EDITORIAL.- Los entresijos de la Big Pharma y sus vacunas

La decadencia del modelo económico capitalista no se expresa sólo en las desigualdades y las graves consecuencias que ello tiene para la mayoría de la Humanidad.  La avaricia, inherente al fin de lucro, tiene otras facetas perversas.

Cada año  un número alarmante de niños mueren por enfermedades curables, sin que a las multinacionales, que han hecho de la salud un multimillonario comercio, les resulte suficiente para continuar obteniendo pingües beneficios.

Son las grandes compañías farmacéuticas que operan en cualquier país  cabildeando a Gobiernos y realizando pagos a médicos para que éstos promuevan sus medicamentos, en un claro conflicto de interés que trafica a fin de cuentas con la salud. Esta contradicción ética en la que los médicos se encuentran es oprobiosa.

La “Big Pharma” es una mafia global cuyo máximo negocio no es curar a las personas sino mantenerlas enfermas para que sigan consumiendo medicinas. La creación de  padecimientos de todo tipo es una multimillonaria industria en la que las farmacológicas usan el marketing para promover patologías que nacen del desarrollo de un fármaco y no de la existencia de la enfermedad en sí. 

El premio Nobel de Química de 2009, Thomas Steitz, ha afirmado que las farmacéuticas no invierten en antibióticos que curen definitivamente, ya que su negocio son los preparados que se toman toda la vida. Igualmente, para  el Premio Nobel de Medicina, Richard J. Roberts,  la industria farmacéutica invierte en medicamentos cronificadores porque son más rentables y bloquea aquellos que representan una verdadera curación, como ocurre con el dicloro acetato, sustancia sin patente con la que investigadores canadienses logran curar el cáncer,  más barata que los medicamentos utilizados para combatirlo,  y que no ha recibido apoyo ni divulgación. Igualmente, el Cimavax EGF, primera vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón, desarrollada en Cuba, que convierte el cuadro en una enfermedad crónica controlable.

Ahora el gran negocio está en las vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad COVID-19 y cuyo origen está aún por saber, al menos por los ciudadanos que son utilizados además como cobayas humanas.

La estadounidense Pfizer junto a la alemana BioNTech, cerraron el año bursátil con una capitalización de 204.660 millones de dólares, la norteamericana y 21.215 millones de dólares la germana;  la biotecnología de EEUU, Moderna, alcanzó una capitalización bursátil de 44.082 millones de dólares, un incremento del 576.28% respecto al 31 de diciembre de 2019. Lo mismo ocurre con la británica AstraZeneca, su capitalización de mercado ascendió con la vacuna a 128.039 millones de dólares. Las estadounidenses Johnson & Johnson y Novavax, 403.279 y 5.975 millones de dólares, respectivamente.

La salud de las personas requiere de un sistema que no esté engullido por máquinas  capitalistas de hacer dinero. No debe ser un negocio; es un derecho humano universal.

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