¿Quién fue el jerarca nazi que vivió la mitad de su vida en Argentina como referente?

Erich Priebke fue capitán de las SS, las escuadras de protección del nacionalsocialismo alemán durante el régimen de Adolf Hitler, y se radicó en la ciudad patagónica de Bariloche después de la guerra, donde fue el director de la institución cultural germana, hasta su captura en 1995.

Por Francisco Lucotti*

La ministra de Educación de la ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, desató una polémica al criticar el nivel de los docentes, que derivó en una discusión sobre la formación de la ministra, que cursó sus estudios en el Instituto Capraro de la ciudad de San Carlos de Bariloche, en la provincia sureña de Río Negro.

La discusión puso en el escrutinio público los vínculos de la comunidad alemana de esa ciudad, un idílico centro turístico ubicado en la cordillera de los Andes, con un personaje nefasto de la historia, que, paradójicamente, estuvo ligado a las principales instituciones germanas de esa ciudad, donde estudió de joven la funcionaria.

Erich Priebke, excapitán de las SS, escuadras de protección del nacionalsocialismo alemán, perpetrador de la Masacre de las Fosas Ardeantinas, en las afueras de Roma, el 24 de marzo de 1944, donde murieron 335 civiles italianos, escapó después de la Segunda Guerra Mundial hacia las tierras del sur y se estableció en la región donde ya existía una de las colectividades germánicas más grandes del país y de Latinoamérica.

Argentina es reconocida como nación de inmigrantes, sobre todo de Europa, durante los períodos de guerras y hambrunas. Si bien la mayor diáspora fue de italianos y españoles de las regiones más pobres, que llegaron en grandes oleadas desde finales del siglo XIX, también hubo avances de colonos provenientes de las potencias del norte y se recibió a quienes huyeron durante y después de las guerras mundiales, incluido un importante número de exoficiales nazis, muchos bajo anonimato.

El caso de Priebke provocó una enorme conmoción en la comunidad local y mundial a mediados de la década de 1990, no solo por tratarse de un criminal de guerra nazi buscado que había durante décadas eludido las alertas internacionales, sino también porque solo había modificado ligeramente su nombre de pila y no su apellido y vivía como miembro distinguido de la comunidad alemana sembrando rosas en Bariloche.

De magnicida a director de escuela

Priebke, bajo dirección de Herbert Kappler, comandante de la Gestapo en Roma, capital de Italia, fue el ejecutor de la Masacre de las Fosas Ardeatinas, el 24 de marzo de 1944, cometida por las tropas de ocupación nazi, en la que fueron asesinados 335 civiles italianos en represalia a un ataque de un grupo de resistencia partisana. La orden de Hitler fue matar a 10 personas por cada alemán muerto.

Al terminar la guerra, Priebke escapó de un campo de prisioneros gracias a la red de colaboración secreta filonazi Odessa y, con asistencia de altos miembros de la Iglesia católica que le proporcionaron documentos apócrifos, huyó a Argentina y terminó radicándose en Bariloche, fundada en 1895 por Carlos Wiederhold, empresario chileno de origen alemán que fuera cónsul del Imperio alemán en Osorno, Chile.

Priebke se transformó en un ícono de la comunidad, donde era considerado un vecino ejemplar. Cambió su nombre Erich por el de Erico, con el que fue conocido durante casi 50 años. Dirigió durante décadas el Instituto Cultural Germano Argentino Bariloche y sus colegios primario y secundario Primo Capraro, que era el nombre de uno de los primeros desarrolladores de la ciudad, un italiano testaferro de capitales alemanes, casado con una alemana.

«A fines del siglo XIX y principios del XX, el Imperio Alemán desarrolla una campaña muy agresiva, a destiempo, para competir con los ingleses, franceses, belgas, estadounidenses para tener colonias y exportar ideología pangermánica. Comienzan a aparecer instituciones como clubes, escuelas, particularmente en Bariloche, fundada por colonos alemanes, que llegan desde el sur de Chile, a la par de una estrategia global de adquisición de tierras», dijo a Sputnik Abel Basti, escritor e investigador histórico especializado en la inmigración nazi y radicado en Bariloche.

A partir de la década de 1930, con la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania, las empresas y escuelas se vuelcan al nazismo, también en el resto del mundo, En Argentina, el comienza a hacerse fuerte cuando asume el Gobierno de facto José Uriburu (1930-1932), que había sido formado en Berlín.

«Argentina tenía unas 200 escuelas alemanas; excepto siete, el resto se nazificaron, es decir, respondían directamente a las directivas del Estado alemán: sus maestros tenían que jurar lealtad al führer, se reciben los textos de propaganda y hay grandes problemas porque vulneran en gran medida los contenidos educativos. Hay grandes escándalos porque superponen los símbolos nazis, por ejemplo el águila imperial o la esvástica, por sobre los nacionales. Cuando estalla la guerra, esto se prohíbe», detalló el investigador.

Nazismo encubierto, nazi descubierto

Al terminar la guerra, a partir de la década de 1950, comienza un fenómeno de militancia nazi velada en algunas escuelas alemanas de Argentina, como consecuencia de la recepción de inmigrantes alemanes, muchos de ellos exafiliados al partido nacionalsocialista y exsoldados con sus familias, narró Basti.

El más emblemático fue Adolf Eichmann, promotor de la política genocida del régimen de Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), descubierto en 1960 por los servicios de Inteligencia israelíes en su casa de la localidad de San Fernando, al norte de la ciudad de Buenos Aires, al volver de su trabajo en la fábrica de Mercedes Benz bajo el seudónimo Ricardo Klement. Eichman fue secuestrado, camuflado en un avión como piloto y llevado a Israel, donde fue condenado.

El segundo, Josef Mengele, reconocido como el médico que realizó experimentos mortales con prisioneros en el campo de exterminio de Auschwitz y quien llevó a la práctica los homicidios en masa con cámaras de gas, que pasó un tiempo en Argentina para finalmente migrar a Paraguay y morir impune en Brasil en 1979 con el nombre falso de Wolfgang Gerhard.

«En la escuela de Bariloche, vamos a tener por lo menos dos esposas de exoficiales de las SS que fueron directoras. Si bien no podemos afirmar que la escuela reivindicaba el nazismo positivamente, podemos decir que hubo un pensamiento acrítico y generalmente no se enseñaba lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, un tema negado en la currícula hasta épocas muy recientes, te diría que hasta que estalla el caso Priebke, algo que refleja Pacto de silencio, el documental de Carlos Echeverría, que es exalumno», aseguró Basti.

En 1994, Priebke fue descubierto por el periodista estadounidense Sam Donaldson gracias a la publicación en 1991 del libro El pintor de la Suiza argentina, de Esteban Buch, que denunciaba la participación en la masacre italiana de aquel aparente gentil caballero alemán radicado con absoluta impunidad en el país austral.

Esto produjo una crisis en la comunidad, descrédito y espanto. Profesores de ascendencia italiana que trabajaban en el colegio renunciaron. «También hubo hechos muy curiosos durante esos años, por ejemplo, en este proceso de explicación de los hechos hubo una invitación a los colegios de Bariloche a participar de una actividad cultural que consistía en proyectar la película La lista de Schindler [que narra y denuncia la brutalidad del holocausto judío] y el único que se negó es el alemán», contó el escritor.

Tras la emisión del reportaje de Donaldson, Italia pidió la extradición de Priebke, que fue otorgada en noviembre de 1995. El fiscal militar lo acusó por crímenes de guerra y en marzo de 1998 fue condenado a cadena perpetua, pero debido a su avanzada edad cumplió con arresto domiciliario hasta su muerte en 2013, poco después de cumplir los 100 años de edad.

*Sputnik

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