EDITORIAL.- Quien no se mueve no siente las cadenas

Hoy no es un día cualquiera. En gran parte del mundo se recuerda la fecha del 8 de marzo como el día de la mujer trabajadora.

Es una cita en el calendario en la que se lleva a las calles de las principales ciudades del mundo las reivindicaciones que tienen que ver con los derechos de todas las mujeres que, en el sistema capitalista con su modelo patriarcal, están aún irresueltos.

La violencia de género sigue siendo una conducta generalizada en el planeta. Cada día mueren 140 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, según datos de Naciones Unidas.

Su doble responsabilidad como trabajadora en la casa y fuera de ella, sigue señalando la ausencia de igualdad entre hombres y mujeres. Igualdad de responsabilidades, igualdad de derechos y de oportunidades.

La brecha salarial entre hombres y mujeres sigue existiendo. La presencia de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad y la economía en igualdad de condiciones que el hombre sigue sin ser una realidad, que se metaboliza en la sociedad como si fuese un comportamiento natural y no como una grave injusticia social, que es lo que es.

En el recorrido existencial, en la economía de mercado que nos ha tocado vivir, el lugar destinado a la mujer, ya sea madre, esposa o hija, es de una condición inferior a la de los hombres en cuanto a derechos.

Hablar de feminismo, como ideología que defiende la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sigue siendo denostado, no solo por los sectores más derechistas y fascistas de la sociedad sino también por los patrones económicos y políticos de nuestras sociedades de mercado.

Ahora se dice que hay una pandemia, y se alegan absurdos argumentos para vallar los palacios presidenciales, criminalizar las movilizaciones de las mujeres e incluso penalizar su justificado grito de libertad, justicia e igualdad.

La lucha por los derechos de las mujeres, es la lucha por una sociedad justa y democráticamente avanzada. Los pasos hacia esa meta deben ser impulsados por hombres y mujeres cada día. Es una tarea de todas y todos. Ganando impulso en el recuerdo de nuestras madres y abuelas, y en la reflexión sobre el futuro de nuestras hijas y nietas.

Pero, hoy, por razones históricas, es un día para la movilización que toque las conciencias de la humanidad y que haga despertar una dinámica progresista que ampare al sector mayoritario de la población mundial, en su legítimo derecho a la igualdad con respecto al otro sector, que siendo mayoritario, controla sin embargo, los resortes de todos los poderes existentes y que viene impidiendo la resolución de este endémico conflicto entre géneros.

Es necesario alzar la voz, concienciar desde la infancia que una mujer, por el hecho de serlo, no debe tener menos oportunidades, menos derechos que un hombre.

La pandemia existe, es real, pero no deja de ser una excusa más para silenciar la injusta realidad de la mujer.

Nada es casual, no podemos indignarnos sólo unos cuantos, porque empujaríamos la voluntad de la mayoría de la sociedad hacia el inmovilismo, ideal para la perpetuidad del modelo capitalista patriarcal más salvaje.

Cabe reflexionar sobre la cita de Rosa Luxemburgo que da título a esta editorial.

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