Las tensiones diplomáticas entre España y Marruecos: ¿provocación o debilidad?

El choque verbal producido entre los dos países a cuenta de la soberanía sobre los enclaves españoles en el norte de África ha levantado suspicacias y agitado el clima político en España, donde la oposición acusa al Gobierno de debilidad e inacción. Los analistas consultados aportan claves de la relación bilateral y su contexto.

Por Sergio Hernández-Ranera Sánchez*

Como consecuencia de las declaraciones a una cadena de televisión saudí del primer ministro de Marruecos, Saadeddine El Othmani, sobre el estatus de las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, y que fueron recogidas el 21 de diciembre por los medios de comunicación marroquíes, el Gobierno de España convocó de urgencia a la embajadora de ese país, Karima Benyaich, para dar explicaciones.

Al día siguiente el Ejecutivo español expresó de forma tajante su rechazo ante cualquier pretensión de soberanía marroquí sobre los enclaves africanos. «No hay nada que discutir. Ceuta y Melilla son españolas», subrayó la vicepresidenta Carmen Calvo en rueda de prensa ofrecida desde el Palacio de la Moncloa. El choque diplomático se produce en un contexto de presión migratoria desde la costa sahariana hacia las Islas Canarias y de reanudación de los combates en el Sahara Occidental tras 29 años de alto el fuego.

La situación también ha provocado las críticas de la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez.

Un contexto envenenado

A la posición expresada por el vicepresidente Pablo Iglesias en torno a la problemática del Sahara Occidental, pidiendo el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, siguió la cancelación de la cumbre bilateral hispanomarroquí el 10 de diciembre so excusa de preservar la seguridad sanitaria. Preguntado por si cabe interpretar las declaraciones de Saaededdine El Othmani como una respuesta al clima creado, el politólogo Jorge Verstrynge opina que «el tema del Sahara ha influido, y mucho».

En declaraciones a Sputnik, Verstrynge señala que la postura marroquí es «una respuesta al planteamiento equivocado» de defender la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sahara. «Nadie hace caso ya a las recomendaciones de la ONU. ¿Que son resoluciones? También las hay sobre Ceuta y Melilla. Hay que dejarse de tonterías por ambos lados. Y reconocer que es España la que aquí ha ‘disparado’ primero». A su juicio, las fricciones derivan del apoyo explícito de parte del Gobierno a la causa saharaui.

«La izquierda española tiene un problema con el Sahara, que se llama Generalísimo Franco. Por la Guardia Mora, por la participación de tropas indígenas en la rebelión de 1936 y la Guerra Civil. Felipe González tampoco hizo gran cosa por el pueblo saharaui. No se podía hacer nada. No hay pueblo saharaui».

«Lo sé porque he vivido 17 años en Marruecos», explica este expolítico francoespañol, nacido en Tánger. «El pueblo saharaui forma parte de una nebulosa de nómadas que van del océano Atlántico hasta el mar Rojo, que no tiene patria ni fronteras. Argelia, Marruecos, sur de Libia… todos tienen poblaciones saharauis, en algunos casos asentadas y en otros no».

La presión migratoria como arma

«Las declaraciones [de El Othmani] están totalmente fuera de lugar», explica a Sputnik Javier Couso, ex europarlamentario por el grupo de la Izquierda Plural. «Son una provocación justo en un momento en que Marruecos está envalentonado, sobre todo en el caso del Sahara Occidental, porque aunque aquí no nos cuenten nada, todos los días hay combates entre las tropas del Frente Polisario y el ejército marroquí apostado en el muro en la zona ocupada».

Javier Couso, que fue vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Europarlamento, marca el origen de la tensión no tanto en el Gobierno español como en el propio Marruecos. «Es curioso que justo cuando se producen estas tensiones, avivadas por Marruecos ―porque ha buscado la ruptura de los acuerdos de paz suscritos para resolver el statu quo mediante un referéndum avalado por la ONU―, hay una llegada de inmigrantes muy alta a Canarias, con subsaharianos y sobre todo marroquíes. Salen de zonas controladas por los cuerpos y fuerzas de seguridad de Marruecos, y la intención es clara: presionar a España».

«Si Marruecos quiere, pone a España de rodillas en seis meses», conviene Verstrynge, que señala a Argelia como un actor ineludible en el conflicto que enfrenta a marroquíes y saharauis. «Es un país que quiere una salida al Atlántico y esta pasa por la constitución de una república en el Sahara, donde por cierto no hay elecciones y manda un solo partido [el Frente Polisario]».

«La política española en la zona debería cambiar, pues siempre es de apaciguamiento, las primeras visitas de nuestros presidentes suelen ser a Marruecos, pero Marruecos sigue jugando sucio, ofreciéndose incluso para albergar bases militares del Africom [el mando para todas las operaciones de EEUU en África]», recuerda Couso, que afirma que el país magrebí «aprieta» en sus posiciones luego de producirse las declaraciones de Donald Trump vía Twitter, «contrarias a todo Derecho Internacional».

«Lo que Trump hizo el otro día es tranquilizar a los judíos. Los judíos jamás saldrán de Palestina y los marroquíes tampoco del Sahara, porque para ellos es como la provincia de Huelva para España», puntualiza Verstrynge.

El rearme en la zona

En los últimos años Marruecos está incrementando sus capacidades militares e incluso negocia con EEUU la adquisición de cazabombarderos F-35. Este hecho no pasa desapercibido en España, cuya fuerza aérea precisa renovación urgente y su Armada apenas dispone de un submarino operativo.

«Marruecos está armándose hasta unos niveles que ponen en peligro el equilibrio entre las fuerzas de los dos países, sobre todo con material que en algunos casos supera al de nuestras Fuerzas Armadas», asegura Couso. «Por ejemplo, en cazabombarderos y en drones suministrados por EEUU. Y Argelia ya nos ha pasado por encima a nivel militar, tiene decenas de submarinos, fragatas y va a comprar cazabombarderos rusos de quinta generación».

En este punto, Jorge Verstrynge discrepa: «Marruecos no tiene ningún interés en aplastar a España. Para empezar, porque tiene a la mayor parte de su ejército defendiendo el muro del Sahara. Eso sí, el tema del Sahara le ha venido muy bien a la monarquía marroquí, pues ha desviado la atención de los asuntos internos a la defensa de la frontera sur».

«España debería cambiar un poco su relación con Marruecos, que es socio preferente de la UE», añade Couso, recordando que el reino alauita «siempre» presiona para negociar acuerdos de pesca o subvenciones para controlar los flujos migratorios «precisamente organizando una serie de salidas para colapsar Canarias».

«Hay que ponerse serios. Marruecos debería saber que en España hay más de un millón de marroquíes trabajando, que es paso obligado de los marroquíes que viven en Europa en su paso hacia el estrecho cuando regresan a Marruecos de vacaciones y a la vuelta, y no debería creer que puede hacer lo que le dé la gana. Esto continuará mientras el Gobierno siga aceptando esa política reactiva, con miedo, a pesar de darle ayudas y tener buenas relaciones».

¿Una agenda propia?

Couso establece similitudes en el comportamiento de Marruecos y Turquía, aliados de Occidente «pero con agenda propia». En su opinión Rabat seguirá aprovechando tal circunstancia, máxime cuando EEUU puede aprobar sus actuaciones, encaminadas a «quedarse con el Sahara Occidental y no celebrar el referéndum».

«Y esa agenda pasa también por reclamar Ceuta y Melilla, que están en España antes de que existiera el Reino de Marruecos».

«Si tú hablas del Sahara, prepárate a hablar de Ceuta y Melilla. Y si te descuidas, de Canarias. Pero no hay una agenda», discrepa Verstrynge, que sostiene que Rabat hace tiempo que renunció a Ceuta y Melilla, «excepto para agitar el problema en caso de tensión con el Sahara». El país, afirma, antes se denominaba Imperio Jerifiano y sus fronteras llegaban hasta Senegal. «Para Marruecos el Sahara y una parte de Mauritania son tierras irredentas, que algún día volverán a su seno». Y en lugar de una agenda, él señala una clave económica. «El dirham [la moneda marroquí] no es convertible, y Ceuta y Melilla cumplen una función esencial para los marroquíes, porque pueden pagar las importaciones que salen de Ceuta y Melilla en dirhams en vez de divisas.

«Así que todo el mundo tiene interés en que esto se mantenga. Los españoles porque piensan que esto puede repercutir en el control del estrecho, los marroquís porque agitan este fantasma cuando España no se ‘porta bien’ y porque pagan en una moneda no convertible que no vale nada productos importados que para ellos son importantes. Muy poca gente se da cuenta de la importancia de Ceuta y Melilla para el comercio exterior marroquí».

«El tema es un elemento de desgaste para el Gobierno, es evidente, pero Marruecos no ha empezado la pelea. Unidas Podemos en el tema del Sahara se ha confundido», explica Verstrynge, que recuerda que el efecto en Marruecos es justo el contrario. «Allí el tema de Ceuta y Melilla es una forma de devolver popularidad al poder, porque el marroquí de a pie los considera marroquíes. Pero los gobernantes no, y agitan una amenaza que no es real».

«Las críticas de la oposición, sobre todo del PP, son muy interesadas, porque si bien es cierto que algunos gobiernos del Partido Popular han mostrado más firmeza que los del PSOE, no cambiaron ninguno de los presupuestos geopolíticos de la zona», argumenta Javier Couso. «Es decir, el PP no impulsó el proceso, como potencia administradora que todavía somos, para organizar el referéndum en el Sahara de acuerdo al censo reconocido por la ONU. Se han mostrado igual de acomodaticios con la zona».

«No va a haber cambio de actitud, porque [las relaciones con Marruecos] es un consenso de Estado entre los dos grandes partidos. Yo creía que algo iba a cambiar con la entrada en el Gobierno de Unidas Podemos, pero se ha visto que no hay ningún cambio substancial, pese a que lo que hace es una oposición a su propio Gobierno, lo cual es un poco extraño; apruebas en Consejo de Ministros una política que luego criticas».

La clave argelina

Argelia es uno de los países que abastece de gas España, es rival de Marruecos a cuenta de un litigio de fronteras y es el máximo valedor del Frente Polisario en el Sahara. Y también ha opinado sobre las declaraciones de Saadeddine El Othmani sobre Ceuta y Melilla.

«El primer ministro argelino se ha pronunciado sobre la inestabilidad geopolítica que puede crearse en la zona, dijo que Argelia no tolerará que se desestabilice el Magreb por culpa de la actitud arrogante de Marruecos», explica Couso, advirtiendo de la gravedad que podría entrañar una escalada y posterior conflagración entre Argelia y Marruecos. «Para nosotros Argelia es fundamental y es un Gobierno amigo. Pero se ha intentado jugar, creo que desacertadamente, a crear un equilibrio en el que se da más prebendas a Marruecos que a Argelia».

«Francia no se fía de Argelia, pero sí de Marruecos. Y España debería hacer lo mismo, porque es el único socio serio que tiene en el Magreb», asegura Verstrynge para quien el mayor problema de la inmigración no lo representan los magrebíes, «porque si España quiere los devuelve y Marruecos los acepta».

«El problema son los subsaharianos, que nadie quiere. Por eso Marruecos puede levantar el freno. Marruecos es el muro de contención y no tiene ganas de jaleo», concluye.

*Sputnik

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