Zoom y el cruce de la última frontera del hogar en la pandemia

Varios colegas le gritaban a Ben para advertirle que la cámara de su computadora personal estaba encendida mientras se paseaba completamente desnudo por la habitación; un alumno universitario argentino decidió dormir la siesta en su cama durante una clase y otro aprovechó la lección para tomar una ducha… todo visto por las pantallas de Zoom.

Por Patricia Avila*

Aunque la vida diaria está casi dominada por la tecnología, y las pantallas ocupan la mayor parte del tiempo libre de las personas, pocos estaban acostumbrados a que las cámaras se dirigieran al interior de su hogar.

Desde marzo, la plataforma Zoom se adueñó de las pantallas y pasó de ser una empresa tecnológica poco conocida para videoconferencias empresariales a dominar el mercado de las comunicaciones masivas a distancia, con un crecimiento de 300 por ciento a fines de noviembre y usado por 300 millones de usuarios diarios.

Los primeros meses del confinamiento fueron los más difíciles, y las redes, a las que la profesora holandesa de medios y sociedades digitales José van Dijck, de la Universidad de Utrecht, llama «espada de doble filo», jugaron un papel predominante en la vida diaria.

Los niños gritaban mientras sus padres participaban en reuniones virtuales laborales, las mascotas saltaban inesperadamente a la falda de las personas frente a las pantallas y a veces alguien aparecía a medio vestir en el fondo de la imagen.

Otros dormían. Como el estudiante Mateo Peluso, de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, que se durmió tapado hasta el cuello en medio de una clase de psicología.

«Se me duermen en clase, pero en la cama no se me había dormido nunca ninguno», dijo el profesor en la clase virtual, que se hizo viral en cuestión de horas.

Francesca, una hiperactiva niña uruguaya de 9 años, estaba muy callada mientras asistía a una clase virtual de tercer grado de primaria porque las clases dejaron de ser presenciales en medio de la pandemia.

«Siempre había que insistirle para que entrara, se aburría, y buscó la manera de poder zafar. Puso la pantalla en negro y como nombre de usuario ‘Reconnecting’, con tres puntos suspensivos, para que la maestra pensara que ella tenía problemas de conexión. La tendría que haber rezongado, pero en un primer momento me reí porque no podía creerlo», contó a esta agencia Mariana Silva, madre de la niña.

ESCÁNDALO, ES UN ESCÁNDALO

Al igual que Ben, una mujer identificada como Jennifer participaba de una reunión laboral virtual cuando decidió ir al baño… y llevarse la computadora con la cámara encendida con ella.

En medio de carcajadas, sus colegas intentaban avisarle que estaba en vivo. Cuando Jennifer se dio cuenta, todavía en el baño, abandonó rápidamente el chat.

Ocurrió algo similar en una reunión virtual entre empresarios y el presidente brasileño, Jair Bolsonaro. Una de las pantallas le llamó la atención y aunque intentó no dejar en evidencia al hombre, su ministro de Economía, Paulo Guedes, fue directo: «Hay un tipo bañándose ahí, desnudo».

En Argentina, el diputado Juan Emilio Ameri pensó que se había quedado sin conexión. Entonces aprovechó para mantener un momento erótico con su pareja. Varios de sus colegas lo vieron y lo reportaron al presidente de la Cámara. El legislador fue suspendido y poco después renunció a su partido, el oficialista Frente de Todos.

Para la profesora Van Dijck, «las redes sociales pueden enfrentar a las personas, pero también las impulsan a realizar acciones conjuntas, crear un movimiento».

«No deberíamos subestimar ese lado positivo de las redes sociales», afirma.

EL LADO OSCURO

Pero como en todas las redes sociales, no faltaron quienes usaron la plataforma para cometer abusos.

Durante los primeros meses de la pandemia, en los que Zoom no podía responder con rapidez a tanta demanda, piratas informáticos interrumpieron decenas de conferencias con mensajes homofóbicos, racistas y misóginos.

Los principales blancos han sido conferencias organizadas por mujeres, que se han visto interrumpidas por gritos, vídeos pornográficos o saludos nazis.

La práctica, llamada ‘zoombombing’, hasta formó parte de una advertencia del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés) de EEUU. Luego de miles de denuncias, Zoom implementó mejoras en su seguridad, aunque le llevó varios meses.

Aunque muchos aparecieron desnudos o a medio vestir por accidente, otros lo hicieron conscientes de que estaban con la cámara encendida.

Por ejemplo, un estudiante de la Facultad de Derecho de la universidad estatal de Uruguay comenzó a masturbarse en una clase de Bioética, por lo que la profesora suspendió la clase y denunció al alumno, quien cuando sus compañeros solicitaron que se lo sacara de la clase, comenzó a reírse. El decanato presentó una denuncia ante la Fiscalía e inició una investigación.

Los ladrones tampoco tuvieron suerte y varios fueron atrapados por la policía luego de que quienes estaban del otro lado de la pantalla llamaron a los servicios de emergencia.

En Ecuador, cuatro sujetos ingresaron a una casa armados para robar pero los compañeros de estudio de la joven que fue atacada denunciaron la situación de inmediato a la policía; y en California, una profesora se dio cuenta que algo malo pasaba cuando vio la cara de pánico de dos de sus estudiantes al finalizar la lección.

Un desconocido había ingresado a la vivienda pero la abandonó rápidamente cuando se percató de que los adolescentes estaban conectados pidiendo ayuda.

Y en Florida (EEUU, sur) una maestra presenció el asesinato de la madre de una de sus alumnas que estaba conectada a clase. La mujer murió baleada por su expareja frente a sus hijos y sobrinos, mientras su hija de diez años tomaba una clase por Zoom.

*Sputnik

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