Astor Piazzolla, el «niño-hombre» que liberó al tango es celebrado en el mundo

La historia del tango en el Río de la Plata puede resumirse en tres momentos: la de la danza, entre 1850 y 1890; la de la lírica, con el surgir de Carlos Gardel a principios de 1900; y, luego, la de la orquesta, que encuentra en Astor Piazzolla a uno de sus principales y más vigentes exponentes, aún a 100 años de su nacimiento y a casi 30 de su partida.

Por Ramiro Barreiro*

Piazzolla nació en la ciudad balnearia de Mar del Plata (provincia de Buenos Aires, este), pero vivió parte de su infancia en Nueva York. Como un designio del destino, su figura encarnaría para siempre un equilibrio entre mismidad y otredad con lo extranjero, algo que no siempre fue bien entendido en Argentina.

Así, y mientras desparramaba tango por todas partes, algunos sectores de la sociedad argentina lo rechazaban por moderno, al punto de llamarlo «asesino del tango»

«Eso quedó en el siglo XX y ahora estamos en el siglo XXI», dice a Sputnik Laura Escalada, viuda de Piazzolla y directora de la fundación que lleva su nombre, mientras se prepara para el concierto de gala que el Teatro Colón de Buenos Aires rendirá en tributo a su marido, con la presencia estelar de su nieto y baterista, Pipi Piazzolla.

«Hoy (por este jueves) lo primer que hice es decir «gracias, Astor, gracias por haber nacido, gracias por ser quien fuiste, quien sos y en quien te convertiste; gracias por ser nuestro, ser argentino, que nos hace mucha falta alguien de tanto valor en el mundo, y gracias por haber sido y ser un genio del siglo XX, entre los grandes músicos clásicos», evoca su mujer.

Y reafirma, en su amor: «Con el orgullo enorme de haber compartido mi vida contigo te digo te amo más que nunca y te admiro más que nunca, por todas tus virtudes, no solo como músico sino como persona».

El bandoneón fue para Piazzolla apenas un mascarón de proa en su idea de revolucionar al tango en particular, y a la música popular en general.

Al día de hoy, «Adios Nonino» (dedicada a su padre) sigue siendo una de las canciones más reversionadas en el mundo, y también bailada, porque la danza sacó enorme provecho a su obra.

Otras composiciones suyas forman también ya parte del canon musical universal, como «Libertango» y «Las cuatro estaciones porteñas», interpretadas en todo el planeta.

TIMIDEZ Y CORAJE

Al mando de ese barco había un hombre «muy tímido pero al mismo tiempo muy corajudo» que ponía «primero la timidez y después la adrenalina que te lleva adelante».

«Era muy cariñoso, me llamaba ‘mumuki’ (como una de sus composiciones), era muy pudoroso y jamás hacia demostraciones de cariño en público porque le daba vergüenza, pero estaba que era lo principal», evoca Laura, «y era un hombre que a veces hacía muchas travesuras y se convertía en un niño de seis años».

«A veces, cuando me iba a acostar, me ponía cosas adentro de la cama, me hacía travesuras, pero era su forma de descomprimir tanta información que tenía en la cabeza», asegura la mujer entre risas.

Otro pasatiempo al cual echaba mano Piazzolla era pescar tiburones «donde descargaba mucha adrenalina, algo no tan bueno para un hombre que había tenido un ataque al corazón».

«Su destino lo quiso él, lo formó él y lo terminó él», resume Laura y lamenta que sólo haya vivido 69 años.

DISCIPLINA Y GENEROSIDAD

La mujer lo describe como un obrero -por su disciplina- al cuál el universo le otorgó un don y él supo aprovechar.

«Casi nunca tocó el bandoneón en casa», asegura, «no le gustaba ensayar, los ensayos eran muy cortos y no muy agradables, porque eran muy exigentes. Entonces, apenas dos ensayos y al escenario».

Generoso de la música y de sus músicos, a quienes Piazzolla regalaba tiempo para «solos», ya sea en un magnánimo teatro, como en un viejo sótano o estudio de TV, algo que incluso puede notarse en cualquiera de sus videos en YouTube.

Los homenajes por el centenario de Astor Piazzolla se repiten en todo el mundo a lo largo de esta semana, y hasta en lugares remotos como Massa Sasorosso, un pueblo montañés de la provincia italiana de Lucca (centro norte) donde nació su abuela materna; también en Trani, una ciudad pequeña en Puglia, al sur de Italia, de donde era su abuelo paterno.

Piazzolla también es recordado en Países Bajos, Alemania, Corea del Sur y en todos los lugares donde tocó. Incluso en Moscú, ciudad que Laura y Astor visitaron: «es un pueblo maravilloso y me encantó».

Y por supuesto en Mar del Plata, cuyo aeropuerto lleva su nombre, y en Buenos Aires.

«Era hora que el Gobierno de la Ciudad (de Buenos Aires) se haya ocupado de un hombre que estaba muy ignorado en la Argentina, en muchos aspectos, y haya promovido el centenario; además (el jefe de Gobierno) Rodríguez Larreta nos prometió que tendrá una calle», cuenta Laura, quien con la fundación ya instaló conservatorios y bautizó academias en todos los rincones.

A esa misma administración le pide: «Estoy esperando que me vacunen porque yo soy anciana, esperaré lo que sea necesario, aunque la campaña de vacunación está muy demorada en Buenos Aires».

Es cierto que Astor se fue temprano de este mundo, aunque su obra sea eterna. Hoy la memoria lo trae de nuevo y Laura está segura que, de estar entre nosotros, «estaría escribiendo música».

«Él se volvería loco con los instrumentos de ahora, pero es un músico tan completo que es al revés, cualquier instrumento puede tocar las obras de Astor». Y vaya sí lo hacen.

*Sputnik

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