El laborismo británico batalla contra sí mismo

La suspensión de Jeremy Corbyn como miembro y diputado del Partido Laborista amenaza con desatar una «guerra civil» en la izquierda británica pese a la llamada a la unidad lanzada por su sucesor en el liderazgo, sir Keir Starmer.

Por Lourdes Gómez*

El riesgo de cisma atormenta de nuevo al movimiento laborista. Las portadas de los rotativos anticipan una batalla campal entre la izquierda radical fiel a Corbyn y las facciones más liberales del entorno de Starmer. La crisis estalló inmediatamente después de la retirada del carnet de militante al anterior líder, la tarde del 29 de octubre.

ACOSO Y DISCRIMINACIÓN

La acción es temporal y justificada, a nivel oficial, en la reacción de Corbyn al informe de la Comisión en Igualdad y Derechos Humanos sobre antisemitismo en el Partido Laborista durante los cinco años de su mandato. «Hemos concluido que se cometieron actos ilícitos de acoso y discriminación de los que es responsable el Partido Laborista», afirma la EHRC (en sus siglas en inglés), cuyas recomendaciones tienen fuerza legal.

La investigación giró en torno a alusiones y denuncias de antisemitismo que nublaron el liderazgo de Corbyn. El informe critica, entre sus explosivas conclusiones, la «interferencia política» en la revisión de las quejas y la «falta de liderazgo» para lidiar con el problema, «lo cual cuesta conciliar con el compromiso declarado de una política de tolerancia cero del antisemitismo».

REACCIONES CONTRADICTORIAS

Corbyn y Starmer chocaron en sus respuestas inmediatas al veredicto de la autoridad británica en igualdad y discriminación en todas sus facetas. «Un antisemita es uno de más, pero la escala del problema se exageró dramáticamente por motivos políticos…», señaló el anterior líder en las redes sociales.

Casi simultáneamente, su sucesor declaraba en una conferencia de prensa: «los que niegan el problema forman parte del problema… los que pretenden que es exagerado o faccioso, son parte del problema».

El secretario general del partido, Dave Evans, comunicó horas después la suspensión de Corbyn. «Impugnaré con firmeza la intervención política para suspenderme», respondió el veterano parlamentario abriendo la primera ronda de la contienda.

FURIA EN LA MILITANCIA

Mas de 56.000 personas habían firmado este 30 de octubre una petición online por la «reintegración» en el partido del héroe político de la izquierda, nacional e internacional. La afiliación al Partido alcanzó cotas inusitadas desde la elección de Corbyn, en 2015, principalmente entre jóvenes y la vieja guardia que rompió el carnet desilusionada con el giro centrista en la era de Tony Blair.

La formación perdió militancia -en torno a los 80.000, según algunos analistas- ante los continuos escándalos antisemitas y después de la humillante derrota en las elecciones de diciembre de 2019, la peor desde 1935.  Len McCLuskey, secretario general del sindicato Unite, el ‘corbynista’ Len McCluskey, pidió a los miembros «airados por la suspensión» que «no abandonen el partido».

POSTURA NEGACIONISTA

«Es un acto de grave injusticia que, si no se revoca, creará caos en el partido», dijo el líder sindicalista. La reinserción del ídolo caído es la consigna de la izquierda, frente a los moderados que acusan a Corbyn de seguir en un «estado de negación» de la pesadilla antisemita. «Corbyn permitió que acusen al partido de racismo contra los judíos cuando no hay partido más racista que el conservador», denunció a Sputnik el simpatizante laborista John Moore. El primer ministro, Boris Johnson, describió a las musulmanas tradicionales como «buzones» que «parecen ladrones» y a los africanos como «piccaninnies» (niños) con «sonrisas de sandía», pero niega ser racista.

Starmer ha de presentar, en un plazo de seis semanas, un plan de acción para llevar a la práctica las recomendaciones de la EHRC, que aceptó en su totalidad. También se disculpó, en nombre del partido, ante los afiliados y votantes judíos, antes de reconocer que «hemos fallado a la población judía, a nuestros miembros, nuestros simpatizantes y al público británico». Ahora se enfrenta al desafío de Corbyn que amenaza con torpedear su misión de unificar las distantes facciones de la familia laborista.

*Sputnik

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