A la deriva

Hace ya algún tiempo que los medios de comunicación públicos catalanes van a la deriva, se dejan llevar por la corriente, y esa corriente es la que gobierna el “Deep State” desde la capital del reino y que los administradores catalanes (con una prudencia que los delata) aceptan solícitos sin rechistar. Será para fomentar el “diálogo” o “eixamplar la base”.

Por Alfonso Durán Pich*

*https://www.alfdurancorner.com/

En la actualidad lo tienen mal, pero que muy mal, los ciudadanos catalanes que quieran tener una información independiente, rigurosa y actualizada sobre la realidad económica, política y social de su país. Hace ya años que abandonaron la basura mediática procedente de Madrid (tanto la pública –TVE, radio Nacional, 24 horas, etc.– como la privada –Telecinco y asociadas, Antena 3 y familia, Onda Cero, la Cope, la Ser, la Trece, etc.-), y se refugiaron en lo que quedaba en casa: la radio y televisión públicas catalanas y las radios privadas también catalanas. Pero el deterioro del primer bloque ha sido progresivo.

¿Qué le pasa a TV3? ¿O es que sus dirigentes todavía están pagando las hipotecas y quieren asegurar sus ingresos, no sea que se enfade la autoridad competente? Ya es un disparate que los partidos políticos impongan cuotas en los períodos pre-electorales, pero ¿a qué viene una entrevista con el señor Carrizosa o con la señora Albiach en este momento, o es que tienen un proyecto tan novedoso que justifica la toma de un espacio público? ¿Cómo pueden entrevistar a fondo al presidente de una organización como Sociedad Civil Catalana (que de “civil” y “catalana” no tiene nada), cuyos miembros no llenan un cine de barrio, y no hacerlo –como mínimo al mismo nivel- con el máximo representante de Òmnium Cultural o de la ANC, que sí son sociedades civiles y representan conjuntamente a un cuarto de millón de personas? ¿Por qué se anima a la participación constante de “periodistas” (mejor llamarles propagandistas) adscritos a medios de la derecha más extrema, que no hacen más que vomitar su odio a la independencia de Catalunya? ¿O es que confunden un debate con el jolgorio de una corrala? ¿Cómo se permiten contratos millonarios con productoras independientes, creadas la mayoría por los propios empleados, que han descubierto una sencilla manera de enriquecerse? ¿Quién elige y con qué criterio a los corresponsales extranjeros que, con algunas salvedades notables, despachan unas crónicas intrascendentes que cualquier turista despistado podría firmar? ¿No se han planteado seriamente renovar la flota? ¿O es que TV3 es un ministerio, donde el trabajo está asegurado para toda la vida? ¿Por qué no hacen tabla rasa con los tertulianos y buscan savia nueva? ¿Tan limitado está el país? ¿O es que la señora Nebreda, por ejemplo, pretende jubilarse ahí? ¿De dónde han salido esas “estrellas” como el señor Ustrell y su equipo de colaboradores, que marea al personal con sus ambigüedades y su aire falsamente displicente? ¿Por qué los programas de humor ponen especial acento en ridiculizar al defenestrado President de la Generalitat, entrando en el juego del pim-pam-pum de la caverna? ¿O es que no saben distinguir la ironía del sarcasmo? ¿Qué es esa idiotez de introducir el castellano en muchos programas en detrimento del catalán, cuando el castellano ya cuenta en Catalunya con grandes espacios y no necesita apoyo? ¿O es que  ignoran que una de las razones básicas para la creación de TV3 fue normalizar la lengua catalana? ¿Por qué están tan contentos de haberse conocido y nos sueltan constantemente sus datos de audiencia que confirman su liderazgo? ¿No saben que las defensas corporativas a ultranza son propias de sociedades corruptas? ¿No intuyen que muchos la ven porque no tienen más remedio?

TV3 es un desastre y no le va a la zaga Catalunya Radio, donde ya Mónica Terribas dijo basta, harta de las imposiciones de los políticos de turno que no paraban de colarle contertulios de lo más reaccionario. No me olvido de Betevé, bajo la mirada severa de los comisarios políticos del Ayuntamiento de la señora Colau, que han conseguido transformarla en una plataforma local de vuelo gallináceo.

Resulta llamativo que una buena parte de la audiencia catalana se haya pasado a rac1, perteneciente al grupo  de la derecha españolista de la familia Godó, pero en la que parece que algún directivo inteligente de la casa ha comprobado el éxito, por el volumen de la audiencia, y ha permitido que personajes como Jordi Basté, Toni Clapés, Òscar Andreu, Òscar Dalmau y otros, que no ocultan su posición respecto a Catalunya (con matices), dirijan sus respectivos programas. Tienen sus limitaciones, pero son más libres que los funcionarios de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (TV3, 3/24, Catalunya Ràdio, etc.), que solo falta que vayan vestidos de sonrientes “escolanets” para acabar la función.

No veo que a corto plazo pueda cambiar la deriva. Solo una apuesta por la iniciativa privada y la sociedad civil, utilizando canales de información no oficiales, puede darnos la esperanza de ver y escuchar programas que ayuden a reflexionar y a fomentar el espíritu crítico, y que mantengan el proyecto inicial de unos medios de comunicación genuinamente catalanes.

Mientras tanto seguiremos con la BBC, la npr y la CNN.

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