La caída de Bolsonaro en las elecciones municipales de Brasil y Francisco Sagasti, el nuevo presidente de un Perú en crisis

Nuestros pueblos son sabios y pacientes, este domingo 15 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones municipales en la República Federativa de Brasil, un evento marcado por la pandemia de Covid-19 que ya ha dejado más de 165 mil fallecidos en el país, en el marco de una recesión económica histórica que continúa desafiando la estabilidad del gobierno de Jair Bolsonaro.

Por Gilberto Díaz Meza*

*Caracas

Un total de 148 millones de brasileños fueron convocados para elegir alcaldes y concejales en 5 mil 569 ciudades. Las elecciones municipales se llevaron a cabo con un mes de retraso debido a las complicaciones derivadas de la pandemia. La participación superó el 77% según el Tribunal Superior Electoral.

Los comicios se han proyectado como un termómetro para medir la base de respaldo y apoyo social con la que cuenta actualmente Jair Bolsonaro y la corriente política e ideológica de extrema derecha que lidera.

Los resultados de las elecciones municipales son una especie de “plebiscito” sobre su gestión al frente del país con más contagios y muertes por coronavirus del continente, y uno de los más afectados económicamente.

El medio alemán Deutsche Welle destaca que la “mayoría de los candidatos apoyados por el presidente Jair Bolsonaro sufrieron derrotas en las principales ciudades”.

En Sao Paulo, Bruno Convas (del partido de centro derecha PSDB) obtuvo el 32,58% de los votos, y se medirá en una segunda vuelta con Guilherme Boulos, candidato del partido de izquierda PSOL, quien cosechó un inédito 20,33% de los sufragios. El candidato de Bolsonaro, Celso Russomano, terminó en cuarto lugar con el 10% de los votos.

En Río de Janeiro, la segunda ciudad más importante del país en términos políticos y electorales, Eduardo Paes (de la formación de derecha moderada DEM) conquistó el 37% de los votos. Se medirá en una segunda vuelta con el líder evangélico Marcello Crivella, apoyado por Bolsonaro, quien obtuvo el 21,8% de los sufragios.

Las formaciones de centro derecha Partido Social Democrático (PSD), Movimiento Democrático Brasileño (MDB) y otras organizaciones de un perfil similar, han sido las grandes protagonistas de la cita electoral, aglutinando una gran cantidad de alcaldes y concejales. Estas formaciones han recuperado el espacio político-electoral perdido en 2018, cuando Jair Bolsonaro arrasó en las presidenciales aprovechando la crisis de los partidos tradicionales.

El Partido de los Trabajadores (PT) del líder histórico Lula Da Silva continúa estancado y sus decepcionantes resultados en Sao Paulo y otras ciudades de peso así lo confirma. Bolsonaro ha perdido con sus principales apuestas electorales, lo que implica una caída de su popularidad producto del desastroso manejo del coronavirus. Esto también explica el apoyo electoral a formaciones tradicionales de la centroderecha.

Por qué es importante,aunque Bolsonaro goza de un amplio respaldo en las encuestas, las elecciones municipales representan un giro político en la intención de voto y en las prioridades de la sociedad brasileña, marcadas por las urgencias económicas y sanitarias de la pandemia.

La operación Lava Jato continúa dejando su huella en el desplazamiento del PT y en la reestructuración neoliberal del país, donde Bolsonaro es un instrumento que podría estar agotándose.

Siguiendo en nuestra América Latina Este lunes el Congreso de Perú eligió una nueva Mesa Directiva con el objetivo de resolver la crisis política e institucional desatada luego de la destitución (vacancia) del presidente Martín Vizcarra, y profundizada con la renuncia de su sustituto, Manuel Merino.

El país suramericano ya acumula siete días de agitación, protestas en las calles y represión policial que han agudizado el cuadro de deslegitimación de la élite política y la fractura del equilibrio de poderes dentro del aparato del Estado.

El dirigente político Francisco Sagasti asumirá la presidencia interina de la República del Perú al resultar electo con 97 votos a favor como cabeza de lista de la Mesa Directiva en el Congreso. Se convierte en el tercer presidente del Perú en una semana. Lo acompañarán, según reporta Telesur, “Mirtha Vásquez, por Acción Popular, Luis Roel y por Somos Perú, Matilde Fernández, en la primera, segunda y tercera vicepresidencia, respectivamente”.

Esta representa la segunda votación para instalar la Mesa Directiva. La primera, encabeza por Rocío Silva Santisteban hace par de días, no logró los votos necesarios, lo que representó una escalada de la crisis política.

Según reportan distintos medios de comunicación, Sagasti es oriundo de Lima y militante del Partido Colorado, formación de la cual es su vocero principal en el Congreso. Se ha desempeñado como presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Tecnología en el parlamento peruano. Apoyó la el procedimiento de vacancia contraVizcarra.Datos ofrecidos por Telesur destacan que Sagasti: Entre 1972 y 1977, “fue vicepresidente del Directorio del Instituto de Investigación Tecnológica, Industrial y Normas Técnicas del Perú y asesor del Ministro de Industria durante el Gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez”. De 1985 a 1987 fue asesor del ministro de Relaciones Exteriores, Allan Wagner, durante el primer Gobierno de Alan García.A partir de 1987 y hasta 1992, asumió como jefe de Planeamiento Estratégico del Banco Mundial.

 Ejerció importantes cargos en el área científica y tecnológica durante las administraciones de Alan García y Ollanta Humala. La BBC de Londres proyecta a Sagasti como un dirigente con carrera en el sector privado. Es visto como una figura moderada y con capacidad de atar consensos políticos, perfil que quedó demostrado en su discurso de asunción frente al Congreso el día de ayer: “Solo podemos salir adelante trabajando juntos, colaborando. Tenemos nuestras diferencias, pero tenemos un objetivo común: lograr que Perú por fin se convierta en una República de igualdad para todos”.

Por qué es importante: El laberinto de la política peruana y su crisis de poderes representa todo un desafío para la recomposición del país, y particularmente para un Sagasti que tendrá la obligación de mediar en un clima de violencia institucional, crecimiento de contagios por Covid-19 y recesión económica.

La crisis integral de Perú podría entrar en una nueva etapa con la asunción de este gobierno de transición, mientras los factores que han precipitado la agitación social y política continuarán ejerciendo un peso objetivo en el curso de la situación.

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