Los empleados del Vaticano son libres de elegir entre la vacuna o las sanciones

La Santa Sede, que hasta ahora cuenta con 27 casos positivos del covid-19, trata de acelerar la campaña de vacunación e impone sanciones a los empleados que se nieguen a inocularse sin razones justificadas.

Por Aleksandr Dunáev*

A primera vista, parece que Vaticano logró salvarse de los horrores de la pandemia del coronavirus. A pesar de que hubo casos de contagio incluso entre los cardenales, la última infección data del 17 de octubre de 2020, mientras desde el inicio de la pandemia la Santa Sede reportó tan solo 27 infecciones y ningún deceso.

Sin embargo, las cifras parecen mucho menos optimistas si se analizan en términos relativos. Según los últimos datos oficiales disponibles, el Vaticano tiene 453 habitantes, con lo cual la cuota de los infectados alcanza el 6 por ciento, un número superior al 4,5 por ciento registrado en Italia.

Además, la Ciudad-Estado no está aislada del mundo y, en el caso de un empeoramiento de la situación epidemiológica en Roma y la región de Lacio, la curva de contagio en el Vaticano puede volver a crecer: un escenario que no tiene nada de improbable, vista la rápida propagación de las nuevas cepas del coronavirus en Italia.

PREVENCION EN VERSION VATICANA

La Santa Sede está lejos de infravalorar el peligro que representa el virus. Durante la Navidad las misas tradicionales se celebraron con un número de feligreses muy inferior al habitual para reducir al mínimo la posibilidad de contagio.

En cuanto a las celebraciones de Pascua, el Vaticano ya anunció que permanecerán en vigor las restricciones impuestas el año pasado. Muchos ritos que los fieles están acostumbrados a ver durante la Semana Santa se suspenderán: por ejemplo, el pontífice no lavará los pies el Jueves Santo, ni besará la Cruz el día siguiente; tampoco lo harán los obispos y los sacerdotes.

La campaña de vacunación en el Vaticano se inició el pasado 13 de enero. Igual que en Italia, la vacunación es voluntaria y la prioridad se da al personal sanitario, a los ancianos y a los empleados más expuestos al contacto con el público.

El papa Francisco y su predecesor, el pontífice emérito Benedicto XVI, estuvieron entre los primeros en recibir el fármaco. Para el obispo de Roma se trataba de «una opción ética, porque juegas con tu salud, con tu vida, pero también juegas con la vida de los demás».

La distribución del medicamento no se limitó a la Santa Sede. El 20 de enero los enfermeros del Vaticano suministraron la primera dosis de la vacuna a 25 personas sin hogar. Según aseguró Matteo Bruni, portavoz del pontífice, se trató tan solo del primer paso, que debería servir de ejemplo a las autoridades laicas: «El Santo Padre espera que sigan nuestro ejemplo los gobiernos, los hospitales y las instituciones sanitarias que se encuentran en la primera línea de la lucha contra la pandemia».

VACUNACION VOLUNTARIA CON SANCIONES

Al parecer, no todos en el Vaticano comparten el entusiasmo de Francisco en cuanto a la vacunación, y las autoridades eclesiásticas no están muy dispuestas a tolerar la disidencia en la cuestión.

El pasado 8 de febrero, el cardinal Giuseppe Bertello, presidente de la comisión Pontificia para la Ciudad del Vaticano, emitió un decreto relativo a la emergencia sanitaria actual que fue divulgado al público tan solo este jueves. Según el documento, la vacunación en el Vaticano sigue siendo voluntaria, pero los que se nieguen a inocularse podría enfrentarse a «consecuencias de distinto grado».

Los trabajadores que «no pueden someterse a la vacuna por motivos de salud justificados» pueden ser trasladados «a tareas diferentes, equivalentes o, en su ausencia, inferiores, con la garantía de cobrar un sueldo correspondiente a las tareas iniciales». En cuanto a los empleados que no quieran inocularse sin razones de salud justificadas, la Santa Sede se reserva el derecho de aplicarles sanciones que pueden llegar «hasta la interrupción de la relación laboral».

Una posición dura, determinada por el hecho de que «la renuncia a la vacuna puede constituir un riesgo para los demás y también aumentar los riesgos para la salud pública». Para el Vaticano «hay que combatir la emergencia sanitaria a fin de garantizar la salud y el bienestar de la comunidad de trabajo en el respeto de la dignidad, los derechos y las libertades fundamentales de cada uno de sus miembros. Las medidas han de aplicarse en base al principio de necesidad, tomando en consideración el riesgo para la sanidad pública».

El decreto del cardinal Bertello también impone sanciones contra los que infringen las normas de prevención del covid-19. Por ejemplo, los que no respeten la prohibición de congregaciones pueden incurrir en una sanción de hasta 160 euros, mientras los que no usen correctamente los dispositivos de protección individual, como las mascarillas, deberán pagar entre 25 y 50 euros. Las sanciones más duras (hasta 1.500 euros) están previstas para los que no observen la cuarentena.

Las medidas aprobadas son duras, pero pueden hacer que el Vaticano se convierta en el primer Estado en completar la vacunación de su población. Además, dada la influencia que tiene la Santa Sede en el mundo católico, el ejemplo del Papa Francisco y los jerarcas de la Iglesia puede convencer a muchos de los que aún dudan en vacunarse.

*Sputnik

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