Mujer que sabe exigir

En 1983 el cantante madrileño-vasco Patxi Andiónpuso de moda una rola que se volvería emblemática muy pronto:  “Si yo fuera mujer…”.

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

Era un rock impulsivo y exigente. Era el grito solidario del compositor que con esta letra en español se ponía en el papel de la mujer que durante años-siglos, ha sido obligada a permanecer en un rol pasivo, silencioso, oculto, marginal…

Lo de Patxi era un grito de “¡Ya basta!”.  (Hoy alguien diría “¡Ya Chole!” en sentido contrario). Era el reclamo por el rol al que la mujer es sometida, a veces con su consentimiento, pero las más de ellas obligadas por una larguísima historia en la que el hombre es, en mayoría, el fuerte, quien manda, quien determina, quien obliga, quien reduce, quien azota, quien humilla, quien gobierna, quien dice qué si o qué no…

¡Pero ya basta! Es justo el reclamo y la exigencia de las mujeres y de hombres, que se solidarizan con ellas, en una lucha por la identidad que parece no tener fin… Porque cuando todo parece que hará que las cosas cambien para extender la igualdad, surge de nueva cuenta el monstruo histórico-cultural que las encierra entre las rejas de unas leyes que les dicen que “sí” a sus derechos, pero que en la realidad es “no”.

No a sus derechos a la igualdad sustantiva. A no ser discriminadas. A vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo integral. Derecho a una vida libre de violencia y a la integridad personal y al respeto: ¡No!

El tema de la mujer como objeto, más que como sujeto es histórico y se acusa que este modo de vida y de entender la vida es cultural y que, por lo mismo, es lo que es y no hay más; como si la cultura y la justicia no fueran producto humano.

Y por esto mismo, paso a paso, a lo largo de los años, de forma lenta pero firme, las mujeres se han fajado la falda o el pantalón para exigir sus potestades de equidad, de honra, de justicia igualitaria, de no impunidad a los delitos que se cometen en su contra; de respeto laboral, sexual, social, comunitario: Eso: ellas como sujetos de derechos y de obligaciones. Es un asunto sin excepción.

En México se adora a la mujer. Se le canta. Se le hacen homenajes. Ya en su advocación materna, como esposa, hermana, hija, prima, tía, abuela, amiga. Se les reconocen virtudes físicas y de actitud; es la mujer necesaria como mujer-esposa-compañera-amiga… “Mujer, mujer divina…”; “Y como a Dios, sin verte te adoré…”… “Novia mía, novia mía: cascabel de plata y oro, tienes que ser mi mujer”.

Se les suplica cuando han terminado por fastidiarse y mandan a volar al personaje-hombre: “Me cansé de rogarle, me canse de decirle que yo sin ella, de pena muero…”; “Por una mujer ladina, perdí la tranquilidad...”; “Perdón, vida de mi vida…”

Pero cuando ella no ha satisfecho las expectativas masculinas se convierte en la “Perdida”; “Hipócrita, sencillamente hipócrita”; “Aventurera”; “Ingrata pérfida, romántica insoluta…”. Todo esto y mucho más que esto es la mujer en México, según la expresión popular.

Aunque en México, como ocurre en muchas partes del mundo, ella  es la que conduce la vida de la familia; es el ‘centro y corazón del hogar’, es la ‘abnegada madre que todo lo ve y todo lo perdona’. Y se le asesta la responsabilidad de los trabajos domésticos: casa-comida-sustento (y esto porque si trabaja para llevar ‘algo’ a su casa, mucho mejor).

Pero a lo largo de esa misma historia, también han existido infinidad de mujeres que pusieron los puntos a las íes, porque sus talentos y sus inteligencias dan para hacer enormes contribuciones en cualquiera de los campos del conocimiento, la cultura, la ciencia, el humanismo…

Infinidad de ellas están en el anonimato, pero todas construyeron un mundo distinto desde el pequeño pueblo, desde la ranchería, desde el desierto y los mares, selvas o bosques. Ellas han estado ahí y son mujeres ilustres aunque no conozcamos el nombre de muchas de ellas. Y lo son por sus hechos, por su empeño, por su fortaleza, por su dignidad, orgullo y coraje.

Muchas otras lo hicieron y lo hacen a la luz pública, bajo todo riesgo y en toda circunstancia; enfrentan lo adverso con argumentos, con razones, con datos, con cifras, con propuestas y con eso mismo: dignidad, orgullo y coraje: en democracia.

El mismo coraje que han demostrado en México mujeres que han participado en las luchas más emblemáticas de nuestra historia:

En la guerra de Independencia estaban ahí  y acudieron al llamado del ser mexicano. Pruebas de su participación directa o indirecta están a la vista, como fue el caso de las que participaron en organizaciones clandestinas como la de “Los Guadalupes” que desde la ciudad de México colaboraba con los independentistas en distintas tareas de alto riesgo.

Estuvieron en la Reforma; en la República Restaurada como impulsoras de libertades; en la Revolución Mexicana desde la construcción de ideales o en las mismas trincheras.

Resulta dramático verlas ahí, Soldaderas, en el frente de batalla peleando como cualquiera de ellos y asumiendo la responsabilidad de su propia vida y la de sus hijos. Ellas ahí, firmes con dignidad, orgullo y coraje, también.

Querían otro México para todas y todos. ¿Lo consiguieron? ¿Si? ¿No? Si es “no” es nuestra culpa: Ellas pusieron su integridad y su vida. ¿Cuántas jóvenes estudiantes mujeres estuvieron en lo del 68? ¿Cuántas de ellas salieron a exigir libertad-justicia-igualdad-respeto? Muchas… 

Fueron ellas las que tabique a tabique contribuyeron en la construcción del nuevo edificio en el que vivimos hoy… Cobijadas en sí mismas y por sí mismas.

Pero falta más. Mucho más. Porque en el mundo, y en México en particular, muchos hombres o mujeres, incluso, no han solucionado ese complejo de machismo y de supremacía mal entendida. En México la situación es grave todavía, para ellas.

[‘¿Quién es la Chingada? – pregunta Octavio Paz, en “El laberinto de la soledad”—Y responde: Ante todo, es la madre. No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la maternidad, como la Llorona o la «sufrida madre mexicana» que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz (…) Chingar también implica la idea de fracaso’…]

Los resultados del Censo 2020 indican que la población total en México es de 126 millones 014 mil 024 habitantes. De ellos, 64 millones 540,634 son mujeres (51.2%) y 61 millones 473,390 son hombres (48.8%).

Al mismo tiempo, hasta 2021 se ha incrementado el número de feminicidios, que es decir, homicidios en contra de ellas por el sólo hecho de ser ellas. Según el Sistema Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, desde 2015 a noviembre de 2020 se duplicaron los feminicidios y asesinatos de mujeres.

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