La variante británica del coronavirus: de residual durante la tercera ola a posible cepa dominante en España

La aparición en diferentes partes del mundo de variantes del SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad COVID-19, ha hecho saltar las alarmas con respecto a la posibilidad de que estas mutaciones aumenten la capacidad de contagio y la mortalidad del patógeno. En estos momentos hay tres que preocupan especialmente: Reino Unido, Sudáfrica y Brasil. De ellas, la británica ya ha sido detectada en diferentes hospitales españoles, en regiones como Madrid, Cataluña o Cantabria. 

Que en todos los casos las variantes son más contagiosas es algo que ya se sabía, pero el presidente de Reino Unido, Boris Johnson, ha asegurado recientemente que la nueva detectada en el sur del país «podría estar asociada a un mayor nivel de mortalidad». Sin embargo, tanto la OMS como numerosos científicos cuestionan este punto, ya que los datos aportados no son lo suficientemente sólidos.

A continuación, se intenta responder a las principales cuestiones que puede suscitar esta variante del SARS-CoV-2 que ya se está detectando en numerosos hospitales españoles:

¿La variante británica está detrás de la tercera ola en España?

Puede haber influido, pero si lo ha hecho ha sido de manera tímida, ya que los casos de COVID-19 comenzaron a crecer mucho antes de que se detectase por primera vez la variante británica en pacientes españoles.  «El aumento de casos en España no ha tenido que ver con la cepa inglesa», expresa a RTVE.es Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universitat de València, quien cree que «sin lugar a dudas en ese aumento espectacular hay una parte de la cepa británica, pero no es la principal causa, ni mucho menos». 

«El actual aumento de casos en España tiene que ver más con el comportamiento y con la falta de medidas… Si además de todo, se añade una cepa un poco más transmisible, la situación no hace más que empeorar sobre lo mucho que ya estaba empeorando», recalca.

¿Puede convertirse en la cepa dominante en España?

Podría llegar a serlo, aunque el hecho de que sea más contagiosa no lo garantiza. «Eso nadie puede decirlo todavía con seguridad. Hemos visto cómo variantes se han extendido, llegando a ser dominantes, sin que tuvieran ninguna ventaja», explica González Candelas, quien también es codirector de SeqCOVID, el consorcio que secuencia los genomas del SARS-CoV-2 en España.

Este genetista pone como ejemplo a la variante dominante en España desde la segunda ola, que en ningún momento ha mostrado ventajas constatables, y «ha llegado a suponer el 90% de las cepas detectadas en nuestro país». Es la que se detectó por primera vez entre los temporeros de Aragón y Lleida, y se extendió por otros países de Europa, llegando incluso a ser la cepa mayoritaria en los análisis de Inglaterra durante el pasado mes de octubre.

¿De qué depende que se pueda convertir en dominante?

Hay muchos factores que entran en juego, por lo que anticipar escenarios es prácticamente imposible. «La dinámica es muy difícil de predecir, porque depende de comportamientos concretos en según qué poblaciones», sostiene González Candelas. También, apunta a la posibilidad de que el impacto de la nueva cepa no sea uniforme en todo el territorio español: «En España puede pasar que haya regiones en las que alcance una proporción muy alta, y en otras no sea tan alta».

¿Puede afectar la variante británica a la efectividad de las actuales vacunas?

En principio, no debería hacerlo. Las pruebas realizadas en laboratorio por la farmacéutica Pfizer indican que el impacto de la variante británica en su vacuna es mínimo. Los científicos enfrentaron muestras de sangre de personas que ya habían sido inmunizadas con un virus creado sintéticamente para reproducir las mutaciones encontradas en la variante británica, y los anticuerpos consiguieron neutralizarlo de manera efectiva.

Está por ver qué sucede con las variantes sudafricana y brasileña, aunque los primeros indicios apuntan a que las vacunas podrían perder efectividad. «En ambos casos, las mutaciones afectan directamente a partes de reconocimiento por anticuerpos, tanto monoclonales como policlonales, y esto sí que es más preocupante», valora Fernando González Candelas, quien recalca que hasta ahora las pruebas se han realizado con cultivos in vitro y la información real solamente se podrá tener cuando haya datos comparativos de infección en personas vacunadas, por lo que «tardaremos meses en tenerlos».

Este lunes, la farmacéutica Moderna ha asegurado que su vacuna «neutraliza» las variantes británica y sudafricana del virus SARS-CoV-2, según los resultados preliminares de pruebas clínicas. Sobre la variante brasileña, aún no se ha pronunciado.

Si afectase a las vacunas… ¿Habría que comenzar desde el principio?

No. Vacunas como la de Pfizer o Moderna, y en general todas las que se están desarrollando a nivel mundial desde diferentes enfoques y tecnologías, se pueden actualizar con relativa rapidez.  Por ello, es muy importante detectar lo antes posible las posibles variantes que puedan surgir.  En este sentido, el Ministerio de Sanidad español, junto con las comunidades autónomas, acaba de aprobar un protocolo para vigilar la aparición y circulación de nuevas mutaciones.

Incluso en el peor escenario, no es necesario volver a la casilla de salida, y «haría solo falta una reformulación de las vacunas». «Hay que tener en cuenta que todas ellas se han desarrollado muy rápidamente, ya que el virus se aisló y se secuenció genéticamente al comienzo de la pandemia, a partir de los primeros casos en Wuhan; por lo que se basan en las primeras secuencias, así que lo que habría que hacer es cambiar la cepa del virus sobre la que se han construido las vacunas» opina el genetista González Candelas, quien deja claro que si este proceso se lleva a cabo rápidamente, «la reformulación es cuestión de semanas, desde que se decide el cambio hasta que está disponible para la población».

«Estarías cambiando solo uno de los componentes que en su naturaleza química es idéntico, por lo que la mayor parte del proceso ya estaría hecha», resume.

Incluso en ese peor escenario, ¿servirían las vacunaciones previas?

Si se producen mutaciones que escapen al escudo protector desplegado por las vacunas, ninguna de ellas provocará que toda la inmunidad poblacional adquirida hasta ese momento se venga abajo. «Habrá escalas de inmunidad, no toda la población inmunizada sería completamente susceptible frente a la infección», aclara el catedrático de la Universitat de València, aunque «va a haber una fracción que antes era inmune y ahora no lo es… ¿Cuánto? Es imposible saberlo».

«En este escenario, volveríamos a una situación en la que sería necesario revacunar y reconstruir esa protección inmunológica. Un escenario similar al de la vacuna de la gripe», agrega.

¿Habrá más mutaciones?

Con toda seguridad. Mientras el virus circule entre las personas y se replique, va a seguir cambiando. Aunque no siempre tienen por qué ser para peor. Las mutaciones pueden tener una deriva negativa para el ser humano, pero también positiva, ya que pueden llevar a la atenuación del virus. El cambio forma parte de su naturaleza, incluso en el caso del SARS-CoV-2, que no se caracteriza por una especial capacidad de mutación.

¿Por qué se producen las mutaciones?

Los virus se replican constantemente. Las variaciones que se introducen son errores aleatorios en este proceso de replicación, algo que estos microorganismos hacen millones de veces y a gran velocidad. Algunas de las mutaciones son neutras. Hay otras que pueden llegar a ser muy negativas para el virus e incluso letales, porque le dan una clara desventaja. Estas no prosperan. Pero luego están las que le dan alguna ventaja evolutiva, que son las que van a predominar y tenderán a imponerse.

RTVE

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