¿De qué se trata la operación Octubre Rojo denunciada en Venezuela?

La Dirección General de Contrainteligencia Militar capturó a dos miembros de Octubre Rojo, acción que pretendía impedir las elecciones legislativas, asesinar a civiles y militares y sabotear antenas de la Secretaría General del Consejo de Defensa de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para evitar cualquier reacción contra ataques desde Colombia.

Por Mauricio Montes*

El ciudadano de nacionalidad estadounidense Ben Smith Benson, alias Luis Alberto Medina Guzmán, encabezó la acción terrorista dirigida por el líder de la oposición venezolana Juan Guaidó. Jean Carlos Roa, alias Porkis, y Karelys Silva, alias la Negra, ambos vinculados a la banda los Rastrojos, fueron los dos integrantes de la operación detenidos por las autoridades el 27 de enero.

El protector del estado de Táchira, Freddy Bernal, denunció esta operación terrorista fallida y advirtió que pretendían «liquidar actores políticos» como el diputado Yhon Luna; José Belisario, vocero del protectorado, y a él mismo, señaló a través de su cuenta Twitter.

Bernal detalló que Smith Benson es un mercenario formado en Colombia y EEUU en las artes militares y en acciones de guerra electrónica en Oriente Medio.

Ben Smith Benson, aunque responde al nombre de Luis Alberto Medina Guzmán, se desenvuelve entre grupos mercenarios como el Gringo. Nacido en Bogotá, se formó en PennState World Campus (EEUU) en el área tecnológica. Se ha especializado en psicología como especialista en inteligencia humana, cuenta con estudios para mantener la calma bajo presión y es experto en material de guerra de alta tecnología.

Bernal, en rueda de prensa, recordó que el Gringo se encuentra adscrito a la Brigada de Elite, División 82 Base Tolemaida. «Una de las bases militares que tiene EEUU en Colombia», apuntó. Ha cumplido misiones como mercenario en ataques cibernéticos en Israel a sus fuerzas enemigas, a estaciones petroleras en Irán, así como [ha participado] en planes de desestabilización en Francia, Bolivia y Ecuador.

En cuanto a Guaidó, el político venezolano ya ha sido vinculado en otras oportunidades con grupos armados terroristas de la región, tal como ocurrió en febrero de 2019 cuando hizo un enlace con el grupo paramilitar los Rastrojos para dirigir invasiones desde Táchira, incursiones con armas y material de guerra, bajo la fachada de ayuda humanitaria.

Alertas Tempranas

Hace aproximadamente dos años, José Belisario, uno de los objetivos del grupo terrorista señalado por Bernal, brindaba declaraciones a Sputnik en lo que parecen haber sido profecías autocumplidas.

«El paramilitarismo logró un avance en la frontera. Hay fuerzas como los Rastrojos, el Clan del Golfo y los Urabeños que operan en territorio venezolano y colombiano. Estas organizaciones paramilitares efectivamente tienen un fin económico, pero también político. Cuando estudiamos la génesis de los grupos paramilitares sabemos que su padre fundador es Álvaro Uribe Vélez. De ahí podemos vislumbrar el carácter político de las bandas paramilitares que actúan en el estado de Táchira. Estas bandas criminales se constituyeron en el primer ejército de invasión de EEUU», compartió en aquella oportunidad.

Belisario denunciaba que Estados Unidos, en conjunto con el Gobierno colombiano, planteaba desarrollar una agresión que consistía en «operaciones negras» y las «basadas en efectos».

  • La primera, llevada adelante por grupos paramilitares que buscarían perpetrar «ataques selectivos a dirigentes políticos de la revolución, ataques a objetivos vitales de la vida del Estado y cuando te digo vitales me refiero a desde un pozo petrolero hasta una estación eléctrica».
  • La segunda noción tomó vigencia al denunciarse de manera pública la operación Octubre Rojo.

«El teniente general David Deptula es uno de los precursores de este nuevo concepto. Con mayor fuerza hace hincapié en ejercer operaciones en paralelo sobre el enemigo, pues esto permitiría un ataque simultáneo a los sistemas de defensa, específicamente en los centros de poder del enemigo provocando una parálisis estratégica. Estas operaciones tienen dos objetivos fundamentales de acuerdo con la teoría. Según el efecto deseado, se dividen en físico y conductual. El efecto físico es destruir, neutralizar y aislar un objetivo determinado; mientras el efecto conductual es desmoralizar, paralizar, engañar e influenciar al enemigo», indicaba Belisario en una entrevista concedida a Sputnik.

Terrorismo ante la superioridad militar

Tal y como lo reflejara hace unos días la revista Military Watch, Venezuela cuenta con la Fuerza Aérea «más fuerte de América Latina» debido a la combinación de 23 cazas rusos polivalentes Su-30MK2 y su sistema de misiles S-300VM.

A ello se le une el resto de equipamiento que se compone de sistemas de defensa aérea S-300VM, Buk-M2 y el Pechora-2M de mediano alcance, así como un gran número de tanques T-72B1V, BMP-3, BTR-80A, SAU Msta-S, armas autopropulsadas Noah-SVK, MLRS Grad y Smerch. Sin contar con las fuerzas terrestres equipadas con «sistemas Igla-S MANPADS y ZU-23 / 30m1-4».

El hecho de que el objetivo militar de la operación Octubre Rojo fuesen las antenas de detección de la Secretaría del Consejo de Defensa de Venezuela apunta que se han estudiado ampliamente las capacidades militares de la nación bolivariana, y simplemente se ha concluido que «el escudo bolivariano», tal como lo ha llamado en numerosas ocasiones el presidente Nicolás Maduro, representa un fuerte escollo a la hora de plantear un ataque frontal contra el país.

Tan solo en el año 2019, la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela detectó a través del sistema de radares del Comando de Defensa Espacial (CODAI) más de 76 incursiones ilegales de aeronaves que violaron el espacio aéreo, y que se constituyeron según el ministro de Defensa, Padrino López, «en una grave amenaza para la seguridad» del país.

No resulta casual que solo durante el mes de enero de 2021, Venezuela haya tenido que interceptar «dos barcos guyaneses denominados Nady Nayera y Sea Wolf que ejercían in fraganti pesca ilegal en aguas de plena soberanía y jurisdicción de Venezuela, sin contar con ningún tipo de documentación legal» y que además tuviese que denunciar «la presencia del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, así como la aproximación de buques militares estadounidenses y la ejecución de maniobras marítimas conjuntas con la República Cooperativa de Guyana en un área cercana a aguas jurisdiccionales de Venezuela».

Ambas acciones tal y como lo califica el ministro de Defensa Padrino López «se constituyen en una nefasta provocación que atenta contra la paz y la seguridad regional. Bien es conocida la actitud belicista que este funcionario militar ha sostenido permanentemente hacia Venezuela, en su campaña sistemática de agresión».

Ante la derrota electoral que sufriera la oposición radical liderada por Leopoldo López y Juan Guaidó, y la imposibilidad de organizar protestas masivas violentas en las calles de Venezuela, tal parece que las señales apuntan a que este 2021 estará signado por las provocaciones militares contra el territorio venezolano y la continuación de operaciones terroristas y de sabotaje desde las fronteras, en especial, la colombo-venezolana.

Habrá en ambos casos, y utilizando una expresión común del presidente Maduro, que «mantener nervios de acero» para no morder el anzuelo de la guerra y, a su vez, ser firmes para defender la soberanía de la nación bolivariana.

*Sputnik

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