Cuando Bogotá se hartó del abuso policial y estalló

Bogotá y otras ciudades colombianas fueron escenario este 2020 de manifestaciones cuya intensidad no se veía desde hacía muchos años. Esta vez, el motivo fue la indignación popular por la violencia y el abuso policial.

Por Andrés Pachón*

La furia de las protestas en la capital colombiana en las noches del 9 y 10 de septiembre fue comparada con los destrozos que causó ‘El Bogotazo’, el 9 de abril de 1948, luego de que fuera asesinado el líder del Partido Liberal (centroizquierda) Jorge Eliécer Gaitán, lo que derivó en la quema de tranvías, iglesias y edificios del Gobierno, mientras que miles de locales comerciales fueron saqueados.

«Desde entonces yo no veía tal nivel de violencia en el país. Fue una cosa horrible la del 48. En ese entonces yo tenía sólo 25 años y no pensé jamás que volviera a presenciar algo similar, hasta este año», dijo a Sputnik la bogotana María Esther Chacón, de 97 años, luego de recordar las imágenes de televisión de septiembre pasado.

Y es que aunque las diferencias entre ambos hechos son abismales respecto de los daños y la cantidad de muertes y heridos, la explosión de la furia ciudadana contenida pareció ser la misma.

En ‘El Bogotazo’, entre 500 y 3.000 muertos fueron reportados de manera extraoficial por un cable de la embajada alemana, al tiempo que se dio cuenta de 142 construcciones incendiadas y posteriormente derrumbadas.

En cambio, entre el 9 y 10 de septiembre de este año, se registraron al menos 13 muertos, 209 civiles heridos, 53 estaciones de policía vandalizadas en Bogotá –22 de ellas incineradas–, además de 10 autobuses quemados y sedes bancarias destrozadas.

La cifra es ínfima comparada con ‘El Bogotazo’, pero resulta sumamente alarmante si se tiene en cuenta que en solo 48 horas se superó el número de fallecidos registrados en las protestas entre noviembre de 2019 y febrero de 2020 en contra de las medidas económicas y sociales del Gobierno, cuando hubo cinco muertos y 390 heridos.

¿Pero cuál fue el motivo por el cual miles de bogotanos –principalmente– dejaron atrás el enfriamiento de la protesta social al que había llevado la pandemia durante buena parte del año para regresar febriles a las calles sin importar las medidas de bioseguridad por el virus?

ABUSO POLICIAL

La muerte de Javier Ordóñez –un taxista de 45 años estudiante de Derecho y padre de dos niños– a manos de dos patrulleros de la Policía de Bogotá fue el detonante de las protestas en esta ciudad y en el vecino y populoso municipio de Soacha (centro), así como también en algunas de las principales ciudades del país, como Cali (suroeste) y Medellín (noroeste).

El hecho, ocurrido entre la noche del 8 de septiembre y la madrugada del 9, quedó registrado en un vídeo divulgado en redes sociales que se hizo viral y en el que se observa cómo los dos patrulleros lanzan al suelo a Ordóñez y le propinan descargas eléctricas con una pistola tipo Taser hasta sofocarlo, pese al insistente pedido del hombre para que no lo hicieran más.

Las imágenes fueron grabadas por dos amigos de Ordóñez, pero lo que se vio en ellas fue solo la mitad de lo ocurrido, porque la otra parte sucedió dentro de la estación de policía a la cual fue trasladado el taxista, donde, según uno de esos amigos, fue «molido a golpes» por los dos agentes frente a otros que estaban allí, luego de lo cual fue conducido a una clínica en la que falleció a los pocos minutos.

La necropsia practicada al cuerpo de Ordóñez dio cuenta de que murió por un «trauma cerrado de abdomen de alta energía» y el estallido de un riñón, todo lo cual derivó solo un par de horas después en otro estallido, pero social.

Lo que comenzó como indignada pero pacífica protesta frente a la estación de policía en la que fue golpeado el hombre, terminó en una seguidilla de manifestaciones violentas entre ciudadanos y uniformados en la noche del 9 de septiembre que se extendió hasta el día siguiente, cuando estaban preparadas 15 manifestaciones tranquilas que terminaron en disturbios.

REESTRUCTURAR LA POLICÍA

Al final de la jornada, el Gobierno del presidente Iván Duque señaló que las protestas fueron infiltradas por milicias urbanas de la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN), pero lo cierto es que los civiles muertos no tenían vínculo con ese grupo y sí, en cambio, fueron decenas los vídeos en redes que mostraron a policías disparando a la multitud.

El ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, en rueda de prensa nacional y en nombre de la Policía Nacional, pidió perdón «por cualquier violación a la ley o desconocimiento de los reglamentos en que haya incurrido cualquiera de los miembros de la institución». Pero lo cierto es que el daño ya estaba hecho.

«Esa brutalidad policial está reflejada en que hubo disparos. Hubo 14 asesinatos, hubo más de 250 heridos, y la evidencia hoy reconocida por la Policía Nacional de que hay más de 150 casos de policías que dispararon sus armas», afirmó tras lo ocurrido Diógenes Orjuela, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Desde diferentes orillas surgieron voces que se apegaron a los reclamos de los manifestantes para reclamar por una reestructuración de la Policía, lo que obligó a Trujillo –en representación del Gobierno– a anunciar cinco ejes para modernizar y transformar esa institución, contemplando, entre otros, la educación y formación de policías en derechos humanos con el acompañamiento de la Defensoría del Pueblo y Naciones Unidas.

Trujillo también anunció la revisión de los procesos y protocolos en la actuación en el servicio de la Policía, así como actualizar los procesos y protocolos de incorporación de agentes a la Policía Nacional.

Tras los hechos ocurridos por la muerte de Ordóñez, el Comité Nacional del Paro (CNP), conformado por sindicatos, estudiantes y líderes sociales, entre otros, retomó el 16 de septiembre la convocatoria a movilizaciones nacionales con la insatisfacción ciudadana ante las políticas económicas, sociales y ambientales del Gobierno de Duque como bandera.

Otros reclamos, como la falta de implementación de los acuerdos de paz con las FARC, el homicidio de líderes sociales y, ahora, más que antes, el abuso policial, volvieron a la agenda de las movilizaciones masivas en el país hasta la fecha.

Sin embargo, cabe admitirlo, las protestas actuales no son de las mismas proporciones que las que se dieron en 2019, cuando en un solo día, el 21 de noviembre de ese año y según el CNP, se congregaron en la céntrica Plaza de Bolívar, en Bogotá, 1,5 millones de personas. Aquellos eran tiempos sin pandemia.

*Sputnik

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