Marruecos y el Sáhara, escenario de la guerra EEUU-Irán

El acuerdo de normalización de relaciones entre Marruecos e Israel y el reconocimiento de la «marroquinidad» del Sáhara por parte de Estados Unidos tiene también como protagonista indirecto a Irán, que mantiene sus relaciones diplomáticas rotas con Rabat desde 2018.

Por Luis Rivas*

El 1 de mayo de 2018, el Gobierno marroquí rompió relaciones con Teherán acusando a la República islámica de apoyar militarmente al Frente Polisario a través del movimiento libanés Hizbulá. El ministro de Asunto Exteriores del reino manifestó en su día tener pruebas concluyentes para sostener la acusación y aseguró que «una decisión estratégica como la de ayudar militarmente al Frente Polisario y formar a sus miembros no puede ser tomada sin la coordinación y el consentimiento de la República Islámica de Irán». Según fuentes marroquíes, detrás de ese plan habría estado el general iraní, Qasem Soleimani, asesinado con un dron norteamericano el 3 de enero de 2020.

Tanto el Frente Polisario (FP) como Teherán, Hizbulá y Argelia —donde se encuentran los campamentos de entrenamiento del FP—, desmintieron estas acusaciones. Sin embargo, el diplomático iraní, Amir Musaui, tuvo que abandonar Argel en septiembre de ese mismo año, acusado de ser el intermediario entre Hizbulá y el «grupo separatista» saharaui, como es calificado por el Gobierno marroquí. Musaui era ya conocido en Argelia por sus actividades de «proselitismo chií», de lo que fue denunciado por responsables del Ministerio argelino de Asuntos Religiosos.

«Subversión iraní en el Magreb»

Para la prensa marroquí, el caso Musaui ponía en evidencia las operaciones de subversión y los intentos de desestabilización de Irán en África del Norte. Rabat y Teherán ya habían pasado anteriormente un periodo sin relaciones diplomáticas entre 2009 y 2014 por «activismo religioso» iraní en territorio marroquí.

Que Irán haya sido uno de los países que más duramente ha criticado el acuerdo a tres bandas, Estados Unidos-Israel- Marruecos, no debe sorprender a nadie. Ante el avance del reconocimiento de Israel por parte de varios países árabes, Teherán intenta también tomar la bandera de la defensa de los intereses palestinos. Para Irán, Marruecos es también acusado de «querer satisfacer a Arabia Saudí», su principal rival en Oriente Próximo.

Irán y Marruecos libran una guerra informativa desde hace años en el mundo árabo-musulmán, África incluida, que ha llegado al paroxismo tras el acuerdo entre Israel y Marruecos y el reconocimiento norteamericano de la soberanía marroquí sobre el territorio de la antigua colonia española.

Fuentes oficiales marroquíes habían denunciado, ya antes del acuerdo, la creación por Irán de cientos de cuentas en Facebook para influir en la opinión pública marroquí. Rabat denunció también la provocación del Ministerio iraní de exteriores, que en el 57 aniversario del «Día de África» (25 de mayo), presentó un mapa de ese continente con una bandera de la República Árabe Saharaui Democrática sobre el territorio reclamado por Marruecos. En otro rifirrafe diplomático entre los dos países, Teherán acusó a Rabat en el mes de marzo pasado de impedir la reunión de la Organización de países No Alineados.

Marruecos es el cuarto país árabe en normalizar sus relaciones con Israel, tras Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Sudán. El caso marroquí es, sin embargo, diferente. Marruecos e Israel han mantenido congelada su relación durante 20 años, pero sus lazos han sido siempre estrechos, mantenidos por la influyente diáspora judía marroquí en Israel y por intereses políticos comunes. El caso más espectacular de su cooperación en el pasado se concretó en un hecho poco ejemplar: Israel y Francia ayudaron a Marruecos a hacer «desaparecer» al líder de la oposición Ben Barka, en 1965.

Islamistas marroquíes, desestabilizados

El apoyo norteamericano a la marroquinidad del Sáhara servirá para compensar el apoyo de los ciudadanos marroquíes a la causa palestina. Según un sondeo que tanto opositores internos como exteriores han subrayado, solo un 4% de marroquíes son favorables a reanudar relaciones con Israel.

Para el monarca jerifiano, el éxito sobre el asunto del Sáhara es también un elemento clave en política interna. El actual Gobierno está en manos de los islamistas del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), vencedores en las elecciones de 2011 y 2016. Profundamente anti-israelíes, mostrar su oposición al éxito diplomático del rey sería poner en duda la batalla política internacional ganada al Frente Polisario, a pocos meses de nuevas elecciones legislativas.

Aun así, el actual ministro de Empleo y también secretario general de las Juventudes del PJD, Mohamed Amekraz, declaró que la decisión real sorprendió a los militantes de la causa palestina y a todos los marroquíes. Sus veladas críticas a la política del jefe de Estado tienen un matiz especial por haberlas hecho a través de la cadena de televisión Al Mayadeen, considerada como próxima a Irán y a Hizbulá, la organización que denunció de forma virulenta el acuerdo Rabat-Tel Aviv-Washington como «una traición al pueblo marroquí y a todos los del Magreb, al precio de 3.000 millones de dólares y cuatro drones RQ».

La última jugada de Donald Trump en el Magreb no estará avalada por normas aprobadas en la ONU u otros organismos regionales, pero el paso es tan trascendental para los intereses norteamericanos, israelíes y marroquíes que deja poco margen a su sucesor en la presidencia norteamericana. Joe Biden podrá jugar con matices de semántica diplomática, pero no podrá desandar la zancada geoestratégica dada por su rival.

*Sputnik

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