Migración: el otro muro que separa a EEUU de México en los comicios presidenciales

En la campaña por la elección presidencial en EEUU, la crisis migratoria ha sido relegada a un segundo plano debido al estallido de la pandemia; pero sigue presente en expresiones peyorativas contra los indocumentados y la construcción de un muro fronterizo que impulsa el presidente Donald Trump.

Por Víctor Flores García*

Aunque ni el covid-19, ni el muro, parecen suficientes para detener la migración.

«Desde el comenzar la pandemia, en nuestro albergue se mantuvo un flujo constante; hablamos de entre 30 a 40 personas por semana», dijo a Sputnik el sacerdote católico Aristero Olvera, quien coordina un albergue para migrantes en San Pedrito Peñuelas, un poblado del estado mexicano de Querétaro (centro).

Hace cuatro años, Trump logró capitalizar la desconfianza que la migración genera en algunos sectores de la población estadounidense, calificando a los migrantes mexicanos y centroamericanos como una amenaza para la estabilidad de EEUU.

Prometió entonces construir un muro infranqueable como solución al éxodo, capaz de «frenar la invasión de migrantes», a quienes calificó como delincuentes, a lo largo de los casi 3.200 kilómetros de frontera terrestre que separan a su país de México.

Antes de la llegada de Trump al poder, en noviembre de 2016, en ese extenso y apabullante territorio desértico ya existían algún tipo de barreras físicas a lo largo de unos mil kilómetros, que penetran como una espada hasta las playas y las costas comunes del Pacífico, en la emblemática Tijuana.

MURO POR PARTES

Para convencer a su electorado, Trump asegura que ha construido unos 550 kilómetros adicionales; y en las últimas semanas ha logrado avanzar a un ritmo de hasta 3,5 kilómetros diarios, según cifras de la Casa Blanca.

Aunque el magnate republicano se ha comprometido a entregar la totalidad del muro antes de los comicios del 3 de noviembre, en los que busca la reelección, salvo un milagroso esfuerzo de última hora, parece que no lo lograría.

Entre tanto, miles de migrantes siguen partiendo desde Honduras y Guatemala, buscando cruzar la frontera con México y hacer el cruce hasta Estados Unidos, en una travesía que supone, en promedio, 20 días de viaje.

Según datos de la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes (Redodem), contenidos en un documento divulgado algunos días atrás, el flujo de migrantes creció 27 por ciento en el último año, incluso pese a la pandemia.

La red cuenta con 25 centros de apoyo, distribuidos en 13 de los 32 estados mexicanos, aunque algunos de estos albergues transitorios se han visto obligados a cerrar total o parcialmente sus puertas debido a la contingencia sanitaria.

En San Pedrito Peñuelas, cuenta el padre Olvera, se optó por mantener las puertas abiertas.

«Eso sí, adoptando todos los protocolos de sanidad para poder atenderlos; a cada persona le tomamos la temperatura y checamos si no tienen ningún síntoma», dice el religioso a esta agencia.

Como ocurre con la mayoría de los albergues en la ruta migrante hacia EEUU, hace falta un número suficientes de tapabocas, gel antibacterial, alcohol y productos de aseo, así como alimentos no perecederos para brindar a los migrantes.

CONCILIAR CON EEUU

En su documento, la red insistió en pedir al Gobierno mexicano no ceder a las presiones de Trump.

México debe «enfocar sus esfuerzos hacia la construcción formal y material de una política migratoria congruente teniendo como centro a las personas y con un enfoque en la promoción, respeto, protección y garantía de los derechos humanos para las personas en situación de movilidad», plantearon los defensores de migrantes.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se define como un líder «liberal» en clave del siglo XIX, o de izquierda nacionalista del siglo XX, pero ha mantenido un tono conciliador hacia Trump y su gobierno: «somos amigos», afirma.

En julio pasado rompió incluso su costumbre de no viajar al exterior y se dirigió a Washington, para la puesta en marcha del nuevo tratado de libre comercio de México, EEUU y Canadá (T-MEC), que fue modificado a instancias de Trump, con ideas proteccionistas, después de 26 años.

Estaban en juego unos 360.000 millones de dólares, que constituyen casi 80 por ciento de las exportaciones mexicanas.

El tono conciliador de López Obrador contrasta con el énfasis beligerante con que encara a su oposición interna, a la que la tacha de un tajo como «derecha conservadora neoliberal».

Hace una semana, cuando se anunció una nueva caravana de unas 2.500 personas que salían desde Honduras, el presidente mexicano reforzó las medidas de control fronterizas con 27.000 hombres de la Guardia Nacional, fuerza originalmente creada para combatir el narcotráfico y el crimen.

Ante la nueva caravana, López Obrador insinuó que estaba vinculada como provocación a la campaña electoral en EEUU.

«No tengo todos los elementos, pero hay indicios de que esto se armó con ese propósito, no sé en beneficio de quién, (…) no nos estamos chupando el dedo», lanzó el mandatario en su tono coloquial.

Las titánicas travesías de migrantes se reactivaron tras la pausa forzada por la contingencia sanitaria del covid-19: unas 40.000 personas que cada mes intentan cruzar la frontera mexicana rumbo a EEUU.

*Sputnik

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