Hostilidades en Etiopía ponen en vilo la estabilidad en el Cuerno de África

El conflicto entre las autoridades centrales de Etiopía y la región de Tigray podría provocar una crisis internacional por la huida de miles de refugiados al vecino Sudán o un eventual ataque de misiles contra Asmara, la capital de la vecina Eritrea.

Este sábado en Asmara cayeron varios misiles. Los daños exactos se desconocen, dado que en la región de Tigray y en Eritrea las comunicaciones están limitadas, pero, según el periódico británico The Guardian, el ataque provocó un corte de electricidad generalizado.

Poco después Debretsion Gebremichael, jefe del Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT), anunció que el ataque, efectuado por las fuerzas armadas de su región, fue dirigido contra el aeropuerto de la capital de Eritrea que es un «blanco legítimo», porque lo usan las tropas etíopes.

ABIY, EL REFORMADOR

La tensión entre el Gobierno etíope y la región de Tigray, situada en el norte del país, en la frontera con Sudán, empezó a crecer desde 2018, cuando fue nombrado primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed Ali, representante del grupo étnico de oromo, que constituye más de un tercio de la población del país. Abiy lanzó un amplio programa de reformas políticas, restableciendo el multipartidismo y la libertad de la prensa, liberando a centenares de presos políticos y firmando la paz con la vecina Eritrea, un logro por el cual recibió el Premio Nobel de Paz en 2019.

Uno de los cambios más importantes promovidos por el nuevo jefe del Ejecutivo fue la disolución del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), una coalición que gobernó el país durante casi tres décadas tras el final de la guerra civil en 1991. Desde el 1 de diciembre de 2019 el poder está concentrado en las manos del nuevo Partido de la Prosperidad.

La decisión de Abiy fue un golpe duro para el pueblo tigray, el cual constituye el 6 por ciento de la población, pero durante decenios dominó en el FDRPE y, de hecho, gobernó el país. El Frente de Tigray se opuso a la reforma, lo que dio inicio a un progresivo deterioro de sus relaciones con el Gobierno.

TIGRAY CONTRA EL GOBIERNO: EL CONFLICTO SE AGRAVA

El pasado 9 de septiembre la región de Tigray celebró las elecciones locales, a pesar de que las autoridades federales las prohibieran para no someter a los electores al riesgo del contagio con el covid-19. Adís Abeba calificó de inconstitucionales las elecciones, a lo que Tigray respondió declarando ilegítimo el Gobierno central. A su vez, el parlamento etíope el 8 de octubre rompió las relaciones con el Consejo de representantes de Tigray y con las autoridades regionales.

En estas condiciones bastaba poco para que la tensión degenerase en un conflicto armado. Tras acusar el FLPT de atacar las tropas federales, el 4 de noviembre el primer ministro Abiy ordenó la contraofensiva contra Tigray. «Nuestras fuerzas militares fueron desplegadas para salvar el país y evitar que la región caiga en el infierno de la instabilidad», aseveraba el comunicado oficial emitido por el Gobierno.

La operación militar lanzada por Adís Abeba seguramente no será ni fácil, ni breve. Según un informe de la ONG International Crisis Group, el FLPT podría disponer de unos 250.000 hombres entre fuerzas paramilitares y milicias locales, además, hasta hace poco el Ejército etíope en una buena parte estaba bajo el control del FLPT, el cual, por lo tanto, conoce bien el potencial militar de su adversario actual.

El balance de las primeras dos semanas de hostilidades es desolador. Los heridos y muertos se cuentan a centenares, mientras hasta 25.000 prófugos de la zona de los enfrentamientos huyeron al vecino Sudán. Ambas partes denuncian las atrocidades cometidas por el adversario contra la población civil.

DIMENSIÓN INTERNACIONAL

Por ahora, el conflicto parece tener un carácter político y étnico y, con el paso del tiempo, podría transformarse en una guerra de secesión, una experiencia que Etiopía conoce bien. En 1993 Eritrea se independizó de Etiopía tras una guerra de tres décadas, pero cinco años después entre los dos países estalló una guerra que duró dos años y costó la vida a entre 100 y 300 mil personas.

Sin embargo, el nuevo conflicto también podría obtener un cariz internacional. Adís Abeba tiene relaciones complicadas con Sudán y Egipto, preocupados por el proyecto de construcción de una gigantesca presa en el Nilo Azul, que debe asegurar a Etiopía una importante fuente de electricidad, pero también cambiará de manera significativa el régimen hídrico aguas abajo. Las obras de construcción, que tendrían que completarse en 2023, ya generan problemas de irrigación en Sudán. Los dos países africanos podrían aprovechar el conflicto para obtener de Etiopía mayores garantías acerca de la regulación de las aguas del Nilo.

Además, existe un contexto internacional más amplio. En los últimos años Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía compiten de manera cada vez más intensa por la influencia en el Cuerno de África, y las hostilidades entre el Gobierno etíope y Tigray podrían incitarles a intervenir directamente. De adquirir una mayor envergadura, el conflicto en Etiopía, junto a la instabilidad crónica en la vecina Somalia, podría transformar el Cuerno de África en un enorme polvorín.

La ONU, Estados Unidos, la UE y varios otros actores internacionales instaron a Abiy a poner fin a las hostilidades, sin embargo, el Premio Nobel etíope no está dispuesto a entablar negociaciones con la región rebelde. De momento parece que el destino de Etiopía se decidirá en los campos de batalla y no en la mesa de negociaciones.

Sputnik

About ELCOMUNISTA.NET (71468 Articles)
Síguenos en Twitter @elcomunistanet Síguenos en Facebook grupo: el comunista prensa roja mundo hispano Nuestro e mail: elcomunistaprensa@yahoo.com
A %d blogueros les gusta esto: