Deudas, impuestos y desigualdad

En el capitalismo el poder real son los oligarcas; ellos controlan la casi totalidad de los medios de producción y propaganda.

La gran mayoría de trabajadores son despojados de su fuerza de trabajo y los mejores años de sus vidas en los principales centros de producción primero y, luego, ven reducidos sus ingresos a través de los impuestos (directos o indirectos) y el precio comercial de aquello que pueden adquirir, en muchas ocasiones, a través del endeudamiento.

Por Jorge Luis Oviedo*

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La cruda realidad es que los oligarcas,  a través de las personas jurídicas, no sólo controlan los medios de producción y propaganda, sino a los gobiernos a través de extorsión, chantaje, soborno y muchas formas de presión o ablandamiento. En los países hegemónicos el cabildeo (lobby) es una práctica habitual. Se tiene más dinero, más prestigio y los mejores profesionales para consensuar las leyes que se aprobarán en los parlamentos.

De hecho, la adopción de la deuda pública, como mecanismo, para dinamizar la producción y el consumo, no pudo haber sido idea de los políticos de oficio.

La creación de dinero respaldado con deuda y a disposición del sistema financiero para su circulación conveniente y responsable, es la forma más sutil de servidumbre.

En la Europa Medieval (antes de su expansión conquistadora en los albores del capitalismo) la ideología dominante recomendaba, desde el púlpito, la renuncia a los bienes materiales; pero luego, desde el Protestantismo (aunque no en todas sus sectas) surgió, también desde el púlpito, la justificación del pillaje disfrazado a través de las múltiples prácticas productivas, comerciales y financieras.

El capitalismo es, además de una dictadura, el paraíso de las mitologías de las libertades y las oportunidades.  El medio es el dinero.

Aunque el dinero en sí carece de valor real, facilita las ilusiones. Esa es precisamente, la trampa, lo que garantiza, el control de los medios de producción, comercio, financieros, de propaganda y, finalmente, por extensión,  los de opresión y represión, a los oligarcas.

Los gobiernos, pues, hace tiempo perdieron el control de las grandes decisiones colectivas. Son, por defecto, la pertenencia de unas pocas familias, especialmente, de los banqueros.

A través de los impuestos, sin embargo, se garantizan las deudas públicas. Base fundamental para que se creen enormes cantidades de dinero que, desde el sector financiero, crean muchísimas deudas privadas cíclicamente.

De ese subibaja (ciclos) unos pocos se vuelven expertos jugadores. Son los que acceden (a cuenta gotas) al festín.

Por su parte,  los trabajadores y muchos pequeños y medianos empresarios, conforman más del 90% de la población adulta: la servidumbre moderna.

Así la desigualdad en todos sus ámbitos se incrementa año con año.

El colmo del cinismo (más que paradoja) es que los banqueros, desde la niebla de sus sociedades anónimas, promueven el ahorro, fomentan la inversión (aquí y allá) y, al hacer que el dinero valga un poco menos todos los años, devalúan el trabajo y los bienes naturales de las naciones periféricas (riesgo país).

Pero la pobreza y la riqueza, debemos recordarlo, no existían antes de la división social del trabajo.

La esclavitud, la servidumbre y demás formas impositivas (tributos en especias o fiscales) surgieron a partir de la consolidación de castas o élites que se arrogaron el poder de las colectividades.

Desde hace unos cien años, los banqueros son los grandes depredadores modernos, los conquistadores que colonizan y  tienen  en esclavitud (por deuda) a miles de millones de personas en todo el mundo.

El dinero, como bien claro lo tienen los economistas, se genera de la nada, sobre todo, como deuda privada. La lógica es que el crédito será pagado por los deudores; pero por el deseo de ganar más, se otorgan más y más préstamos hasta que estalla la burbuja.

En México, los bancos, antes eran rescatados por el Chapulín Colorado; en USA por una manada de superhéroes. En realidad los bancos centrales crean más deudas para rescatar a sus patrones: los banqueros; e IMPONEN más impuestos para la mayoría de población adulta.

¿Por qué será que entre los más de 2000 US $milmillonarios hay voces diciendo que están dispuestos a pagar más impuestos?

Muy sencillo, invierten su dinero a través de Sociedades Anónimas: bancos, fondos de inversión y las  corporaciones que controlan los medios de extracción, transporte de materias primas, industrias livianas y pesadas… y son amigables con el Vaticano y las iglesias protestantes; y brindan mucho espectáculo a través de la televisión y las redes sociales.

De esa forma piensan continuar con el control de todos los medios con su nuevas versiones capitalistas: verdes, amigables, ecológicas…

El capitalismo es, pues, una cínica burbuja de ilusiones que debe ser pinchada ¡ya! con algo más que las tizonas de los conquistadores españoles.

Recordemos, las deudas, los impuestos y la desigualdad no son naturales; tampoco la propiedad privada sobre los bosques, los acuíferos, el subsuelo; tampoco es natural la herencia de bienes y  poder.

El dinero es un producto más de la imaginación humana, tan simbólico como una cruz, un águila sobre un nopal, etc.; pero en los últimos cien años ha sido excesivamente manipulado; por eso los banqueros deben extinguirse por decisión de la soberanía popular.

Por otra parte, el dinero, ya no debe respaldarse con deudas públicas y privadas, sino con algo real: el trabajo de las personas es sus más variadas formas: físico, intelectual, artístico, científico, maternidad, estudio, etc.

De esta forma se garantiza el pleno empleo.

https://elcomunista.net/2020/11/13/por-que-es-urgente-eliminar-los-impuestos-y-adoptar-la-contribucion-refleja-aqui-algunas-razones/

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