La inestabilidad política en Italia causa cada vez más estupor e irritación en UE

Europa demuestra una fuerte preocupación por la crisis política italiana, que pone en cuestión el cumplimiento del Plan de recuperación, en el marco del cual Roma debe recibir más de 200.000 millones de euros.

Por Aleksandr Dunaev*

Después de que el pasado 13 de enero dos ministras y un viceministro pertenecientes al partido Italia Viva dejaron el Gabinete, el país sigue con estupor las intrigas de los políticos que no logran ponerse de acuerdo para formar un nuevo Ejecutivo.

A pesar de obtener el voto de confianza en ambas cámaras del Parlamento, el primer ministro, Giuseppe Conte, constató que no disponía de la mayoría absoluta y, por lo tanto, prefirió dimitir para poder construir un nuevo Gobierno que pudiese contar con la mayoría parlamentaria. Sin embargo, hasta ahora no ha podido asegurarse el apoyo necesario y su futuro político como jefe del Ejecutivo parece cada vez más incierto.

El 29 de enero el presidente de Italia, Sergio Mattarella, pidió al presidente de la Cámara Baja, Roberto Fico, que investigase si era posible formar una nueva mayoría y crear un nuevo Gobierno, con o sin Conte como primer ministro. Las consultas todavía no han terminado, pero si Fico no cumple con su misión, Italia deberá ir a las urnas, lo que supondrá un período de incertidumbre política e institucional que durará meses.

¿UN NUEVO HOMBRE ENFERMO DE EUROPA?

Este escenario puede transformarse en una pesadilla, no solo para el país Mediterráneo, sino también para la UE, en primer lugar, por razones económicas.

Aún antes de la pandemia del coronavirus el país mediterráneo acumulaba una deuda pública que equivalía al 135 por ciento del PIB y tenía un ritmo de crecimiento económico tan lento que ni siquiera en 2019 había logrado volver al nivel del alcanzado antes de la crisis de 2008.

La pandemia del coronavirus agravó este cuadro económico poco halagador. Según las estimaciones oficiales, en 2020 la economía nacional sufrió un bajón del nueve por ciento, y las perspectivas de recuperación parecen inciertas. En cuanto a la deuda pública, con las medidas que el Gobierno italiano emprendió en 2020 para mitigar el impacto económico de la pandemia, aumentó la deuda hasta el 160 por ciento del PIB, y no parece que vuelva a su nivel anterior antes de 2030.

Bruselas considera la grave crisis económica italiana como una grave amenaza para la estabilidad de toda la zona euro, visto que se trata de la tercera mayor economía de la UE. Si colapsara bajo el efecto de los problemas causados por la pandemia, podría arrastrar consigo a los demás países del grupo.

FONDO DE RECUPERACIÓN: CUESTIONES DE GESTIÓN

Por lo tanto, no es de extrañar que Italia sea el mayor beneficiario del fondo de recuperación, acordado por los países de la UE en julio de 2020. En total, entre préstamos y subsidios, debería recibir 210.900 millones de euros.

El problema ahora es quién y cómo va a manejar todo ese dinero. «Es una gran oportunidad para Italia, pero el precio del fracaso sería enorme y las consecuencias no se limitarían a nuestro país», destaca en una entrevista al diario Financial Times, Valentina Meliciani, directora de la facultad de ciencias políticas de la Universidad LUISS De Roma.

De momento, Italia dispone del esbozo del Plan nacional de recuperación y resiliencia, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 12 de enero. El documento establece los criterios, en base a los cuales se gastarán los fondos europeos en los próximos cinco años.

Sin embargo, se trata sólo de un esbozo que aún tiene que transformarse en un plan verdadero. Además, Italia debe enviar a la Comisión Europea el programa de reformas qué facilitarán la aplicación de este plan.

Con la crisis política en curso, el trabajo en el plan resulta ralentizado, si no suspendido, algo que causa preocupación e irritación en las estructuras europeas. Según subraya Marco Buti, jefe de gabinete del comisario europeo de economía, Paolo Gentiloni, si Italia no se espabila y no presenta un Plan de reformas creíble, las mismas podrían ser impuestas desde el exterior, por los mercados financieros. Para evitar esta perspectiva poco envidiable Italia necesita un Gobierno fuerte.

En cuanto a quién implementará el plan de recuperación en Italia, o sea, quién encabezará el próximo Gobierno del país, es ésta la pregunta que tumbó al último. Los políticos italianos, en primer lugar, Matteo Renzi, jefe del Ejecutivo entre 2014 y 2016 y líder del partido Italia Viva, que desató la actual crisis, sueñan con poder participar en la gestión de los flujos millonarios provenientes de la UE. Sus luchas e intrigas ponen el país en una situación de inestabilidad que podría revelarse fatal en las condiciones actuales.

De momento la Unión Europea aún no ha intervenido, pero en Roma deberían recordar el triste ejemplo de Silvio Berlusconi, quien, en 2011, fue obligado a presentar la dimisión del cargo de primer ministro a causa de una fuerte presión exterior, ejercida por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y Alemania y Francia, los dos países más fuertes de la UE. El estupor inicial de Bruselas deja lugar a la irritación, a la cual, a su vez, pueden seguir medidas punitivas que no le agradarán a nadie en Roma.

*Sputnik

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