Un aliado muy fiel: este país soñó con ser la 17ª república de la URSS y China se lo ‘impidió’

Mongolia fue un aliado fiel de la Unión Soviética a lo largo del siglo XX. Pero pocos saben que en varias ocasiones el país asiático solicitó ser incorporada en la URSS como una de las repúblicas constituyentes. Sputnik relata por qué Ulán Bator quiso unirse al gigante comunista y por qué Moscú dijo que no.

Por Denis Lukyanov*

El inicio del camino: Rusia, China y la independencia de Mongolia

Las raíces de las relaciones cercanas entre Moscú y Ulán Bator se remontan a la época en la que Rusia llegó por primera vez a los inmensos territorios que colindaban con la China gobernada por la dinastía Qing —si no tomamos en cuenta las invasiones mongoles de la antigua Rus—. Durante el primer contacto con Rusia, Mongolia era parte de China, pero para el principio del siglo XX se manifestaron tendencias secesionistas en el gigante asiático.

El 29 de diciembre de 1911 el territorio que hoy en gran medida corresponde a Mongolia declaró su independencia de China. Sin embargo, desde 1911 hasta 1921 siguió siendo de hecho una autonomía china, si bien era considerado un Estado no reconocido y estuvo bajo el protectorado del Imperio ruso. Pekín continuó considerando a Mongolia como parte de su territorio y en 1919 las unidades chinas eliminaron la autonomía mongola. 

No obstante, en 1921 la División Asiática de Caballería liderada por el comandante ruso Román von Ungern-Sternberg, quien recibió la aprobación del monarca mongol Bogd Khan, en plena guerra civil rusa ayudó a los mongoles expulsar a los chinos. El Imperio ruso apoyó las aspiraciones de los mongoles de independizarse de China y por eso los independentistas mongoles estaban tan orientados hacia Rusia.

En octubre de 1920 una delegación mongola llegó a la Rusia socialista para pedir el apoyo de los bolcheviques, que para ese momento habían tomado una ventaja decisiva en la guerra civil rusa. Los delegados mongoles esperaban que los comunistas rusos los apoyaran en la lucha por su independencia de China. Pero todos los esfuerzos de los representantes de Mongolia fueron en vano.

En aquella época las autoridades de la Rusia socialista consideraban que Mongolia serviría como un trampolín para la exportación de la revolución socialista a China —que todavía estaba lejos de convertirse en un gigante comunista— y después al resto de Asia. Desafortunadamente para los mongoles, Moscú no tenía planes ni de apoyar ni de reconocer la independencia del nuevo país. Un paso tan brusco podría haber estropeado sus planes de promover la revolución socialista mundial.

Esta actitud cambió un poco con el paso del tiempo. El 26 de noviembre de 1924 fue proclamada la República Popular de Mongolia, un Estado socialista orientado hacia Moscú. Para aquel entonces las unidades del Ejército Rojo llegaron a Mongolia. Inicialmente estaba previsto que los militares soviéticos permanecieran en el país asiático hasta 1926, pero muy pronto el Gobierno de la URSS planteó la necesidad de retirar sus fuerzas. 

Fue la primera ocasión en la que Moscú actuó de manera cautelosa hacia Ulán Bator. Sin embargo, esto no le impidió desarrollar relaciones con la nueva nación socialista en Asia, una región de suma importancia para la URSS. Todo esto es extremadamente importante para entender por qué Mongolia no se convirtió en una nueva república de la Unión Soviética, a pesar de que muchos habitantes del bloque socialista les hubiese gustado que ese sueño se convirtiera en realidad.

Estudiantes mongoles en Leningrado (archivo)
Estudiantes mongoles en Leningrado
Mongolia, con ganas de ser incorporada en la URSS

En sus diferentes etapas la URSS estuvo compuesta por un número variado de repúblicas constituyentes que osciló entre 4 y 16. El número máximo fue de 16 e incluyó a la República Soviética Socialista de Carelo-Finesa, que existió entre 1940 y 1956. Precisamente en esa época sonaron voces a favor de la incorporación de Mongolia en el seno de la Unión Soviética. Las autoridades mongolas querían que su país se convirtiese en la 17ª república del gigante comunista.

Sin embargo, habrá que considerar el ejemplo de otro país asiático que pasó a formar parte de la URSS. En 1921 en una parte de los territorios que antes pertenecían a la China de la dinastía Qing se formó la República de Tannu Tuvá. Este territorio en el pasado se encontraba bajo el protectorado del Imperio ruso y luego también fue considerado parte de Mongolia. Tannu Tuvá existió hasta 1944, cuando fue incorporada voluntariamente como parte de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.

En 1954 Mongolia quiso seguir el ejemplo de la República Popular de Tuvá —otro nombre de Tannu Tuvá, hoy parte de la Federación de Rusia—. El primer intento tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial. 

Luego, en 1956, el nuevo líder de Mongolia, Yunjaagiin Tsedenbal, solicitó en reiteradas ocasiones que su país fuera incorporado en la URSS como una de las repúblicas constituyentes, pero la respuesta de Moscú siempre fue negativa. Además, el Partido Revolucionario del Pueblo de Mongolia —el único y gobernante partido de Mongolia hasta 1990— se opuso a la idea.

Yunjaagiin Tsedenbal, líder de la Mongolia comunista
Yunjaagiin Tsedenbal, líder de la Mongolia comunista.

Ser parte de la Unión Soviética suponía un gran número de ventajas. Moscú brindaba seguridad y desarrollo económico sostenible a las repúblicas integrantes. Sin embargo, es importante entender que con la negativa de Moscú las cosas no cambiaron mucho para Mongolia ya que los lazos entre dos países comunistas fueron muy estrechos. Ulán Bator efectivamente gozaba de casi todos los beneficios de una república soviética.

Moscú entendía que Mongolia era una zona de mayor interés para China y, de hecho, Pekín le ‘impidió’ a Mongolia a pasar a formar parte de la URSS. Al mismo tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial este país sirvió como un Estado colchón entre la URSS y las fuerzas japonesas en el norte de China. Moscú aprendió bien la lección y por lo tanto decidió que para la seguridad de Mongolia y la de la propia Rusia era lógico que ese país asiático mantuviera su independencia.

El pueblo mongol, aun así, siempre fue un aliado muy fiel de la URSS. Por ejemplo, durante la Gran Guerra Patria —el nombre dado a la guerra entre la URSS y la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial— la ayuda mongol jugó un importante papel en la derrota del nazismo. Desde los primeros días de la guerra, Mongolia enviaba ayuda militar a la parte europea de la Unión Soviética, lo que forjó aún más la amistad entre dos pueblos. 

Hoy en día, Mongolia se parece a una ex república de la URSS. Ulán Bator es una típica ciudad postsoviética. Además, allí muchas personas estudian el idioma ruso en las escuelas y lo hablan perfectamente. Igual que en muchas repúblicas de Asia Central el principal alfabeto que se usa para escribir en el idioma oficial —en este caso, el mongol— es cirílico. En ese país asiático hay muchos monumentos hechos al estilo soviético. En pocas palabras, Mongolia se parece mucho a la URSS.

Ulán Bator, capital de Mongolia
Ulán Bator, capital de Mongolia.

Actualmente la población de Mongolia es minúscula, solo 3,53 millones de personas. Especialmente si la comparamos con la de China, donde viven más de 1.400 millones de personas. Si Mongolia hubiera permanecido como parte de China, habría corrido el mismo destino que Mongolia Interior —hoy controlada por Pekín— donde los chinos con el paso del tiempo se convirtieron en la mayoría absoluta de la población.

Por otro lado, si Mongolia hubiera sido incorporada en la Unión Soviética, pocas cosas habrían cambiado, teniendo en cuenta la amplia gama de los campos en los que Moscú y Ulán Bator cooperaban. Es muy probable que con la disolución de la URSS en 1991 el Estado mongol hubiese sido independiente de nuevo y se habría despedido del sistema comunista como lo hizo en 1992 en nuestra línea de tiempo.

*Sputnik

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