La ola de frío histórica y la pandemia agravan la pobreza energética en España

Las heladas están congelando aquellos hogares que sus ingresos les impiden encender la calefacción.

«¿Calefacción? En mi casa no puedo permitirme este lujo», exclama Gabriela Ion. Pijamas gordos, calcetines y una manta sobre otra. Le cuesta combatir el frío que deja a su paso la borrasca Filomena. La ola de frío histórica pone en aviso a una treintena de provincias por temperaturas que podrían llegar a los -15ºC. La mayor nevada del siglo, que pasará a ser hielo, está congelando sobre todo a aquellos hogares cuyos ingresos les impiden calentar sus casas. Es lo que se conoce como pobreza energética.

Vivir en un hogar con una temperatura adecuada, poder ducharse con agua tibia o comer caliente se ha convertido en un privilegio que no pueden permitirse 7 de cada 100 personas en España. 

«Cada mañana cuando me despierto, compruebo si tengo luz. Me parece un milagro cada hora con energía», dice preocupada Gabriela. Tiene 39 años, es madre soltera de un hijo autista y una niña de 14 años. «Ahora lo que me faltaba es la nieve y el frío. Estamos todo el día tiritando», explica. Con la pandemia se quedó sin trabajo en marzo y hasta mediados de noviembre no se reincorporó en una empresa de limpieza para un hospital.

Relata que durante los meses sin empleo lo ha pasado realmente mal. «Hubo días que no tenía ni para comprar el pan. Mi hijo necesita un tratamiento especial y la Seguridad Social solo nos cubre el 40 %. Ahora, aunque trabaje arrastro todas las deudas de facturas de luz, agua y gas que no pude pagar. Tengo avisos de corte de suministros». 

Carmen Regidor tiene 62 años, vive sola en un piso pequeño y se lamenta por el frío que hace estos días. «No me puedo permitir la calefacción. Lo soluciono con bolsas de agua caliente y con dos mantas que tengo», cuenta a RTVE.es. También se viste con tantas capas de ropa que, dice, «parezco una cebolla». Se acuesta a las nueve de la noche para no gastar luz y estar más arropada entre las mantas. 

«Vivo cerca de un centro comercial y voy allí todos los días para calentarme un rato», reconoce. Ventila la casa todas las mañanas, más ahora con el coronavirus y luego cierra las ventanas.»Me hago un café y desayuno con los guantes puestos», confiesa Carmen.

A una persona a la que le cortan la luz “no puede cocinar, no puede cargar el móvil, no tiene acceso a internet, no puede estudiar y las consecuencias son muchas. Están en una situación agravada de partida con respecto a otras”, argumenta Mario Sánchez Herrero, profesor de economía en la Universidad Complutense de Madrid y director de Ecooo, una plataforma que promueve y desarrolla proyectos a favor de un nuevo modelo energético sostenible y en manos de las personas.

La pobreza energética tiene un impacto directo en la salud 

“En principio no tener energía afecta a la salud de las personas porque empeora enfermedades, afecta a personas que su vida depende de una máquina, también impacta en la mente de quienes se enfrentan a la disyuntiva de comer o calentar”, argumenta la directora del área Energía y Persona de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), Cecilia Foronda. Desde esta entidad trabajan a nivel nacional en el ámbito de la eficiencia y pobreza energética en el hogar.

Un estudio de investigadores liderado por el Institut d’Investigació Biomèdica de Sant Pau, en Barcelona, revela que «a mayor pobreza energética, peor salud». Se trata del primer estudio que analiza la relación directa entre la pobreza energética y la salud en el sur de Europa y concluye, por ejemplo, que la probabilidad de tener bronquitis crónica es 4,94 veces superior en mujeres y 5,43 más en hombres que sufren esta situación, y respecto a la depresión y la ansiedad, entre 3 y 4 veces más. 

Gabriela Ion nos explica que su hijo, además de ser autista, sufre «ataques de epilepsia entre ocho y doce veces al día». Cuenta a RTVE.es que desde que se ha quedado sin tratamientos, cada vez que le dan lo pasa mal porque tiembla y pasa frío: «Le tengo que poner todas las mantas que tengo». Recurre al secador, a veces, para calentarse un poco y su niña «siempre lleva un gorro». 

El acceso a la energía es un derecho, no un lujo

Los expertos aseguran que en nuestro país es importante concienciar de que la energía no es un lujo. «La energía nos permite desarrollar una vida digna», sentencia José Luis López,experto y director de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), una organización integrada por profesionales, científicos y técnicos de diferentes disciplinas preocupados y ocupados en el estudio de los problemas ambientales. 

«Cuando mis hijos me piden una ducha para entrar en calor porque tienen frío les tengo que explicar que ahora no podemos pagar las facturas y que hay que ahorrar agua caliente», confiesa Ion. Vive con el miedo constante de que le corten la luz: «Es todo eléctrico así que evito calentar la comida.

«Las familias, en estos casos, llevan a cabo una estrategia. Al principio reducen los gastos variables y poco a poco van tocando los gastos fijos. Intentan ahorrar energía, la ducha caliente y también en la cocina. Cuando todo esto no es suficiente se retrasan con los pagos de los recibos. No siempre piden ayuda y lo más grave es cuando se produce un corte de suministros», señala el director de ACA

Esta situación se convierte en un problema cuando una familia vive así permanentemente y López añade que «esto afecta a todos los niveles de la vida: a los estudios, a la mente, la socialización, al trabajo y por supuesto a la salud y esta es la peor de las consecuencias». «Siento mucho más la soledad», dice Carmen que se le ha juntado el frío con la pandemia. 

«Uno de los indicadores claves para comprender en que lugar estamos en España es preguntar a las familias si pueden mantener su vivienda a una temperatura adecuada. Esta pregunta se hace todos los años y en España la respuesta siempre es negativa. En los países nórdicos esto no pasa», asegura Jose Luis López. 

Se disparan los precios mientras hace más frío 

Carmen tiene una pensión por invalidez permanente total. «Entre los gastos de alquiler, del agua, de la luz me quedan 100 euros para vivir. Tengo pánico al recibir de la luz y no poder pagarlo. A veces, prefiero utilizar una vela, antes de quedarme dormida o una lámpara de sal que gasta menos», confiesa por teléfono a RTVE.es. 

Los precios de la luz en el mercado mayorista están en alza en plena ola de frío y si el precio del lunes 11 se compara con el de la semana anterior, el 4 de enero, en el que marcó 59,85 euros/MWh, es un 37,8 % mayor.El precio de la luz registra este viernes su segundo nivel más alto de la historia

Durante el 2020 se redujo la demanda del consumo energético y con ello bajaron los precios. «El año pasado hemos tenido mucha suerte con los precios. Fueron los más contenidos que se han registrado históricamente, ahora se está dando todo lo contrario. Estos días los precios se están disparando y se espera que vayan subiendo en las próximas semanas», calcula el director de ACA. 

En los meses del primer confinamiento bajó el consumo, pero estos días, argumenta Sanchez-Herrero, «se junta que la oferta eólica ha caído y se consume más electricidad. El temporal trae nieve, pero no viento, por lo que tiramos del gas. Hay unas necesidades energéticas mayores porque estamos más en casa y los precios se disparan».  

Ahora en medio de la crisis sanitaria y el frío «se acentúa que para tener una vida digna es necesario tener acceso a la energía», reclama Foronda. Además, nos recuerda que la subida de precios va a afectar sobre todo a las personas mayores que están más tiempo en casa, se mueven menos y no pueden costear un método para calentar sus casas. Otro colectivo que verá afectado su bolsillo son las familias monoparentales. 

Erradicar la pobreza energética sigue siendo un reto en España 

España presenta una de las mayores incidencias con respecto al resto de países europeos en pobreza energética. Existe el bono social y apoyos sociales que ayudan a pagar la luz, pero los expertos consideran que estas medidas son insuficientes.

«España tiene una alta incidencia de pobreza energética, es una tendencia que venimos observando, hemos hecho varios estudios en países que tenemos un clima similar y registramos la tasa de pobreza energética más alta. Esto es paradójico, pero es y cuando llega el invierno es un coladero de energía», la ACA.

Sanchez-Herrero denuncia que «el bono social no le da a nadie el acceso a un mínimo de energía, no es energía gratis, sino que se paga menos. En España además tenemos una estructura de la tarifa eléctrica muy regresiva. La tarifa tiene en un término fijo y un término variable. El término fijo de la factura en nuestro país es el más caro de Europa. Aunque ahorres no tiene tanto un premio.»

Desde ECODES recuerdan que en nuestro país más del 53% de las viviendas construidas no cuentan con aislamiento térmico. «Es importante incrementar el ritmo de la rehabilitación energética no solo para erradicar la pobreza energética pero también para luchar contra el cambio climático. Nuestras viviendas despilfarran energía y además todo esto afecta al bolsillo de las personas más vulnerables», concluye Foronda.

RTVE

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