EDITORIAL.- Maradona, zurdo de pies a cabeza

Maradona nació para ser sacrificado a los dioses como el 90% de los niños del Tercer Mundo; y, sin embargo, se rebeló y se convirtió, por su natural talento, en el más humano de los semidioses.

Tal vez en el mejor de todos de los que tenemos referencia: Hércules, por ejemplo; o los Gemelos del Popol Vuh: Hunapú e Ixbalanqué, que después de vencer en el inframundo (Xibalbá) a sus retadores; uno se convirtió en el sol y el otro en la luna.

Los auténticos dioses de lo terreno son los oligarcas; estos, como ya se sabe, son dioses tiranos, arrogantes, altaneros, egocéntricos, supremacistas, cínicos, viciosos, traidores, saqueadores; muy cabrones y grandes simuladores. Además, son dueños de los medios de producción de bienes materiales; y de los medios de propagación de sus prácticas culturales (el sistema) a través de la religión y espectáculos diversos, entre ellos, el fútbol,  esa religión universal que trasciende las fronteras y, sin embargo, reivindica el sentido de pertenencia de las naciones.

Maradona, luego de sobrevivir la infancia (proeza vital) y mostrar sus dotes, fue, de nuevo, víctima para animar ese circo del deporte-espectáculo. Allí fue obligado a ser un dios tradicional y lo alentaron al vicio, a ser como ellos; pero sin permitirle ocultar sus manchas, para exhibirlo y manejarlo como a la mayoría de los modernos gladiadores y bufones que sirven para  apagar la angustia, el enojo y las frustraciones existenciales de las grandes mayorías explotadas y endeudas, incluso, antes de nacer.

Nuevamente se rebeló; pero no porque le tocó ser genio en el más popular de los deportes, el deporte de la tribu, de la colectividad, sino porque interpretó, como un mesías, la necesidad de alegría de los que, nacidos como él en el fango y el polvo de los nadies, nada los anima más que su deseo de pertenencia al grupo, a la tribu, a la nación.

El fútbol es el más comunista de los deportes; en él todos los oficiantes (defensores-cazadores) están para el objetivo común: el gol, las veces que sea necesario en cada ritual establecido.

Pero Maradona fue más que el espectáculo del gol y de los triunfos de sus equipos o su Selección (que sirven para dar alegría de pobre a las multitudes. Él lo trascendió al identificarse con las víctimas del sistema erigido por esos dioses tiranos; y dio el gran salto.

Así, el mayor de sus goles fuera de la cancha, fue el hacer amistad con los líderes históricos de América Latina: Fidel Castro (1987) y más adelante con Hugo Chávez y con esos presidentes latinoamericanos de las dos últimas décadas que, con sus políticas gubernamentales, han favorecido a sus pueblos y desobedecido al Imperio.

El fútbol también es la religión que trasciende las fronteras y permite, más allá de las rivalidades, hermanar a los pueblos y a sus oficiantes, los jugadores.

De esa religión Maradona es un semidiós indiscutible, que no está a la derecha, sino a la zurda.

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