Cómo ardió la embajada de EE UU en Moscú en 1977

Los diplomáticos estadounidenses sospechaban que entre los bomberos había agentel del KGB.

Malcolm Toon, el elegido por Jimmy Carter para el puesto de embajador de EE UU en la Unión Soviética, se divertía en una cena de etiqueta en la residencia del embajador rumano en Moscú, cuando una llamada interrumpió de repente su agradable velada. 

Al otro lado de la línea estaba el joven oficial político James Schumaker, que había llegado a Moscú hacía poco tiempo. “Tenemos un incendio aquí en…”, comenzó a decirle al embajador.

Cena interrumpida

Era el 26 de agosto de 1977 y James Schumaker llevaba pocas semanas en Moscú. En aquella noche de verano, inusualmente fría pero despejada, Schumaker estaba descansando en su apartamento de la Casa Spaso, la residencia de los embajadores de EE UU en Rusia.

Malcolm Toon, el elegido por Jimmy Carter para el puesto de embajador de EE UU en la Unión SoviéticaMalcolm Toon, el elegido por Jimmy Carter para el puesto de embajador de EE UU en la Unión Soviética.

Sonó el teléfono y se acercó a contestar. Era el jefe de misión adjunto, Jack Matlock, y sonaba agitado. Necesitaba urgentemente hablar con el embajador y dio instrucciones a Schumaker para que lo localizara: “Por favor, date prisa, Jim”, le instó Matlock.

Con la ayuda de Svetlana Aliójona – «nuestra hermosa telefonista rubia»- localizó a Toon, que estaba en una cena formal en la residencia del embajador rumano.

“¿Qué pasa, Jim?”, dijo Toon.

“No lo sé, señor embajador, pero el jefe de misión adjunto necesita hablar con usted ahora mismo”.

Otro teléfono zumbó en la Casa Spaso. Era Matlock, una vez más.

“Señor Matlock, tengo al embajador en la otra línea. ¿Qué debo decirle?”, preguntó Schumaker.

Matlock, cada vez más agitado respondió: “Jim, dile que tenemos un incendio aquí en…’ y en ese momento la línea se cortó de repente”, recordó Schumaker más tarde.

Lo perdí todo

Cuando el embajador Toon y su subordinado James Schumaker llegaron a la embajada de EE UU situada a pocas manzanas de la Casa Spaso, vieron que el edificio estaba envuelto en llamas.

“El espectáculo era difícil de creer. La mayor parte de la octava planta de la Embajada estaba en llamas”, dijo Schumaker al describir la escena.

El fuego se estaba descontrolando rápidamente y se extendía por todo el edificio. El embajador Toon dirigía las tareas de evacuación todavía vestido con un traje de gala.

Muchos de los empleados de la embajada estaban ayudando a la evacuación, algunos estaban en estado de shock. Schumaker recuerda una escena en la que el consejero económico Ken Skoug deambulaba “de un lado a otro frente a la embajada, repitiendo sin hablar a nadie en concreto: ‘Lo he perdido todo’, mientras las llamas salían por la ventana de su oficina del octavo piso”.

“Dejad que arda”

Pronto llegaron al lugar los bomberos soviéticos. Había muchos camiones y colocaron escaleras contra el edificio en llamas.

El comandante de los bomberos soviéticos se acercó a Toon y le pidió permiso para subir al ático.

“Dejad que arda”, respondió el embajador.El comandante de los bomberos soviéticos se acercó a Toon y le pidió permiso para subir al ático. “Dejad que arda”, respondió el embajador.

Como la Embajada de EE UU se consideraba territorio de ese país, los bomberos soviéticos tenían que recibir el permiso del Embajador para entrar en el edificio. El comandante de los bomberos soviéticos se acercó a Toon y le pidió permiso para subir al ático.

“Dejad que arda”, respondió el embajador.

“Esto se debió a que Toon sospechaba que algunos de los ‘bomberos profesionales’ podrían estar trabajando en realidad para el KGB y a que la Embajada tenía mucho equipo sensible dentro”, explicó Schumaker en un relato posterior.

Finalmente, a los bomberos soviéticos -algunos de los cuales los diplomáticos estadounidenses sospechaban que trabajaban para el KGB- se les concedió acceso a los pisos superiores de la Embajada con la condición de que fueran escoltados por oficiales militares de EE UU.

Cuando los bomberos y los oficiales subieron al edificio, descubrieron que algunos de los empleados de la Embajada no habían abandonado el edificio, a pesar de que se les había ordenado que lo evacuaran.

“El jefe de estación de la CIA, Gus Hathaway, vigilaba su zona vestido con un impermeable de London Fog y armado con un revólver del calibre 38. Al oír la orden del embajador, Gus dio a Marc una respuesta poco diplomática». […] El embajador Toon no estaba contento, pero no podía hacer nada y Gus se quedó atrás. Gus, como Toon, era un veterano de la Segunda Guerra Mundial y conocía su deber”, escribió Schumaker.

Más y más camiones de bomberos se acercaron y los bomberos colocaron escaleras contra el edificio en llamas. Embajada de Estados Unidos en Moscú, agosto de 1977.Más y más camiones de bomberos se acercaron y los bomberos colocaron escaleras contra el edificio en llamas. Embajada de Estados Unidos en Moscú, agosto de 1977.

Afortunadamente, nadie murió en el incendio, aunque dañó considerablemente el edificio. “El octavo piso se había quemado y todos los pisos del séptimo en adelante habían sufrido daños por humo y agua. Era una ruina, a todos los efectos”, describió Schumaker la escena que vio la mañana siguiente al incendio.

A pesar de los daños sufridos por el edificio, los diplomáticos estadounidenses estaban seguros de que los agentes del KGB se habían infiltrado entre los bomberos. Afirmaron que los agentes disfrazados revisaron archivos clasificados, forzaron algunas de las cajas fuertes y manipularon los equipos de la Embajada.

Los bomberos soviéticos negaron con vehemencia las acusaciones. El general Viktor Sókolov, que en aquella época ejercía de jefe adjunto del Departamento de Bomberos del Ministerio del Interior de la URSS, dijo que no tenía agentes de la policía secreta bajo su mando.

Sin embargo, los estadounidenses no lo creyeron.

RBTH

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