informaciones que la familia tiene de ella.

El problema radica en que, según indicó Soto, «no hay un sistema de interoperabilidad» entre las diferentes reparticiones estatales de Perú, por lo que muchas veces la información sobre cuántas de las mujeres buscadas han aparecido o en qué condiciones fueron encontradas, hace más difícil la realización de búsquedas efectivas.

Si bien existe, desde 2018, un sitio web denominado Te Estamos Buscando, en el que se incluyen algunas denuncias, se trata de una plataforma dedicada exclusivamente a niños y niñas y no a mujeres. Soto afirmó que incluso, «a veces nos escriben mujeres diciendo que su hija menor de edad está desaparecida, la buscamos y no está registrada» en la plataforma.

«Ni el mismo Estado sabe cuántas mujeres están desaparecidas porque no se articula entre las comisarías», afirmó Soto.

¿Por qué desaparecen mujeres y niñas en Perú?

El trabajo de seguimiento que Mujeres Desaparecidas Perú hace de los casos de mujeres ausentes en el país le permitió identificar tres grandes causas o circunstancias en las que se dan las desapariciones.

Según Soto, el factor «más recurrente» es la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral, tanto de mujeres adultas como de menores de edad.

En un segundo lugar, indicó, aparecen los casos en que adolescentes y niñas, particularmente de 12 y 13, son captadas por adultos que las manipulan para que abandonen sus hogares. Soto explicó que en este tipo de casos puede no haber fines de explotación, sino que las víctimas «son, entre comillas, ‘enamoradas’ por sujetos de treinta años, por ejemplo». Muchas de estas jóvenes incluso deciden salirse de sus hogares ante situaciones de violencia que ya viven dentro de sus propias familias.

La vocera de la organización puso como tercera causa de las desapariciones a los feminicidios, ya que en muchos casos los cuerpos de las víctimas no son hallados hasta meses o años después de cometidos los crímenes, haciendo que sean reportadas como ausentes durante ese lapso.

«Lo que hemos encontrado es que en la mayoría de estos casos los agresores han estado dentro de sus mismos vínculos familiares o de pareja», apuntó Soto, recordando dos casos recientes de mujeres ausentes que finalmente fueron encontradas enterradas dentro de sus propios domicilios. En uno de los casos, el asesinato de Marleny Estrada en julio de 2020, la pareja y principal sospechoso del crimen llegó a participar de la búsqueda de la mujer antes de fugarse con los dos hijos de la pareja.

La variable geográfica también incide en la desaparición de mujeres. Si bien la capital, Lima, es la que concentra mayor cantidad de casos, la organización identificó situaciones preocupantes en departamentos alejados como Piura (norte) y Madre de Dios (este), donde mujeres suelen ser captadas por organizaciones de trata de personas en contextos vinculados con la «minería ilegal». El caso de la boxeadora Aymee Pillaca, desaparecida desde marzo de 2016, es un ejemplo claro de eso: viajó a Puerto Maldonado, ciudad en Madre de Dios, para trabajar como mesera y su familia no volvió a verla.

Las redes sociales, un arma de doble filo

Para la labor de Mujeres Desaparecidas Perú, las herramientas digitales y las redes sociales son un arma fundamental a la hora de mejorar las posibilidades de encontrar a una mujer o niña desaparecida. Ante la falta de instancias institucionales efectivas para la búsqueda, la organización asesora a la familia de la desaparecida y promueve su búsqueda a través de campañas en redes.

«Cuando nos escriben les pedimos que nos manden la nota de alerta, una fotografía del rostro y una de cuerpo entero, si es que tienen», explicó Soto.

El colectivo también asesora a las familias sobre cómo debe tratar con la Policía, especialmente cuando no saben qué actitud deberían esperar de los agentes. «Las familias no saben cada cuánto tiempo tienen que acudir a la comisaría y que es un trámite inmediato, porque muchas veces cuando van les dicen que regresen en 48 horas y ese es un argumento que no responde a ningún protocolo», explicó Soto.

Además de promover las búsquedas a través de internet, la organización se preocupa por «contar historias más allá de las cifras» de esas mujeres que desaparecen, buscando poder generar conciencia en la ciudadanía y evitar que «desaparezcan dos veces, porque las desaparecen cuando son extraídas de sus hogares y después cuando no son buscadas por el Estado».

Esta política puede tener su costado negativo cuando, al ser encontradas vivas, las mujeres, niñas o adolescentes deben enfrentar comentarios negativos en redes sociales de las propias personas que antes las buscaban o, directamente, quedar expuestas de forma peligrosa ante posibles nuevos agresores.

«Cuando se ubica a una mujer no damos mayor información sobre lo que ha pasado porque eso es revictimizante para la familia y para la mujer y de hecho la pone en riesgo», acotó Soto. La integrante de la organización criticó que el portal estatal Te Estamos Buscando suele informar los datos de las niñas cuando son encontradas, algo que puede volver a la víctima nuevamente vulnerable ante organizaciones de trata de personas.

«Nosotros, cuando se ubica a alguien, retiramos su fotografía y decimos que obviamente el tratamiento siguiente es materia de investigación judicial porque es un tema interno de la familia. Agradecemos la solidaridad pero es necesario que la gente entienda esas cosas», subrayó.

Lo que falta, las promesas incumplidas y la Ley Solsiret

En consonancia con las cifras de la Defensoría del Pueblo, las integrantes de Mujeres Desaparecidas Perú aseguran que la pandemia de COVID-19 incrementó el riesgo de sufrir violencia de las mujeres peruanas. «Hay una doble emergencia: una hacia afuera por no contagiarse y otra hacia adentro de los hogares por esa violencia tan naturalizada», apuntó Soto.

Por esa razón, la organización reclama con urgencia que el Gobierno peruano ponga en práctica las disposiciones de la ley 28.022, una norma aprobada en el año 2003 para crear el Registro Nacional de Información de Personas Desaparecidas. Diecisiete años después de la aprobación de la ley, Soto remarcó que la norma «no ha sido implementada».

«Nos hacen falta muchas cosas, por no decir todo», ilustró la integrante de la organización.

Soto explicó que, si bien puede hacerse un relevamiento de las notas de alerta, la falta de datos impide a las organizaciones y al Estado peruano hacer comparaciones o análisis estadísticos de las desapariciones de mujeres, niñas y adolescentes.

Para Mujeres Desaparecidas Perú es imperioso que el país sudamericano ponga en práctica un Sistema Nacional de Búsqueda que articule el registro de mujeres desaparecidas, un portal web, la línea telefónica 114 para recibir denuncias de desapariciones y un sistema de «mensajería de alerta temprana» como el que el país ya utiliza para notificar riesgo de sismos. Soto indicó que estas cuatro medidas habían sido prometidas por el Gobierno peruano para este año, aunque hasta el momento siguen sin implementarse.

Otra de las medidas reclamadas por la organización es que las empresas telefónicas de Perú tengan un plazo de entre 24 y 48 horas para aportar los registros telefónicos de una mujer desaparecida, una vez que esta información es solicitada por la Justicia. Según Soto, «hay familias que pasan meses esperando esas respuestas» cuando informaciones sobre las últimas llamadas de la desaparecida o las últimas antenas que la captaron pueden ser clave para una investigación.

Precisamente, la información de las llamadas telefónicas y mensajes de texto fue crucial para hallar el cuerpo de Solsiret Rodríguez, una joven activista por los derechos de las mujeres que desapareció en agosto de 2016 y cuyo cuerpo fue encontrado recién en febrero de 2020, descuartizado y dentro de la casa de una pareja de jóvenes que quedaron detenidos.

En homenaje al compromiso de la víctima, Mujeres Desaparecidas Perú decidió bautizar como ‘Ley Solsiret’ un proyecto de ley presentado ante el Congreso de Perú con varias de las medidas que proponen para mejorar la búsqueda de mujeres desaparecidas.

Además de imponer multas económicas a las telefónicas que no colaboren con la investigación, el proyecto también propone la creación de un banco genético con los registros de las mujeres desaparecidas. Según Soto, esto es necesario debido a que «después de que fallece el familiar que estuvo buscando a una desaparecida, nadie más la busca».

En efecto, la vocera de la organización explicó que la Justicia peruana suele cerrar los casos de mujeres desaparecidas si no hay familiares insistiendo en busca de avances. «Si archivan el caso es una mujer que es borrada de la historia, nadie más la vuelve a buscar», graficó.

Un registro genético de los familiares de desaparecidos podría servir para poder comparar ADN en caso de nuevos hallazgos. También serviría para poder identificar a personas que desaparecieron siendo niñas y cuya fisionomía puede haberse vuelto irreconocible a simple vista.

*Sputnik

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