España cierra un enero de pesadilla con la incidencia del virus disparada

España cerró 2020 con una imagen de esperanza: Araceli, una mujer de 96 años de Guadalajara, se convirtió el 27 de diciembre en la primera persona vacunada por el sistema público de salud del país, en lo que debía ser la apertura de un horizonte de vuelta a la normalidad tras un año de pesadilla.

Un mes después de la icónica imagen, esos horizontes de esperanza se difuminaron, sepultados bajo la realidad de una pandemia que sigue muy lejos de estar bajo control.

Sólo en enero se detectaron casi 895.000 nuevos positivos por coronavirus en España, lo que supone más del 31 por ciento de los 2,8 millones de casos acumulados desde el inicio de la pandemia. Es decir, en 31 días se detectó casi una tercera parte de los casos acumulados en once meses.

RÉCORD DE INCIDENCIA

La velocidad de los contagios llegó a multiplicarse en enero por tres frente a las cifras con las que se cerraron 2020. Al término del año anterior, España registraba una incidencia acumulada de 279 casos por cada 100.000 habitantes tomando como referencia los 14 días previos.

A lo largo del mes esta cifra se disparó, alcanzando un pico de 899, el nivel más alto de incidencia registrado en España desde la llegada del coronavirus, aunque también cabe destacar que durante la primera oleada no había medios para detectar su circulación.

«En la primera ola, la incidencia fue la que nos dijeron que era, pero yo la multiplicaría incluso por diez. Yo creo que debimos llegar a 2.000 de incidencia, pero no teníamos forma de saberlo, porque no había logística para ello”, explica a Sputnik el profesor de microbiología Guillermo Martínez de Tejada, de la Universidad de Navarra.

En enero, 8.244 personas murieron por coronavirus en España. Aunque la mortalidad no avanzó al mismo ritmo que los contagios –gracias en parte al aprendizaje tras la primera oleada de contagios en las residencias de mayores– la cifra sigue muy alta, representando el 13,9 por ciento de las 59.081 muertes causadas por la pandemia en España.

Pese a que las personas vulnerables estuvieron mejor protegidas en esta ola, en enero volvieron a producirse imágenes que recuerdan a los meses de marzo y abril de 2020, como el levantamiento de carpas para habilitar camas extra en los lugares con mayor presión hospitalaria como Murcia, Extremadura o Comunidad Valenciana.

Actualmente un 25 por ciento de todas las camas de hospital del país están ocupadas por pacientes con el covid-19, porcentaje que asciende al 45 por ciento en los enfermos graves ingresados en unidades de cuidados intensivos.

Hace solo un mes estos porcentajes eran del 9,4 y del 21,2 por ciento respectivamente. Es decir, menos de la mitad, lo que dejaba un sistema más aliviado para atender de forma correcta no solo a los pacientes de coronavirus, sino también al resto.

¿QUÉ FALLÓ?

Ante la degradación extrema de la situación epidemiológica en apenas cuatro semanas, cabe preguntarse qué se hizo mal para llegar hasta aquí.

Guillermo Martínez de Tejada lo tiene claro: es una mezcla de inoperancia política y cierta irresponsabilidad de la población que encontró el caldo de cultivo perfecto en las navidades.

«Esto se veía venir. Los españoles somos muy sociales. Hemos bajado la guardia por aquello de no privarnos de una comida familiar y de ver a los amigos en navidades. Nos hemos pasado de listos», responde el microbiólogo.

A su modo de ver, lo sucedido en enero define a la perfección la forma de actuar de España en la pandemia: las autoridades permitieron que las celebraciones navideñas siguieran adelante y, semanas más tarde, cuando empezaron a notarse las consecuencias, se optó por medidas agresivas alargadas en el tiempo, siempre con el miedo a imponer un confinamiento general para no perjudicar la economía.

España vive –desde octubre de 2020– bajo un estado de alarma que permite a las regiones del país aplicar medidas restrictivas de la movilidad y la actividad social (toques de queda nocturnos, limitación de reuniones, cierres perimetrales o clausura de bares) en función de la situación en cada territorio.

Una vez se empezaron a disparar los contagios, todas las comunidades autónomas se lanzaron a extremar estas medidas hasta los niveles más duros desde el confinamiento de marzo.

A día de hoy todas las regiones del país tienen toques de queda. Además, en Murcia y Valencia no se permiten las reuniones de más de dos personas en la calle.

Por poner otro ejemplo llamativo, en Madrid está prohibido visitar la casa de amigos o familiares no convivientes, aunque sí que se permite que estas personas se reúnan en los bares, donde se pueden concentrar grupos de hasta cuatro integrantes. Ya hay incluso planes para ampliarlo a seis.

«Vamos siempre por detrás del virus, como persiguiéndole. Es todo lo contrario de lo que han hecho otros países, asiáticos sobre todo, que se anticipan a las situaciones», resume Martínez de Tejada.

En ese sentido, el experto reflexiona que la «improvisación chapucera» que caracteriza a las autoridades políticas de España en la lucha contra el virus , unida al retraso en el suministro de vacunas, dibuja un escenario «muy pesimista», ya que tras la tormenta de enero «va a haber una cuarta ola de contagios con casi toda seguridad antes de que tengamos niveles de inmunidad altos».

Sputnik

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