Rusia vs. Japón: ¿quién es el dueño real de las Kuriles, archipiélago de la discordia?

Este 2 de febrero marca el 75 aniversario de la incorporación de la parte sur de la isla de Sajalín y las Kuriles a la URSS. Ambas partes insisten en que fueron las primeras en explorar estos territorios, de ahí que crean que les pertenecen. Sputnik analizó el pasado, el presente y el futuro de las islas de la discordia.

Por Denis Lukyanov*

La incorporación de Sajalín y las Kuriles en 1946 fueron la consecuencia directa de la Segunda Guerra Mundial. Japón había administrado la parte sur de Sajalín bajo el nombre Prefectura de Karafuto desde 1905 y las islas Kuriles desde 1875. Tokio, que luchó del lado de la Alemania nazi, perdió la guerra y tuvo que hacer concesiones territoriales a la URSS. Así se restableció la justicia histórica y dichos territorios regresaron al seno ruso.

Pero ¿por qué es justo desde el punto de vista histórico? La respuesta tiene que ver con las crónicas de la exploración de Sajalín y las Kuriles. 

Primero, sería incorrecto decir que dichos territorios siempre fueron rusos o japoneses porque ninguno de esos dos pueblos es originario de esta zona. El pueblo indígena que habitó estas tierras fueron los ainus, una nación única que no tiene ninguna relación con ningún otro pueblo del planeta. 

En realidad, los ainus también eran indígenas de la isla nipona de Hokkaido y de la parte norte de la isla Honshu. Con el paso del tiempo los ainus fueron desplazados de sus tierras por los japoneses —también conocidos como el pueblo yamato, descendientes de la antigua cultura yayoi que se mezcló con los antecesores de los ainus—. La historia de la interacción de los ainus con el pueblo yamato es larga. Al fin y al cabo, los japoneses colonizaron y poblaron Hokkaido. 

Sin embargo, durante siglos los japoneses no extendieron su dominio sobre las tierras al norte de Hokkaido, es decir, Sajalín y Hokkaido. Es más, tenían problemas con su control sobre Hokkaido a causa de la resistencia de los ainus que se negaban a ceder ante la imposición de la cultura y las leyes del pueblo yamato. 

En ciertas etapas sí hubo nipones que viajaron a Sajalín y las Kuriles, pero Japón no incorporó Sajalín y las Kuriles como parte de su dominio a causa de su política de aislamiento.

Los ainus, indígenas de las Kuriles
Los ainus, indígenas de las Kuriles.
El amanecer ruso en Sajalín y las Kuriles

Si bien los japoneses interactuaron con los ainus durante muchos siglos, no fueron los primeros en establecer una presencia permanente en las Kuriles. Los rusos y los nipones empezaron a explorar el archipiélago de las Kuriles en el siglo XVII y ya en el siglo XVIII Rusia se estableció en algunas de las islas de dicho archipiélago. 

Sajalín, entretanto, cayó en las zonas de interés de ambos países. Esta fue la razón por la que la isla fue proclamada de dominio conjunto de Rusia y Japón. En 1875 se firmó el Tratado de San Petersburgo: Japón reconoció Sajalín como parte de Rusia y en cambio Rusia entregó las Kuriles a Tokio. 

Durante su presencia en Sajalín y las Kuriles los rusos mantuvieron buenas relaciones con los ainus quienes reconocieron el dominio ruso. En la parte sur de Sajalín incluso hubo escuelas ainus durante la época de la Administración rusa. En la etapa inicial sí hubo enfrentamientos entre los rusos y los ainus, pero a diferencia de los japoneses los rusos nunca trataron de erradicar la cultura de los indígenas de esa área.

Entretanto, durante el dominio japonés los ainus efectivamente perdieron su idioma, sus tradiciones y en muchos casos su identidad nacional.

Rusia perdió el control sobre Sajalín del Sur tras la guerra ruso-japonesa en 1905. Los japoneses poblaron ese territorio al que llamaron Karafuto. Ocasionaron el declive de la cultura ainu y asimilaron a ese pueblo: los ainus se convirtieron en los ciudadanos de Japón y en realidad se hacía casi imposible distinguir un ainu de un japonés. 

Cuando Japón salió como uno de los perdedores de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que pagar por sus atrocidades. Los aliados llegaron a un acuerdo y decidieron que la URSS obtendría el control sobre la  isla entera de Sajalín y el todo el archipiélago de las Kuriles por su aporte a la derrota del Eje.

Los ainus que se asimilaron en los japoneses fueron expulsados de esos territorios junto con el resto de los nipones. La URSS lógicamente no habría expulsado a los ainus, si no hubieran tenido pasaportes japoneses y si no hubieran sido leales al Estado nipón y su emperador. Pero lamentablemente la situación fue así.

Finalmente, en 1946 tanto Sajalín como las Kuriles oficialmente volvieron al seno de Rusia. El país que primero estableció su presencia permanente en esa área en el siglo XVIII y cuyos ciudadanos entregaron sus vidas para derrotar al militarismo nipón en el siglo XX se hizo con el control bien justificado sobre Sajalín y las Kuriles. 

Mapa de las posiciones del Ejército japonés en Sajalín del Sur y las Kuriles
Mapa de las posiciones del Ejército japonés en Sajalín del Sur y las Kuriles.
¿Quién tendrá el control de las islas?

En otras palabras, Rusia es el dueño real de estas islas porque se dedicó tanto a su exploración como a su desarrollo. Asimismo, Rusia respetó la cultura del pueblo originario de esa zona, pero solo hasta el momento en que  los indígenas efectivamente se convirtieron en parte del pueblo yamato.

Hoy Japón sigue reclamando la soberanía sobre las cuatro islas más meridionales de las Kuriles: Iturup, Kunashir, Shikotán y Jabomái. Rusia se niega a entregar estos territorios al insistir que estas pasaron a formar parte de la URSS como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Además, Moscú teme que, en caso de la entrega de la soberanía sobre las cuatro islas, Japón —aliado de EEUU— permita a los militares estadounidenses desplegar sus fuerzas allí.

Al mismo tiempo, en Japón suenan voces belicosas. Por ejemplo, a finales de enero de 2021 el periódico Mainichi Shimbun informó sobre los planes del Gobierno japonés de aumentar el alcance de sus misiles. El autor de la nota señala que una vez el alcance haya aumentado será posible desplegar dichos proyectiles en las bases estadounidenses en Asia. De esta manera «será posible atacar Rusia, China y Corea del Norte».

En particular, el autor se refiere a los misiles del tipo Hitonishiki que hoy en día tiene un alcance de 200 kilómetros. Se prevé que el alcance aumente para aniquilar blancos a una distancia de hasta 1.500 kilómetros. 

Estos planes representan una amenaza directa para Rusia de ahí que no tiene ningún sentido entregar los territorios en cuestión ya que en caso contrario podrían ser usados como terreno para el despliegue del armamento y de las tropas de los países que tienen una posición inamistosa hacia Moscú. 

Está claro que Moscú bajo ninguna condición entregará la soberanía sobre las islas porque esto va en contra de su propia constitución. Los japoneses estaban cerca de hacerse con las islas durante la Presidencia de Borís Yeltsin cuando Rusia todavía era muy débil políticamente. Entonces se barajaba la posibilidad de entregar una parte de las islas en cuestión para obtener beneficios económicos de Japón. 

Pero este enfoque está destinado a un fracaso porque crearía un precedente peligroso para la integridad territorial de la Federación de Rusia. Al mismo tiempo, la soberanía rusa sobre las islas es el vestigio de la victoria de la URSS en la guerra contra Japón. Entregar las cuatro islas que Japón reclama sería traicionar la memoria de los soldados soviéticos caídos que sacrificaron su vida para liberar dichas tierras del militarismo nipón.

Isla Iturup del archipiélago de Kuriles.

*Sputnik

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