Las «tierras raras» de Canarias, parte del ‘oro tecnológico’ español

Algunas zonas sumergidas o emergidas del archipiélago contienen elementos químicos muy valiosos y poco abundantes en la Tierra, que se utilizan en aparatos electrónicos, metalurgia o tratamientos médicos.

Por Alberto García Palomo*

Bajo el mar o en una superficie volcánica. Las piezas de los productos que más usamos en nuestro día a día no siempre se encuentran en lugares ignotos. Cuesta descubrirlos, pero, de repente, prende la llama. A José Mangas, por ejemplo, le saltó la chispa en la década de los 90. Este geólogo trabaja desde hace décadas en la Universidad de las Palmas, en Gran Canaria. Investiga el potencial de las llamadas «tierras raras» de estas islas españolas. Y vio en rocas magmáticas alcalinas y carbonatitas de Fuerteventura o en laderas de montes sumergidos la posibilidad de encontrar un volumen importante de estos elementos.

«Las tierras raras son un grupo químico compuesto por 15 elementos poco comunes en la corteza terrestre. De todos los que hay en la tabla periódica, hay algunos escasos y de gran valor económico», explica Mangas, «que se dieron a conocer en el siglo XIX, pero se empezaron a usar en el XX para metalurgia, aparatos electrónicos, energía verde o biomedicina».

El catedrático de Geología Marina y miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas expone la información a Sputnik desde Gran Canaria justo después de haber dado un vuelco al asunto: el equipo que lidera junto a Jorge Méndez, profesor del Departamento de Física de la Universidad de La Laguna, han indicado en varias publicaciones la existencia de estos recursos minerales en algunas zonas de Fuerteventura y Gran Canaria. En los montes sumergidos de Amanay, El Banquete y Banco de la Concepción, situados en aguas del centro y norte del archipiélago. Un hallazgo que lleva años al ralentí, con escasa financiación, pero que con el inicio de 2021 y, sobre todo, con el posible impulso a estas investigaciones por parte tanto del gobierno español y canario como de la Unión Europea, puede prosperar en un futuro inmediato.

«A veces, el uso de ciertos elementos químicos va por modas, según la demanda. Y ahora, con la locura de la informática, las telecomunicaciones y la tecnología verde, hacen falta estas tierras raras para sus componentes», comenta Mangas, que nació en Salamanca hace 62 años y lleva desde 1984 en las islas.

«Veníamos de grupos que trabajaban en yacimientos de metales asociados a rocas peninsulares. Por otra parte, no había demasiadas investigaciones en el archipiélago, al no haber tradición de minería metálica. En este sentido, los aborígenes canarios sólo utilizaban recursos líticos de rocas volcánicas como instrumentos de uso cotidiano (cuchillos, rascadores, mazas, picos, etc.) y no conocían los metales», relata, «no obstante, sabíamos que en determinados espacios insulares aparecían rocas magmáticas félsicas (sienitas, traquitas, fonolitas, entre otras) y carbonatitas que en teoría podían contener concentraciones singulares en elementos de las tierras raras, pues en otros lugares del mundo había minas de estos elementos en estos tipo de rocas».

Miembros del equipo canario de investigación en Punta Peñón Blanco, de Fuerteventura, durante un muestreo de rocas carbonatítas
Miembros del equipo canario de investigación en Punta Peñón Blanco, de Fuerteventura, durante un muestreo de rocas carbonatítas.
Un equipo canario de investigación en una campaña de muestreo de rocas magmáticas y félsicas entre el pueblo de Betancuria y Pájara, en Fuerteventura
Un equipo canario de investigación en una campaña de muestreo de rocas magmáticas y félsicas entre el pueblo de Betancuria y Pájara, en Fuerteventura.
Miembros del equipo canario de investigación en el barranco Aulagar y Caleta de la Cruz, de Las Palmas de Gran Canarias, durante un muestreo de rocas carbonatítas
Miembros del equipo canario de investigación en el barranco Aulagar y Caleta de la Cruz, de Las Palmas de Gran Canarias, durante un muestreo de rocas carbonatítas.
Miembros del equipo canario de investigación en Vigocho, Fuerteventura, durante un muestreo de rocas magmáticas y félsicas
Miembros del equipo canario de investigación en Vigocho, Fuerteventura, durante un muestreo de rocas magmáticas y félsicas.

Un tesoro para la elaboración de dispositivos electrónicos actuales o para baterías de coches eléctricos o aerogeneradores. Las tierras raras, con elementos como el cerio, lantano, neodimio o terbio, son consideradas «oro tecnológico». Y José Mangas, con otros 30 profesionales, había palpado su existencia en las islas y sus aguas jurisdiccionales. Sin embargo, los problemas se acumulaban: al exiguo presupuesto (de unos 60.000 euros en total entre 2013 y 2020) se le sumaba la santísima trinidad que ejerce de cortapisas para geólogos.

«Algunos afloramientos interesantes en contenidos de tierras raras muestran sus limitaciones en la posterior exploración geológica de detalle y en explotación minera, porque estaban en espacios protegidos medioambientalmente, en sitios donde se imponía la Ley de Costas o en un campo de tiro, propiedad del Ministerio de Defensa. ¡Con la Iglesia habíamos topado!», bromea el catedrático.

La revelación conllevaba otros problemas. Uno, saber si la cantidad de tierras raras era suficiente para que merezca la pena su extracción, pues los precios del mercado oscilan según las demandas industriales. Otro, que sacarlos en zonas submarinas o subaéreas puede acarrear riesgos medioambientales: existe la posibilidad de que estén mezclados con elementos radiactivos como el uranio y el torio. Y su tratamiento puede generar residuos tóxicos.

«Hay que evaluar antes de cualquier trabajo de exploración y explotación. Igualmente, no se dispone hoy en día de la tecnología adecuada para la extracción de materiales en los medios submarinos profundos, por lo que habrá que esperar unos años de desarrollo de prototipos específicos», alega el experto.  

Sus estudios, hasta ahora, se centran en dos tipologías de yacimientos minerales con tierras raras. Por una parte, están los afloramientos de rocas magmáticas félsicas y carbonatitas de las islas de Fuerteventura (zonas de Pájara-Betancuria en el centro y de Esquinzo-Agua Salada en el norte) y de Gran Canaria (zonas centro y sur de la isla). Por otra, las muestras recogidas en las laderas de los montes submarinos canarios, tanto en el sur como en el centro-norte de las islas, y todos ellos dentro de la Zona Económica Exclusiva española (que abarca 200 millas náuticas, unos 370 kilómetros alrededor del archipiélago).

Estas muestras son las costras de manganeso que contienen otros metales críticos para la industria como, por ejemplo, el cobalto, níquel, vanadio o el teluro.

«Nuestras investigaciones son el principio de un proceso largo que puede durar hasta 10 o 15 años. Como geólogos, solo señalamos si hay rocas magmáticas y sedimentarias con interesantes concentraciones de tierras raras en ciertas zonas de las islas Canarias y sus aguas jurisdiccionales. Hay que realizar futuros estudios de detalle, con trabajos de cubicación y valoración económica. Luego están otros condicionantes: buscar inversores públicos o privados que quieran invertir capital en este negocio minero, la aceptación de las concesiones mineras por parte del estado o los estudios de viabilidad geológica, tecnológica, económica y medioambiental, entre otros», enumera Mangas, que indica cómo el trabajo de investigación sigue pendiente de publicación científica y cuenta que se han solicitado 380.000 euros para continuar cuatro años, de 2022 a 2025.

«Son elementos geológicos que tardan en formarse una eternidad. Para hacerse una idea, su aspecto es como una fina lámina negruzca sobre el sustrato geológico submarino y para un milímetro a lo mejor hacen falta cerca de 1.000 años. Hemos visto que hay costras en los montes sumergidos de hasta cinco centímetros de grosor, lo que equivale a cientos de miles de años de formación”, apunta.

Pero los cálculos de riqueza de elementos químicos de una roca no se hacen con el sistema métrico decimal. Las cifras van en gramos por tonelada o en miligramos por kilogramo. Ellos han calculado que puede haber cerca de 1,8 millones de toneladas de tierras raras solo en Gran Canaria, movilizando 1.000 kilómetros cúbicos de material. Las rocas magmáticas félsicas de esta isla o de Fuerteventura se cuentan entre uno y tres kilos por tonelada de roca extraída. Y en las carbonatitas, hasta los 10 kilos por tonelada. «Para hacerse una idea de estos valores podemos compararlos con la mayor y más rica mina de tierras raras del mundo: la de Bayan Obo, en China. En ella, de cada 1.000 kilos se tiene 940 de ganga (o material estéril sin valor) y 60 kilos de mena, el que vale económicamente», compara Mangas, que subraya el valor: «Solo se habían visto similares concentraciones de tierras raras en algunos yacimientos de Suecia, Finlandia, Groenlandia (que pertenece a Dinamarca) o Rumanía».

En España, solo había proyectos parecidos en Campo de Montiel (Ciudad Real) o en rocas graníticas del monte Galiñeiro (en Pontevedra) y no han prosperado. Esencialmente, por la oposición ecologista y de los gobiernos regionales. En Canarias hay otro enemigo: perjudicar al turismo, su principal economía. Pero el horizonte parece ir cambiando poco a poco. «Ahora las políticas europeas de suministro de materias primas críticas están intentando acabar con el monopolio chino. Además, otros países han emprendido políticas de investigación de recursos de tierras raras en su territorio», asegura Mangas.

Japón es un ejemplo, asevera. «Compraban a China casi todos los recursos de tierras raras, pero en 2011 descubrieron tierras raras en lodos submarinos del Pacífico. Como son un pueblo inteligente y trabajador, han confirmado en estos años que en sus aguas jurisdiccionales, especialmente en la isla de Minamitorishima, las reservas les puede dar una autonomía de consumo de tierras raras para unos 200 años, y sin casi impacto medioambiental submarino», analiza.

Con estas investigaciones y proyectos mineros, España destacaría en la producción de metales críticos, con un 1,5% del mercado global (se calcula que hay un total de 120 millones de toneladas). Y daría un salto en el continente. La Unión Europea, de hecho, quiere ver si se desmarca de la dependencia asiática: China se alza como el principal productor y procesador, según Investing News, con 44.000 millones de toneladas, y muy por delante de Brasil, Vietnam o Rusia. Incluso se comenta una supuesta «guerra tecnológica» sobre estos elementos que, como afirmó Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, en 2019, «pasan inadvertidos muchas veces, pero sin ellos la vida moderna sería imposible».

*Sputnik

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