Países Bajos califica de «violencia criminal» los disturbios y saqueos de este fin de semana en contra del toque de queda

La policía ha detenido al menos a 300 personas en lo que son las protestas más violentas en los últimos 40 años.

Situación similar ha ocurrido con la comunidad ultra ortodoxa en Israel que se ha movilizado contra las restricciones.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha calificado de «violencia criminal» los disturbios y saqueos que se han producido la noche este domingo en Holanda. Diferentes puntos del país se han convertido en una batalla campal entre policías y jóvenes que se han amotinado en contra del toque de queda decretado por el gobierno del país dada la evolución de la pandemia del coronavirus.

Convocados a través de las redes sociales, los jóvenes se extendieron a lo largo y ancho de los Países Bajos y ha provocado que este lunes el país haya amanecido con calles llenas de cristales rotos, comercios saqueados y hasta un hospital apedreado por los manifestantes. Ante la violencia en las calles, con quema de coches, tranvías y contenedores incluida, los manifestantes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad lanzando piedras y fuegos artificiales. La policía por su parte tuvo que intervenir y dispersar a los manifestantes empleando gases lacrimógenos, cañones de agua o perros.

Aún no hay datos oficiales sobre los detenidos, pero la cifra supera los 300, según las primeras estimaciones facilitadas por las autoridades de algunos de los municipios en los que se produjeron las revueltas. El director del sindicato de la policía neerlandesa, Koen Simmers, ha señalado que teme que lo ocurrido solo sea un “presagio” de lo que vendrá si continúan en vigor las restricciones vigentes desde mediados de diciembre y cree que el malestar social podrá durar “días o semanas”.

Una violencia nunca vista en los últimos 40 años

Rutte ha señalado este lunes lo ocurrido como “inadmisible” y “violencia criminal”, y ha subrayado que “cualquier persona normal solo puede ver con horror” esos disturbios, preguntándose “qué se le podría estar pasando por la cabeza” a los alborotadores. “Estamos luchando contra el virus para recuperar nuestra libertad. El toque de queda sigue siendo necesario. No estamos aplicando estas medidas por diversión. Es el virus el que nos quita la libertad”, ha enfatizado, advirtiendo de que el confinamiento seguirá vigente al menos hasta el 9 de febrero.

El toque de queda ha sido la primera restricción a la movilidad desde marzo y se ha producido a unas semanas de las elecciones legislativas que tiene que afrontar el país. Hasta entonces, el gobierno neerlandés había apostado por apelar a la responsabilidad ciudadana y la «madurez social».

El país no había visto una violencia similar en espacios públicos desde hace cuatro décadas, con los enfrentamientos entre la policía y los okupas en los años ochenta. «En Eindhoven, la situación se fue tanto de las manos que los alborotadores han atacado con cuchillos», ha añadido Simmers. Esta ciudad del sur del país ha sido uno de los puntos donde las protestas han sido más violentas.

Los antidisturbios trataron de dispersar la protesta de la plaza 18 Septemberplein con cañones de agua, pero el sistema se estropeó. Emplearon entonces gases lacrimógenos mientras recibían pedradas de los manifestantes que se dispersaron por diferentes calles instantes después.

Una vez disueltos siguieron destrozando mobiliario público y prendiendo fuego a coches y motos, y, una vez en la Estación Central, rompieron ventanas de comercios y entraron para salir con grandes bolsas o con las manos llenas de productos.

El alcalde de Eindhoven, John Jorritsma, ha llamado a los alborotadores como “la peor escoria del mundo”, y ha alertado de que, si la sociedad no está “unida contra el coronavirus, estaremos de camino a una guerra civil”.

Temor a nuevos enfrentamientos

Varias ciudades neerlandesas han declarado la situación de «emergencia» municipal para poder sacar a los antidisturbios a las calles e imponer si fuese necesario diferentes medidas para garantizar el orden público.

En varias ciudades del país, los empresarios de las zonas céntricas han tomado medidas para proteger sus negocios, levantando barreras con bloques de madera para ocultar puertas y ventanas, mientras otros comercios han tratado de limpiar los destrozos y han pedido a las aseguradoras hacerse cargo de las consecuencias de la violencia registrada.

A última hora de este lunes, se han registrado enfrentamientos en la zona sur de Róterdam, donde un grupo de cien jóvenes se han dado cita para provocar disturbios con la Policía, que escribe en Twitter que “ya se han realizado varios arrestos porque no se acepta la violencia contra los trabajadores” públicos. Los agentes han usado cañones de agua para dispersar la protesta.

Además, en Geleen, en la provincia de Limburgo, la policía ha desplegado a los antidisturbios por temores a una manifestación convocada por unas 150 personas en el centro de la ciudad a la hora de entrada en vigor del toque de queda, a las 21.00 hora local

Todos los políticos del país han condenado los hechos contra los agentes a excepción del líder de la ultraderecha del país. El partido de Thierry Baudet ha instado a la gente a «rebelarse contra el toque de queda para poder recuperar juntos su libertad».

Situación similar en Israel

Las restricciones que ha impuesto el gobierno israelí recientemente también han provocado disturbios en diferentes puntos del país. En la ciudad ultraordoxa de Bnei Brak, situada en la periferia de la capital administrativa del país Tel Aviv, la policía ha arrestado en la noche de este domingo a cuatro personas. Los manifestantes han tratado de tomar el parque de bomberos y han atacado autobuses públicos e incluso el coche del alcalde de la ciudad, cuando acudió a calmar los ánimos y no pudo salir de su vehículo.

También se han registrado protestas en Jerusalén, donde manifestantes han bloqueado calles, lanzado piedras y destrozado una estación de tranvía en el este de la ciudad. Las protestas, que se han sucedido los últimos días en menor medida, son la respuesta de grupos judíos ultraortodoxos a las actuaciones policiales para garantizar el cumplimiento de las restricciones impuestas por el coronavirus, que parte de esta comunidad incumple.

La facción ultraortodoxa radical de Jerusalén ha denunciado  «acoso policial vergonzoso» y «métodos violentos» de los agentes contra su comunidad a pesar de que durante las últimas semanas, la policía haya dispersado bodas en las que participaban cientos de invitados, ha cerrado escuelas que seguían dando clase mientras el sistema escolar del resto del país estaba cerrado o reducido, y ha intervenido en sinagogas que no respetaban las normas de reunión.

RTVE

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