El resurgir del programa nuclear de Irán

El Consejo de los Guardianes de la Constitución de Irán aprobó este miércoles la ley para impulsar la actividad nuclear y volver así a desarrollar plenamente el programa atómico que data de los años cincuenta del siglo pasado.

Ahora la ley se entregará al Gobierno para que la comience a aplicar.

El martes el proyecto de ley, preparado desde hace meses, fue examinado y avalado por el Parlamento del país de manera acelerada en respuesta al reciente asesinato del “padre de la bomba iraní”, Mohsen Fakhrizadeh, cuya autoría Teherán atribuye a Israel.

La nueva normativa, que de hecho pone fin al acuerdo nuclear y estipula que el país producirá uranio de uso potencialmente militar perjudicaría, en palabras del presidente del país, Hasán Rohani, los esfuerzos para normalizar las relaciones con los Estados Unidos de Joe Biden y lograr el levantamiento de las sanciones.

PROGRAMA VERSÁTIL

El programa nuclear de Irán se remonta a los tiempos del sha Mohamad Reza Pahlaví, un aliado de EEUU en el Oriente Medio, que esperaba de este modo obtener una ventaja tecnológica sobre sus vecinos árabes.

En 1957 EEUU firmó con Irán un acuerdo donde se comprometía a suministrarle instalaciones nucleares y formar a especialistas del sector.

El centro de investigaciones de la Universidad de Teherán fue el primero en recibir de Washington un reactor atómico de baja potencia, en 1959.

Un año antes Irán se adhirió al Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA), en 1963 suscribió el Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares en la atmósfera, en el espacio exterior y bajo el agua y en 1970 firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Irán fue además uno de los primeros países que firmó, en 1973, el acuerdo sobre las salvaguardias con el OIEA y en 1974 un protocolo adicional para facilitar el trabajo de los inspectores en sus instalaciones.

Así Teherán comenzó a realizar su proyecto atómico, que tenía que culminar en 1994 y preveía la creación de un ciclo de combustible nuclear cerrado y la instalación de 23 reactores suministrados por EEUU, RDA y Francia, que junto con el Reino Unido, Bélgica e Italia en aquellos años participaban en el desarrollo del sector nuclear iraní.

La Revolución Islámica de 1979 puso fin a esta cooperación y provocó la suspensión de los proyectos nucleares que no les interesaban a las nuevas autoridades iraníes. En particular, quedó congelada la casi terminada central nuclear de Bushehr.

A mediados de los años 80 del siglo pasado, Irán trató de retomar la construcción de la instalación. Entonces, la falta de interés por parte de los países occidentales, que no querían involucrarse en el proyecto en condiciones de una guerra entre Irak e Irán, se tradujo, desde la segunda mitad de la referida década, en un intento de colaborar con China, la cual, sin embargo, renunció a la cooperación bajo presión de EEUU.

EEUU, abiertamente anti-iraní desde la crisis de los rehenes durante la Revolución Islámica, consiguió para mediados de 1990 que casi todos los países renunciaran a cooperar con Irán en el ámbito nuclear.

Sin embargo, a partir de los años 90 empezó la colaboración con Rusia. En particular, se firmaron varios acuerdos para terminar la construcción de la central de Bushehr. Un reactor de la instalación empezó a producir energía eléctrica en 2013.

INSTALACIONES SOSPECHOSAS

En agosto de 2002 el opositor Consejo Nacional de Resistencia de Irán, con base en Irak, informó sobre la construcción de una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz y otra de producción de agua pesada en Arak, ambas no declaradas ante el OIEA.

La visita de los inspectores en febrero de 2003 confirmó que Irán estaba mucho más avanzado de lo que se pensaba en cuanto a la creación del ciclo de combustible nuclear y, por lo tanto, de las armas nucleares. Por su parte, Teherán declaró que no tenía la obligación de informar sobre instalaciones aún en construcción.

En el mismo 2003 arrancaron las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, que duraron más de diez años e involucraron primero a Alemania, Francia y el Reino Unido, y desde 2006 también a China, Rusia y EEUU, el llamado Grupo 5+1.

Entretanto, Irán siguió desarrollando su programa nuclear: aumentó el número de centrifugadoras e inauguró un centro subterráneo de enriquecimiento de uranio en Fordo.

En respuesta, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó seis resoluciones cuatro de las cuales imponían sanciones.

Por su parte, EEUU y la UE optaron por sanciones unilaterales que excluyeron a Irán del sistema financiero global y redujeron considerablemente sus exportaciones de petróleo.

Además, EEUU, junto con Israel en reiteradas ocasiones, declaró que todos los métodos valían para evitar que Irán se hiciera con la bomba nuclear. En esos tiempos Teherán denunció varios asesinatos de físicos nucleares, mientras que en 2010 un gusano informático, Stuxnet, dejó inoperables unas 1.000 centrifugadoras de Natanz.

Finalmente, en 2012 se entablaron unas negociaciones secretas entre Irán y EEUU que empezaron a avanzar con la llegada de Rohani al poder el año siguiente.

El 24 de noviembre de 2013 el Grupo 5+1 e Irán firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto, que preveía el levantamiento de las sanciones a cambio de la reducción del programa nuclear iraní, sobre todo en lo referido al enriquecimiento de uranio.

Sin embargo, los detalles del acuerdo se siguieron pactando durante los próximos 20 meses. El PAIC entró en vigor solo el 16 de enero de 2016, después de que el OIEA confirmara que Irán redimensionó su programa nuclear. Casi todas las resoluciones de la ONU fueron anuladas, así como todas las sanciones de la UE y una gran parte de las estadounidenses.

UN NUEVO OBSTÁCULO

En 2017, la llegada al poder de Donald Trump, muy crítico con Irán al que acusaba de apoyar el terrorismo, creó un importante obstáculo para el cumplimiento del pacto.

El 8 de mayo de 2018 el presidente de EEUU anunció que su país se retiraba del acuerdo y restablecía todas las sanciones unilaterales extraterritoriales.

En respuesta, Irán advirtió que reduciría sus obligaciones. Un año después incrementó la cantidad de reservas de uranio enriquecido y de agua pesada.

Más tarde, Teherán declaró que iba a enriquecer uranio en cantidades que consideraba necesarias y tras unos meses, el 6 de septiembre de 2019, comunicó que puso en marcha varias centrifugadoras y dejó de limitar sus investigaciones nucleares.

El 6 de noviembre redujo sus compromisos por cuarta vez, al empezar a usar las centrifugadoras de Fordo.

Finalmente, el 5 de enero de 2020 Irán renunció al límite del número de las centrifugadoras.

Sputnik

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