El avance de la vacunación en España reabre el debate sobre qué es un trabajador esencial

Tras descartar el uso de la vacuna de AstraZeneca en mayores de 55 años, el Ministerio de Sanidad de España se vio obligado a elaborar unas nuevas guías con el objetivo de decidir quién recibirá las dosis disponibles.

Hasta la fecha la estrategia de vacunación en España priorizó la inmunización de colectivos vulnerables (como los grandes dependientes, los residentes en centros de mayores o las personas de más de 80 años) y de los encargados de luchar contra la pandemia (el personal sanitario de primera línea y los trabajadores en residencias).

Dado que una gran parte de estos colectivos superan la edad recomendada para recibir el fármaco de AstraZeneca, las autoridades sanitarias decidieron este miércoles incorporar al proceso de vacunación a más personal sociosanitario (como fisioterapeutas, cuidadores, personal de farmacia) y a trabajadores catalogados como esenciales.

Dentro de esta nueva categoría se incluyeron a profesores de primaria y secundaria, pero también a militares, policías y otros cuerpos de emergencias, como el de bomberos.

DEBATE ÉTICO

El grupo técnico del Ministerio de Sanidad que se encarga de la estrategia de vacunación justificó la inclusión de estos grupos por desempeñar «una función esencial para la sociedad», tal y como recoge el documento donde se plasma esa estrategia.

En ese mismo documento se admite que el diseño de esos grupos está sometido a un debate ético, ya que la disponibilidad de las tres vacunas autorizadas en España (AstraZeneca, Pfizer y Moderna) es «insuficiente para alcanzar en el corto plazo un acceso universal».

En ese sentido, el documento se justifica afirmando que «la priorización se ha realizado en función de criterios éticos […] dirigiendo la vacunación a las personas más vulnerables y con mayor riesgo de exposición y de transmisión a otras personas».

En concreto, se destaca la existencia de un «principio de reciprocidad» que «exige proteger especialmente» a quienes están «dedicados a salvaguardar el bienestar de los demás», lo que sobre el papel justificaría la priorización de la vacuna entre cuerpos de seguridad.

Sin embargo, el uso de la etiqueta «esencial» para definir al trabajo de esos grupos abre de nuevo el debate sobre qué es un trabajador esencial, algo que España ya vivió en durante el confinamiento de marzo cuando el personal de los supermercados, del transporte de mercancías o de los servicios de paquetería hicieron que la sociedad siguiera funcionando.

ALUVIÓN DE QUEJAS

«Estamos atendiendo numerosas quejas del personal de servicios esenciales que ha quedado excluido de la última actualización de la estrategia de vacunación», explica una portavoz de la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF).

Desde este sindicato se denuncia especialmente la exclusión del personal de Correos entre los receptores de la vacuna, sobre todo cuando se trata de unos trabajadores «que están garantizando el derecho al voto» de cara a las elecciones del próximo domingo en Cataluña.

«Lamentamos la improvisación en esta estrategia y el caos que está suponiendo», añaden desde CSIF.

A lo largo y ancho del país se sucedieron las quejas de colectivos que piden entrar en el plan de vacunación. Por ejemplo, en Aragón, la Unidad Central de Seguridad Privada reclamó la vacunación de los guardias jurados argumentando que su desempeño tiene características similares a la de los policías, que ya están recibiendo el fármaco.

También piden ser vacunados los trabajadores de las funerarias. Desde la Asociación de Funerarios de Cantabria (AFUCAN) emitieron un comunicado recordando que son el «el último eslabón» de la cadena sanitaria y que están en contacto directo con los fallecidos por covid-19, lo que les deja por lo «muy expuestos al virus» en su desempeño diario.

Los empleados de banca también se sumaron a las peticiones. «Si fuimos considerados trabajadores esenciales al declararse el estado de alarma porque prestamos un servicio fundamental, ahora debemos ser incluidos entre los colectivos prioritarios», afirmó Elena Díaz, presidenta del sindicato financiero FINE, en una carta dirigida a la ministra de Sanidad.

Por poner un último ejemplo, la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP) se sumó a la lista de sectores descontentos con la estrategia de vacunación. A su modo de ver, los marineros deben ser inmunizados porque «es imposible guardar las distancias de seguridad» en las embarcaciones y porque sus expediciones suelen tener una duración indeterminada.

«Hay que tener en cuenta que el marinero puede estar en el mar cuando le toque la segunda dosis y no habrá servido para nada», lamenta Basilio Otero, presidente de la FNCP.

«TODOS SON PRIORITARIOS»

Ante las críticas despertadas por la estrategia de vacunación, el portavoz del Ministerio de Sanidad para la pandemia, Fernando Simón, defendió el trabajo del grupo encargado de su elaboración.

«Lo mejor que podemos hacer es que este grupo de expertos trabaje y no presionar para que el grupo que cada uno le interese sea más prioritario que los demás», señaló en rueda de prensa el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

Fernando Simón expresó que a ojos de las autoridades «todos los grupos son prioritarios», pero recordó que a día de hoy la logística no permite la vacunación universal, por lo que «es necesario poner un orden» a la hora de usar los fármacos disponibles.

Sputnik

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