Un animal marino de Ibiza, potencial arma contra el coronavirus

Los ensayos clínicos sobre el Aplidin se aproximan a la Fase III. El principio activo que contiene, la plitidepsina, podría ayudar a combatir la virulencia del coronavirus. Un compuesto que proviene de las profundidades oceánicas. De un pequeño animal que habita en las aguas de Ibiza.

El mundo sueña con poner punto y final al coronavirus. Los países se afanan por inmunizar a su población para conseguir despertar de una pesadilla que comenzó hace aproximadamente un año. Al día, millones de dosis se vacían en brazos de todo el planeta. Un simple gesto que depende de una larga cadena. Desde el químico que produce el antídoto hasta el transportista que la lleva a la puerta de hospitales y residencias, sin olvidar al sanitario que la administra. Todo por controlar a un pequeño ente que se dio a conocer en Wuhan. La vacuna es la respuesta. Sin embargo, bajo la superficie se esconde otra posible solución.

En las aguas que rodean la isla de Ibiza vive un pequeño invertebrado denominado Aplidium albicans. Este organismo forma parte de la familia de las ascidias, que, a su vez, se incluye en el grupo de los tunicados, caracterizados por la túnica con la que se cubren. A simple vista puede parecer un vegetal, pero pertenece al reino animal, como las esponjas o los corales. Se trata de un ser colonial con aspecto de masa. Tiene un color blanquecino y los distintos individuos que lo forman le confieren una apariencia semiesférica y lobulada. Una criatura que pasa sus días inmóvil, pegada a una roca, mientras filtra el agua para conseguir alimento. Espécimen en el que se podría hallar una cura del coronavirus.

Y es que de la Aplidium albicans se extrae la plitidepsina, el principio activo en el que se basa el Aplidin, fabricado por la farmacéutica española Pharmamar. Este medicamento antitumoral podría ser altamente efectivo en la lucha contra la pandemia. La revista Science publicaba hace una semana que este tratamiento es 100 veces más potente que los remedios utilizados hasta la fecha. Según los resultados, el 80,7% de los pacientes a los que se le administró fueron dados de alta el día 15 de hospitalización o antes. El 38,2% lo hicieron el octavo día. Todos ellos sin síntomas.

Aplidium albicans
Aplidium albicans.

Un fármaco que podría comenzar a utilizarse en pacientes una vez finalizados los ensayos clínicos, que se dirigen ya a la Fase III. Una eficaz medicina relacionada con la disminución de la carga viral, la mejoría clínica, la resolución de la neumonía o la caída de parámetros de inflamación, como la Proteína C-reactiva, de aquellas personas ingresadas a las que se les inyectó. Un remedio contra el cáncer que, de momento, solo se aplica en Australia en pacientes oncológicos. En Europa, fue rechazado en dos ocasiones.

«El principio activo lo desarrollamos para el cáncer. Sin embargo, hay compuestos que pueden tener una gran efectividad antiviral. Por eso, decidimos probar con la plitidepsina. Fue cuando vimos que este principio activo tenía una gran efectividad contra el coronavirus», explica Santiago Bueno, director del departamento de colección de organismos marinos de Pharmamar, a Sputnik Mundo.

Una investigación subacuática

Bueno es biólogo marino y buzo. Comenzó hace más de 30 años a realizar inmersiones. Desde 1997 trabaja junto a Pharmamar, que suele programar al menos seis campañas subacuáticas al año. Tiempo en el que se ha sumergido en mares de todo el planeta. Su misión es buscar organismos en las profundidades del océano que puedan ser útiles para el desarrollo de tratamientos médicos. Entre estos, las ascidias.

En el caso de la Aplidium albicans, esta fue hallada en 1988, cuando un grupo de biólogos del Centre d’Estudis Avançats de Blanes se embarcaron en el buque de investigación oceanográfica García del Cid para recolectar muestras de seres marinos de las Islas Baleares y estudiarlas. La expedición, financiada por Pharmamar, se topó a 52 metros de profundidad, a la vera de Ibiza, abundantes colonias de este animal. Un descubrimiento sorprendente, ya que esta ascidia no es común en aguas mediterráneas. «Esta especie es habitual en el Atlántico Este. En las Azores, Portugal o el Canal de la Mancha. Rara vez se encuentran ejemplares en el Mediterráneo», comenta el investigador.

Frente a la costa ibicenca, los islotes de Es Vedrà y Tagomago son refugio de este invertebrado marino. Para llegar hasta él, hay que descender como mínimo 40 metros. Entre las rocas y la flora marina, habita la Aplidium albicans. Una vez localizada, el equipo de buzos inicia el procedimiento de recolecta, aplicable a cualquier organismo. Primero, se fotografía. Después se separan unos pocos gramos y se meten en bolsas herméticas para que no interactúen con el medio. En el propio barco se clasifican las muestras y se congelan de manera inmediata. El proceso tiene que ser veloz. «Es importante meter las evidencias en el congelador lo antes posible, porque nos interesan los compuestos químicos y algunos son extremadamente volátiles», asegura Bueno.

Del océano pasa al laboratorio. Allí, los científicos analizan químicamente las pruebas. Fue en las instalaciones de la empresa en Colmenar Viejo donde extrajeron de la ascidia el principio activo conocido como plitidepsina. Los exámenes posteriores demostraron que era capaz de inhibir el crecimiento de las células tumorales. En pleno 2020, los investigadores detectaron que este compuesto bloqueaba la proteína EF1A, presente en las células humanas y utilizada por el coronavirus para replicarse dentro del cuerpo. El último paso es la síntesis química del principio activo para poder producirlo en cantidades suficientes para lanzar un fármaco. El Aplidin es el resultado final.

Hasta la fecha, la plitidepsina solo se ha podido obtener de la Aplidium albicans. Una sustancia potencialmente útil contra el SARS-CoV-2 y que el animal emplea para garantizar su supervivencia. «Durante millones de años, los organismos marinos se han evolucionado adaptando técnicas que les permiten sobrevivir y competir por el alimento. Los invertebrados no tienen capacidad de defensa, como dientes o garras, y cuentan con una escasa movilidad. Su única manera de defenderse es generar compuestos químicos que impidan que las células se desarrollen y así poder competir contra otra especie en el territorio. Este modo de protección es el centro de nuestra línea de investigación», comparte el biólogo.

Muestras de laboratorio
Muestras de laboratorio.

Las ascidias forman parte de la colección de muestras marinas con las que cuenta Pharmamar. En total, más de 250.000 animales y plantas. Bueno es el encargado de cuidar este tesoro subacuático, en el que están representadas casi todas las especias que habitan el fondo del océano.

«Creemos que en el mar puede estar la solución de muchas de las situaciones y problemas que se pueden plantear, como es el caso de esta pandemia. Tenemos una gran recopilación de organismos marinos para poder seguir investigando. Igual hay más de una respuesta», sentencia el investigador.

Un mar asaltado por la contaminación. Millones de toneladas de residuos se arrojan cada año a sus olas. Sustancias químicas se mezclan con el agua, mientras electrodomésticos o plásticos reposan en las profundidades. Un macabro escenario al que se suman las mascarillas, cada vez más habituales en el ecosistema marino. «La conservación de los océanos es algo básico», lamenta Bueno. El maltrato al mar compromete la supervivencia de su flora y fauna. Entre ellas, las ascidias, en las que tal vez exista un remedio contra el coronavirus. Un acompañante de la vacuna. Una solución al mal sueño que empezó hace un año en tierra firme.

Sputnik

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