Sánchez sobrevive a las turbulencias de 2020 afianzándose en el poder

Antes del shock del coronavirus la llegada de 2020 supuso en España el inicio de un nuevo tiempo político: el 8 de enero, apenas entrado el año, Pedro Sánchez fue investido presidente del primer Gobierno de coalición desde la restauración de la democracia en el país, tras cuatro décadas de alternancia bipartidista.

Por Daniel Martín*

Casi un año y medio después de su aterrizaje en el Palacio de la Moncloa gracias a la moción de censura contra Mariano Rajoy, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) dejaba atrás un 2019 con dos elecciones generales y recibía por fin el apoyo del Congreso de los Diputados para ejercer como presidente con plenos poderes en 2020.

Lo logró gracias a un pacto exprés con Pablo Iglesias, el líder de Unidas Podemos, cuyos votos dieron el empuje necesario para hacer viable la investidura a cambio de pactar un programa de Gobierno que asumiera parte de sus postulados de izquierdas.

Desde Moncloa no tardaron en bautizarse a sí mismos como el como «el Gobierno más progresista» de la historia del país y en esa dirección intentaron trabajar en el arranque del año, anotándose tantos como la subida del salario mínimo hasta los 950 euros mensuales en una de las primeras reuniones del Consejo de Ministros.

La lucha contra la precariedad heredada por los años de austeridad posteriores a la crisis era por aquel entonces una de las razones de ser de un Gobierno que tenía como retos principales la gestión de la crisis territorial en Cataluña y la incertidumbre de ver cómo se adaptaría Unidas Podemos –nacido como un movimiento de impugnación al sistema– al ejercicio del poder a la sombra de un pilar sistémico como el PSOE.

Todo eso, que se antojaba crucial para el futuro del país, pasó a un segundo plano con la llegada del coronavirus, cuya importancia –al igual que en todas partes del mundo– no supieron calibrar ni Gobierno ni oposición pese a las alertas llegadas desde China.

FALTA DE PREVISIÓN

«España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado», pronosticó en enero Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, que a la postre se convertiría en el portavoz de la pandemia en el país.

En aquellos momentos iniciales las actuaciones del Gobierno por el coronavirus se limitaban a gestionar la repatriación de españoles desde Wuhan, garantizar el aislamiento de los primeros contagiados –la mayoría casos importados de turistas– e incluso evitar la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona ante la creciente preocupación por la pandemia.

Para cuando el Gobierno quiso reaccionar, la transmisión del virus ya estaba descontrolada y Pedro Sánchez decidió declarar el estado de alarma el 14 de marzo, imponiendo uno de los confinamientos más duros de Europa.

En aquel momento España apenas llegaba a los 6.000 casos diagnosticados y el total de fallecidos por covid-19 ascendía a 136 personas. A día de hoy ya van más 1,8 millones positivos, con una factura de más de 49.000 vidas perdidas.

A nivel económico el balance también es desgarrador: España protagoniza el mayor desplome entre los países de su entorno (un -11,6 por ciento del PIB en 2020, según la OCDE) con una pérdida de casi 370.000 empleos desde mediados de marzo.

A esto se suma que todavía 747.900 personas dependen de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo –los famosos ERTES, una de las palabras del año en el país– en los que la administración cubre hasta el 70 por ciento del salario trabajadores para evitar su despido.

Pero, pese a todo, Sánchez resiste la tormenta e incluso se permite el lujo de, cabalgando un escenario tan adverso con resultados cuestionables, no perder popularidad al tiempo que cosecha victorias parlamentarias pese a la fragilidad de su Gobierno, que solo cuenta con 135 escaños de 350 en el Congreso.

HORIZONTE DE LEGISLATURA

Según el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) –el mayor ente demoscópico de España, de titularidad pública– el PSOE de Sánchez volvería a ser el partido más votado en caso de celebrarse elecciones con el 30,4 por ciento de los sufragios, casi 12 puntos por delante del conservador Partido Popular, que sería segundo con el 28 por ciento.

A finales de octubre el Congreso de los Diputados dio un balón de oxígeno al Gobierno rechazando la moción de censura presentada en su contra por el partido ultraderechista Vox, que se quedó solo en su intento de hacer caer a Sánchez, evidenciando la falta de alternativas.

Sobre esas bases Sánchez cimentó su verdadera victoria parlamentaria de 2020: la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Aunque visto desde fuera este pueda parecer un tema menor –¿qué Gobierno no aprueba sus presupuestos si consigue ser investido?– en España se trata de un asunto crucial.

El Congreso, lastrado por la fragmentación del hemiciclo y la confrontación partidista, llevaba desde 2018 sin aprobar unos presupuestos, por lo que desde su llegada al poder Sánchez no dispuso de unas cuentas propias para sostener sus políticas, sino que se vio obligado a trabajar con unos fondos diseñados hace años por una administración conservadora.

La aprobación de los presupuestos, sostenida con los votos de partidos independentistas del País Vasco y Cataluña en un momento en que la crisis territorial no está en el centro del debate, permite a Sánchez presentarse en 2021 con un plan de recuperación bajo el brazo.

Con el paraguas de los fondos europeos contra el covid –de los que España recibirá 140.000 millones de euros, 27.000 de ellos ya en 2021– el Gobierno presenta unas cuentas con niveles sin precedentes de gasto público e inversión frente a la crisis, lo que a su vez ofrece una oportunidad de oro para retomar el programa progresista que Sánchez e Iglesias firmaron.

«Cuando surgió este Gobierno de coalición mucha gente pensó que iban a durar dos días, que no tenían estabilidad, pero Sánchez ha ido cumpliendo parte de su agenda política y con la aprobación de los presupuestos pone las bases para acabar la legislatura incluso si eventualmente se rompe la coalición con Iglesias», explica a esta agencia Ernesto Pascual, profesor de Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Tras las turbulencias de 2020, la lista de retos en el horizonte no para de crecer. 2021 ya asoma en el calendario con la gestión de la crisis económica sobre la mesa, pero también con otros asuntos como el incendio institucional por los escándalos del rey Juan Carlos I, el auge de la ultraderecha, las inminentes elecciones en Cataluña o el drama migratorio en Canarias, entre muchos otros.

«Llevo ya gobernando casi 1.000 días en nuestro país. España no se ha roto», dijo Sánchez en una reciente entrevista televisiva. La frase estaba pensada para acallar las críticas de la oposición, pero también puede ser leída como un intento de calmar la ansiedad y darse ánimos a sí mismo ante lo que trae 2021.

*Sputnik

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