La memoria de la tierra: 20 años de la primera exhumación de una fosa del franquismo

Emilio Silva relata la historia de su abuelo, asesinado en octubre de 1936 en Priaranza del Bierzo (León).

Sus restos, junto a los de otras 12 víctimas, se recuperaron 64 años después en una cuneta.

El 21 de octubre del año 2000, Emilio Silva Barrera constató algo que antes no sabía, que la tierra tiene su propia memoria. «Una vez que ha sido removida, tarda 150 años en estar como si no la hubieran removido». Ese día, antes sus ojos y su corazón, Emilio dice que se produjo la primera exhumación de víctimas del franquismo hecha científicamente. “En los años 70 y, esporádicamente, en los años 80 había familiares que habían exhumado fosas con amor, una azada, un pico y una pala y sin buscar la identidad, tratando de llevar los restos a un cementerio».

Es el recuerdo, justo 20 años después, de uno de los protagonistas de esa recuperación de los cuerpos enterrados en la fosa de Priaranza del Bierzo. Su abuelo es uno de ‘Los Trece de Priaranza del Bierzo’, enterrados en una fosa sin identificar en esa localidad de la provincia de León en octubre de 1936. Ahora, con el testimonio de los hijos, ya fallecidos, y de su nieto recuperamos la historia de la vida y de la muerte de Emilio Silva Faba y la historia, también, de como se recobraron sus restos.

“Contestar al señor del castillo le puso en evidencia”

Emilio nació en Pereje, en el Bierzo, en 1892. Muy joven emigra primero a Argentina y luego a Estados Unidos. Mediada la década de los 20, vuelve a España para vender unas tierras y poder así montar una tienda de productos españoles en Nueva York. Pero al regresar a su tierra, encuentra a Modesta y decide quedarse aquí. «Era el amor de su vida y él, el amor de la vida de ella», recordaba en una grabación doméstica su hijo (también Emilio) ya fallecido.

Cuando se proclama la República, Emilio Silva Faba simpatiza con Manuel Azaña. No tiene una gran actividad política, aunque sí que es interventor del partido de Azaña, de Izquierda Republicana. Replica en ‘La Parroquial Berciana’ a un aristócrata que había publicado en la misma hoja un opúsculo titulado ‘Igualdad, ¿para qué?’. Utiliza «un lenguaje cervantino en la réplica, lleno de ironía con argumentos del Nuevo Testamento para hablar del amor al prójimo», dice su nieto Silva Barrera, que explica que «contestar al señor del castillo, le había puesto en evidencia».

Las amenazas de Falange

Desde el mismo día de la sublevación, en julio del 36, comienzan los problemas. A Emilio le quieren detener para llevarlo al leonés Hostal de San Marcos, convertido entonces en campo de concentración, pero intercede una vecina, «muy de derechas», cuenta el nieto de la víctima. A partir de ese momento, comienza a recibir requerimientos conminatorios para que ayude al sostenimiento de las milicias de Falange. A veces, decía su hijo, le pedían cosas del almacén de su tienda, otras directamente dinero.

En octubre de 1936, «bien porque se le había acabado el dinero o porque se tomó una decisión más drástica», asegura su nieto, lo llaman al Ayuntamiento, donde acude acompañado por su hijo Ramón, que entonces tenía siete años. El ya fallecido Ramón lo recordaba hace unos años. “Tras esperar un rato me dijeron que mi padre quedaba detenido y se lo fui a contar a mi madre». Por la tarde, Modesta va con otro de sus hijos, Manolo, a llevar comida a su marido. No la dejan pasar, pero sí al niño, al que su padre mete en el bolsillo, discretamente, un anillo familiar y un reloj de oro. Ya no volverán a ver a su marido y padre.

El 16 de octubre de 1936, «los pistoleros de la Falange», dice Emilio Silva Barrera, meten en un camión a 13 personas que cogen del Ayuntamiento de Villafranca del Bierzo. Luego, meten a otras dos. Cuando el camión va a llegar a Priaranza, dos de los apresados dicen que van a tratar de escapar. A uno de ellos, mal calzado, Emilio Silva Faba le ofrece sus zapatos para que pueda correr más. Cuando saltan, atruena una ráfaga de disparos. Uno de los que trata de fugarse, es abatido. El otro consigue escapar. Los otros trece que permanecían en el camión son asesinados. Los pistoleros, dice Emilio Silva Barrera, «cogen a tres chavales de izquierda para darles un escarmiento y les obligan a cavar la fosa. A uno de ellos, Francisco Cubero, llego a conocerlo más de 60 años después y me encamina a la tumba, pero las referencias espaciales, han cambiado.»

“Yo sé dónde está la fosa de tu abuelo”

Otra de las personas clave para el hallazgo de la fosa es Arsenio Marcos. Su hermano había tratado de curar al hombre que escapó del camión. Un domingo de marzo de 2000 y tras una serie de casualidades le dice a Emilio: «Yo sé dónde está la fosa de tu abuelo». Allí van y al lado mismo de donde se supone que está el enterramiento, Emilio llama a su padre y le dice que está «encima de la fosa del abuelo» y deciden tratar de recuperar sus restos. A partir de ahí, comienzan una serie de peripecias burocráticas desconocidas para la familia y también para las instituciones. El impulso definitivo llega al publicar Emilio un artículo en La Crónica de León. Varias personas se interesan porque están en una situación parecida o porque quieren colaborar.

Labores de exhumación de la fosa de Priaranza.

En octubre comienzan los trabajos con un equipo técnico en el que están, entre otros, el médico y antropólogo Francisco Etxeberría y la arqueóloga Lourdes Herrasti: Ella recuerda que «una persona con gafas oscuras, chillando a grito pelado, se arrimó a la fosa y dijo: Dejad a los muertos en paz. En realidad, quería decir dejad todo el pasado en paz para que nadie pudiera recuperar el pasado que se había intentado ocultar». Los trabajos dan su fruto el 21 de octubre de 2000. Emilio Silva, el nieto, recuerda que el operario que manejaba la excavadora dijo «aquí hay algo» y extrajo una bota. El primero de los restos de «los trece de Priaranza. El mismo Emilio dice que la «memoria de la tierra» que les ha congregado ha facilitado encuentros entre familiares de las víctimas.

10.000 restos recuperados en 20 años

De esas conversaciones al lado de la fosa surge la idea de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Primero como algo local, nada de operación política, insiste Emilio Silva. Algo casi familiar. Y luego con una difusión universal. Con la asociación han colaborado 1.000 voluntarios de 20 nacionalidades distintas, como el japonés Toru Arakawa que se vino al Bierzo, sin más aviso para ayudar cuando se jubiló. Desde ese octubre del 2000 se han recuperado los restos de 10.000 personas.

Emilio (a la derecha) y su hermano Ramón descubren la placa colocada en la fosa de «Los trece de Priaranza». 

El recién aprobado anteproyecto de Ley de Memoria Democrática dice que la identificación de las víctimas en las fosas será asumida por el Estado para que las familias que lo deseen puedan recuperar sus restos. Se harán un censo y un banco de ADN con presupuestos a cuatro años.Fernando Martínez, el secretario de Estado de Memoria, espera que se recuperen los restos de entre 20.000 y 25.000 personas al final del cuatrienio, incluyendo los de las 10.000 ya citadas.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que se abra pronto la Oficina de Atención a las Víctimas. En cualquier caso, seguirán manteniendo una conversación abierta, en la memoria de la tierra y de los corazones, hace 20 años en Priaranza del Bierzo. Porque, dice Emilio Silva Berrera, el nieto de Emilio y Presidente de la Asociación, «una exhumación es una enorme conversación. Hablan los muertos que, a través de sus orificios de bala, nos están contando quienes eran y qué les hicieron. Hablan los familiares que están expresando su dolor, su miedo, lo que han pasado durante años no pudiendo hablar con normalidad de sus familias. Hablan los técnicos que van encontrando cosas. Hablan vecinos que a veces nos llevan a otras fosas. Se hace un duelo. Los amigos abrazan y acompañan».

RTVE

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