El Tercer Reich en Venezuela: las conexiones olvidadas

El 16 de febrero se cumplirán 79 años de un episodio casi desconocido de la historia venezolana.

Por Mauricio Montes*

Aquel día, el buque petrolero Monagas, de bandera venezolana, fue hundido por un submarino alemán del tipo U-502 (Tipo IXC/40) en la Península de Paraguaná como parte de la gran operación militar nazi en el Caribe para detener el suministro de petróleo a las potencias aliadas. 

No fue el único en correr esa suerte. Entre febrero y el 16 de marzo de ese año, la marina de guerra alemana (la Kriegsmarine) torpedeó los buques San Nicolás, Tía Juana, Pedernales, San Rafael, Oranjestad y Arkansas, que se dirigían a las refinerías de Aruba, Curazao y Trinidad. 

El historiador Vicente Quintero señala que el conocido mar mediterráneo americano era un área geoestratégica de interés no solo para los estadounidenses, sino además para toda potencia que quisiera emprender un proyecto de dominio hegemónico. Tanto Panamá como uno de los países con salida a dos océanos, como Venezuela, han sido apetecidos.

«Los alemanes habían mostrado interés en las islas La Orchila y Margarita durante el siglo XIX. Los países europeos, en general, valoraban poseer islas en el Caribe. A medida que Estados Unidos se fue fortaleciendo a nivel internacional, estos comenzaron a adoptar una posición más prudente a la hora de establecer bases y puntos estratégicos en el Caribe», apunta Quintero. 

A raíz de tales hechos, el presidente venezolano de esa época, Medina Angarita, decide ingresar al plan de Cooperación para la defensa del Hemisferio, durante la Conferencia realizada en la ciudad de Río de Janeiro en 1942. Con lo que se sentaría las bases para la tutela absoluta de Estados Unidos sobre los temas militares y de defensa del continente americano. 

Nazis en Venezuela

El investigador Vicente Quintero, a través de una amplía investigación sobre los vínculos de la élite política venezolana de mediados de siglo XX y los afiliados al Partido Nacional socialista Obrero Alemán revela que existen elementos para considerar que personajes poderosos de Venezuela estaban divididos entre proaliados y proeje (es decir, pronazi). 

Quintero explica que en los archivos de debate del extinto Congreso de Venezuela, en los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, dichos vinculaciones y simpatías se sometieron a revisión. 

«En su defensa argumentaron que la mayoría de los crímenes del nazismo y las potencias del Eje no se conocieron sino hasta el final de la guerra y que era necesario mantener una posición balanceada durante el conflicto; no se sabía, después de todo, quién iba a ser el ganador», puntualiza Quintero al reflexionar sobre el análisis de las fuentes históricas.

El interés sobre estos vínculos llegó al aparato de inteligencia estadounidense, que realizó una profunda investigación llegando a mapear las actividades del partido nazi en el país suramericano.

Actividades de los nazis en Venezuela según el FBI
Actividades de los nazis en Venezuela según el FBI.

«La guerra no siempre entorpeció las relaciones económicas entre Venezuela y Alemania; no en un principio. A medida que el conflicto evolucionaba y las presiones de los estadounidenses se intensificaban, las cosas cambiaron. Muchos comercios alemanes fueron estigmatizados en Venezuela. Tanto la prensa venezolana como las publicaciones oficiales del Colegio Humboldt de Caracas lo evidencian. Los venezolanos se habrán olvidado de lo que pasó con el paso del tiempo (factor tiempo-memoria), pero durante algunos años los alemanes cargaron con el estigma nazi, aun aquellos que poco o nada tenían que ver con el conflicto. De hecho, algunos tuvieron que vender sus activos muy por debajo del precio real debido a estas circunstancias. Es importante contextualizar las fuentes y las opiniones, sobre todo en un período de guerra», destaca el investigador.  

Quintero matiza que un hecho poco estudiado por los historiadores, es que efectivamente Venezuela no era evaluada por los alemanes sólo en su dimensión geoestratégica, sino también apelando a otros factores de índole más históricos e identitarios. 

«En el libro Die Welser landen in Venezuela, el periodista nazi Erich Reimers afirmó que Venezuela era un territorio legítimamente alemán que había que ‘rescatar’. El control de Venezuela había sido usurpado por los españoles, aun cuando los alemanes eran quienes tenían la legítima soberanía sobre estas tierras y sus recursos. Todo esto tiene sus antecedentes en la misma Primera Guerra Mundial. Por lo menos desde ese entonces, los alemanes habían creído que era su legítimo derecho recuperar sus colonias en América y África», agrega.

En el libro El tercer Reich en Venezuela, Quintero rastrea el origen de este sentido de propiedad alemán sobre Venezuela, hasta la época colonial. Específicamente, al 27 de marzo de 1528 cuando la corona española firma un contrato que le brinda amplios poderes a la compañía de Bartolomé Welser en los nuevos territorios conquistados.

«El establecimiento de los Welser en Venezuela estuvo motivado por la extracción y comercialización de minerales, así como también por el muy rentable negocio de la trata de esclavos de origen africano».

Según el investigador, solo con esos antecedentes es que se entiende el testimonio del buceador militar alemán Rudolf Schwarz, recogido por el historiador Miguel Ángel Prieto en su libro Arqueología submarina e historia de la guerra del mar en Venezuela (1942-1944), donde hace balance de la manera en que se desarrolló la intervención de la armada nazi en el Caribe durante la Segunda Guerra Mundial:

«La estrategia de recuperación de las antiguas colonias era progresiva, a largo plazo y tenía como base la obtención de Concesiones de Explotación Minera y Petrolera, los desarrollos empresariales privados, y la ocupación lenta pero firme de los territorios con grandes desarrollos fabriles. En ese sentido la irrupción violenta en el golfo de Venezuela en 1942 evidenció una impertinente e inexcusable improvisación que realmente no tuvo ninguna relación con el plan original y que creó un conflicto innecesario con los Estados Unidos y con Venezuela».

Profundizar las investigaciones

A pesar de la considerable extensión del libro publicado, Vicente Quintero considera que aún existe la necesidad de hacer más esfuerzos investigativos. La historia de el Gran Ferrocarril de Venezuela, conocido también como ferrocarril alemán, es apenas una de las temáticas que a juicio del experto valdría la pena abordar desde el marco conceptual de lo que significaba Venezuela para Alemania.  Sin embargo, también existen otras áreas de interés dentro de este período complejo que significó la Segunda Guerra Mundial, en especial, al papel que jugaron los países que no estuvieron envueltos directamente en el conflicto.  

«Me gustaría investigar, en un futuro, la existencia de los campos de concentración en Venezuela. Encuentro muy interesante que algunas de las más importantes prisiones venezolanas fueron construidas, precisamente, durante este período. Guasina fue construida en 1939, año en el que comenzó la Segunda Guerra Mundial y antes de que se promulgara, en Gaceta Nacional, la creación oficial de campos de concentración en territorio venezolano. Sin citar ninguna referencia, la página de Wikipedia sobre Guasina señala que esta fue usada como campo de concentración para inmigrantes indocumentados. Pero la Gaceta Nacional N°20.835, del año 1942, dice muy claramente y sin espacio para la ambigüedad que el Ejecutivo Federal podrá crear Campos Nacionales de Concentración, en donde los naturales de países con los cuales Venezuela haya roto las relaciones diplomáticas o se encuentre en guerra, y cualesquiera otros extranjeros, a quienes se considere peligrosos para la seguridad nacional, podrán ser internados en campos nacionales de concentración o confinados a poblaciones del interior de la República, o lugares fronterizos siempre que así lo juzgue necesario el Ejecutivo Federal para precaver actividades que puedan perturbar el orden público, o las instituciones de la República. Es decir, más que darle respuesta a la situación de los inmigrantes indocumentados, esto fue una medida de guerra. Esto hay que profundizarlo», concluye.

*Sputnik

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