Texas: el precio del aislamiento y la arrogancia

Estados Unidos es un país de enormes contradicciones. Resulta increíble que sea capaz de posar un vehículo de seis ruedas en la superficie de Marte, pero tenga en Texas una red eléctrica tan lamentable que ha dejado sin luz a cientos de miles de personas.

Por Francisco Herranz*

Texas tiene tanto petróleo en su subsuelo que, si fuera una república independiente, tendría derecho a ser miembro de la OPEP por su producción de crudo y gas natural, pero se ha quedado sin energía ni agua potable a consecuencia de la congelación de las tuberías y pozos de gas natural, así como en las unidades generadoras de turbinas eólicas. Los cortes de suministro afectaron a millones de clientes.

El balance mortal de esta catástrofe, que no sólo afectó a Texas sino también a Oklahoma, está aún por determinar. El recuento parcial llegaba ya a 68 fallecimientos por hipotermia o intoxicación por monóxido de carbono, pero seguramente superará los varios centenares porque la situación no se ha arreglado.

LOS MÁS VULNERABLES PAGAN

Todo lo que está asociado a la generación eléctrica y carece de dispositivos de emergencia ha dejado de funcionar con normalidad, lo que ha complicado la vida de la población más vulnerable como los niños, enfermos o ancianos. Las gasolineras se quedaron sin combustible. Se formaron enormes colas para intentar comprar productos básicos. Se suspendió la exportación de gas natural a México. Los apagones no cesaban seis días después de las grandes heladas y 14 millones de personas tenían que hervir el agua para poder beberla con garantías de seguridad.

La crisis desatada por las bajas temperaturas ha sido, en buena medida, autoinfligida, porque el llamado “Estado de la estrella solitaria” (llamado así en referencia a su bandera) no forma parte, por decisión propia, de las dos grandes redes eléctricas de EEUU, por lo que no ha podido importar energía de otros estados vecinos, como hizo Oklahoma, precisamente cuando más lo necesitaba.

Tampoco puede exportar electricidad cuando le sobra. ¿Por qué no está conectada su red al resto del país? Porque si lo hicieran, sus líneas estarían entonces bajo control federal, según una ley firmada por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt en 1935. 

La mayor parte de la red eléctrica texana es administrada por el Consejo de Fiabilidad Energética de Texas (ERCOT, por sus siglas en inglés), una organización sin ánimo de lucro. Esta red no cruza líneas estatales, es decir, no sale de Texas, ni está sujeta a regulaciones federales.

LAS CULPAS

Gran parte de la responsabilidad recae sobre los hombros de Rick Perry, el que fue gobernador de Texas entre 2000 y 2015 y posteriormente fue nombrado por Donald Trump como su secretario de Energía, cargo que desempeñó entre 2017 y 2019. Perry hizo una política energética arrogante y chauvinista en Texas, llegando a decir que los texanos prefieren seguir congelándose en sus hogares que permitir que el Gobierno federal participe más en la red eléctrica.

El sucesor de Perry, Greg Abbott, también republicano, se halla ahora en el epicentro del debate por mantener la desregulación de la red eléctrica texana que se produjo entre 1995 (para los mayoristas) y 1999 (para el resto). La desregulación les sirvió a las compañías eléctricas para invertir mucho menos en estructuras y así pagar menos sobrecostes y alardear de un mercado eficiente. Las heladas les han quitado la razón. Los sistemas energéticos texanos están protegidos para no desconectarse con las altas temperaturas, pero no al contrario. Ahorrarse el dinero les salió muy caro.

Abbott culpó del desastre a los fallos de la energía eólica y solar, es decir, criticó a las energías renovables y, por extensión, al Green New Deal, una iniciativa de los demócratas a nivel federal para abordar el cambio climático y la energía limpia. Muchos republicanos locales apoyaron esa tesis. Pero en realidad las palabras de Abbot son una falacia porque las turbinas eólicas -o molinos de viento- sólo representan el 13 por ciento de la generación de electricidad en Texas.   

En un Estado donde se suele amenazar en serio con la secesión y odiar el “yugo” federal, el gobernador Abbott se tuvo que tragar su orgullo sureño y solicitar a Washington la declaración de zona catastrófica, con la consiguiente entrada en acción de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). Toda una ironía.

CONSECUENCIAS

Ya hubo dos episodios meteorológicos similares y previos a este, uno en 2011 y otro en 2014. A raíz del primero, la Comisión Federal Reguladora de Energía (FERC, por sus siglas en inglés) y la Corporación de Fiabilidad Eléctrica de América del Norte (NERC, por sus siglas en inglés) recomendaron a ERCOT y a su regulador, la Comisión de Servicios Públicos de Texas, que adoptaran medidas adicionales de protección que prepararan a sus infraestructuras eléctricas ante temporales invernales. No hicieron nada porque aquello fue una recomendación y no una orden. Llueve sobre mojado.

La ola de frío ha tenido consecuencias políticas. El senador republicano texano Ted Cruz ha visto cómo sus expectativas de llegar a la Casa Blanca en 2024 se vienen abajo de forma estrepitosa después de que le pillaran huyendo del frío con su familia rumbo a la soleada ciudad mexicana de Cancún. Mientras él baja de popularidad, el que sube es Robert Francis ‘Beto’ O’Rourke, quien estuvo a punto de arrebatarle el escaño a Cruz en 2018. El excongresista demócrata ha contactado a 700.000 personas para ofrecerles ayuda e información.

O’Rourke, que puede aspirar al cargo de gobernador o, de nuevo, a una plaza en el Senado, considera que Texas “se está acercando a un Estado fallido”. No le falta razón.

En realidad, se trata de un problema estructural, sistémico, abonado por una falta de voluntad política que va más allá de Texas, el Estado más grande de la Unión y el segundo más poblado (29 millones de almas). Los servicios públicos -la electricidad y el agua lo son- no se cuidan lo suficiente en EEUU, porque casi todo ha sido privatizado y porque el tamaño del Estado es ya muy reducido y no posee mecanismos de control suficientes. Los republicanos se escudan en el grandilocuente concepto de libertad para evitar mayores regulaciones, pero al final son los ciudadanos quienes siempre pagan los platos rotos. Como siempre.

*Sputnik

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