Erupción del Etna: ¿atracción turística o peligro mortal?

La nueva erupción del Etna, el volcán activo más alto de Europa, cubrió de polvo volcánico las calles de Catania, la capital administrativa de la región de Sicilia, y alteró el funcionamiento de su aeropuerto.

Por Aleksandr Dunáev*

El pasado 16 de febrero una alta nube de ceniza se levantó a más de un kilómetro sobre el volcán Etna, que volvió a entrar en erupción. Las calles y casas de las localidades circunstantes se tiñeron de gris, mientras las fuentes en el cráter suroriental del volcán empezó a escupir lava incandescente.

Tres días después un nuevo desbordamiento hizo correr por las laderas del Etna flujos de lava que se dirigían hacia la desértica Valle del Bove. La ceniza alcanzó la cuota de 10.000 metros.

El domingo, con un nuevo aumento de la actividad volcánica, se formó una nueva colada de lava que recorrió unos cuatro kilómetros desde el cráter para pararse a una cuota de entre 1.700 y 1.800 metros sobre el nivel del mar.

La erupción obligó a las autoridades a interrumpir para unas horas el funcionamiento del aeropuerto de Catania para quitar la ceniza de las pistas de aterrizaje. A su vez, los militares de la Guardia de Finanza tomaron bajo su control el territorio para impedir el acceso sobre el volcán a los posibles excursionistas.

PAROXISMOS VOLCÁNICOS

Para los especialistas lo que se observa en los últimos días en el Etna son paroxismos. En la medicina este término describe los ataques epilépticos, mientras en el lenguaje de los volcanólogos significa una erupción violenta, pero breve.

En el Etna los paroxismos son un fenómeno frecuente. Su cantidad varía de año en año, a veces llegando a varias decenas. Por ejemplo, tan solo en 2000 se registraron 66 eventos paroxísticos, en tanto que desde 1977 se produjeron unos 250 episodios similares.

Según explicó el vulcanólogo Boris Behncke en una entrevista al diario La Repubblica, una erupción de este tipo, que los especialistas califican de «estromboliana», representa un riesgo moderado, ya que las «piedras y ceniza que lanza llegan hasta los centros habitados».

Los especialistas recomiendan vivamente limpiar bien las calles, porque «los coches, camiones y cualquier otro tipo de transporte aplastan estos fragmentos que se transforman en un polvo muy fino que puede ser peligroso para los que lo respiran».

Actualmente los científicos están calculando cuántas veces en los últimos años paroxismos de este tipo precedieron erupciones en cuotas más bajas, donde pueden crear problemas para las personas que viven en las laderas del monte.

SEISCIENTOS MIL AÑOS DE ACTIVIDAD

La actividad volcánica en el Viejo Continente es muy moderada, con lo cual el Etna tiene pocos competidores. Algunos de éstos también se encuentran en Italia: por ejemplo, el Stromboli, cerca de Sicilia, es más pequeño que el Etna y emite tan solo ceniza y humo, mientras el Vesubio, famoso por la erupción que acabó con Pompeya en 79 d.C., permanece en estado de calma desde 1944.

Durante sus 600.000 años de historia el Etna entró en erupción muchísimas veces. Varios episodios dramáticos fueron descritos por los autores antiguos y por los cronistas medievales.

El evento más impresionante se produjo en 1669, cuando el volcán estuvo activo durante 4 meses y emitió 830 millones de metros cúbicos de lava, que llegó hasta la ciudad de Catania y destruyó sus muros defensivos. Además de la parte occidental de la ciudad, fueron también devastadas varias localidades circunstantes.

La última vez que la lava del Etna destruyó una población fue en 1928. Desde entonces, el volcán disgusta periódicamente a los habitantes de sus laderas que tienen que limpiar del polvo las casas y las calles, pero no causa importantes daños.

La actividad del Etna, incluso, tiene efectos positivos. La tierra a su alrededor es muy fértil, con lo cual en las laderas prosperan viñas y huertos. Para los especialistas que se dedican al estudio de las ciencias de la tierra el monte es una fuente inagotable de información.

En 1996 el Etna fue incluido en los Volcanes de la Década, un proyecto respaldado por las Naciones Unidas para sensibilizar a la opinión pública sobre los peligros que pueden correr las poblaciones que viven cerca de los volcanes activos. A su vez, en 2013 la UNESCO confirió al monte siciliano el título de Patrimonio de la Humanidad.

De momento, el Etna parece más una atracción turística que un verdadero volcán. Pero es una impresión engañosa. Las erupciones son difícilmente previsibles y siempre conllevan el peligro mortal para los humanos. Es mejor vigilar para no repetir el destino de los descuidados habitantes de Pompeya.

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