¿A qué se debe el auge de grupos de extrema derecha en España?

Cada vez son más recurrentes en España manifestaciones que abiertamente reivindican al nazismo o al franquismo. ¿Por qué resurgen esos ecos del pasado?, ¿son expresiones que forman parte de la libertad de expresión dentro de una democracia o hay razones para encender las alarmas?

Por karen Méndez Loffredo*

«Falangistas se manifiestan en Valladolid brazo en alto y cantando el Cara al Sol», «Unos 300 nazis se manifiestan en Madrid en homenaje a los caídos de la División Azul», «La irrupción de un grupo neonazi empaña la manifestación por la Sanidad Pública», «La extrema derecha irrumpe en el 8M entre cánticos franquistas y agresiones», «Varios murales feministas amanecen vandalizados en Madrid y Sevilla por grupos de extrema derecha», «Vox sigue subiendo en las encuestas mientras que el resto baja». Son todos titulares de la prensa española en lo que va de año.

¿Qué está pasando?, ¿por qué cada vez son más recurrentes manifestaciones donde abiertamente se reivindica al franquismo o al nazismo?, ¿qué relación hay entre estas expresiones y el crecimiento de Vox?

Para el politólogo español, Guillermo Fernández Vázquez, si bien es cierto que «estos grupos neofascistas han existido en España desde el inicio de la democracia», también es verdad que en los últimos años han cobrado protagonismo debido a un «ambiente político que les favorece».

«El auge de una extrema derecha parlamentaria como Vox, con una fuerza considerable de escaños, pero sobre todo con una fuerza cultural importante, donde la derecha está siendo cada vez más hegemonizada por la extrema derecha, hace que estos grupos neofascistas se sientan respaldados y envalentonados para tener mayor visibilidad, para atreverse a hacer cosas que antes no se atrevían a hacer».

«Y, así, donde hace un año o hace tres, podían organizar pequeños actos, conferencias, actos minoritarios, especialmente en lugares cerrados, ahora se atreven un 8 de marzo a arruinar un mural feminista, desplegar pancartas o boicotear diferentes actos visibles o públicos, algo que hace años no hubiera sido posible».

Guillermo Fernández Vázquez

Investigador de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro ‘¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?’

El historiador italiano Steven Forti coincide con Fernández Vázquez. A su vez apunta que aunque el fenómeno de la «nueva extrema derecha» mundial, que han representado Donald Trump, Jair Bolsonaro, Matteo Salvini, la familia Le Pen, Viktor Orbán o Vox, no se podría «definir como fascistas o neofascistas», su protagonismo político y mediático sí que ha alentado el resurgimiento de grupos radicales que hasta hace poco se creían reducidos.

«Si en el clima general la extrema derecha tiene más peso electoral, mediático y protagonismo público, evidentemente que esos sectores más radicales, directamente neonazis, se sienten más apoyados y envalentonados para hacer declaraciones públicas como las que hemos visto recientemente en Madrid», indica Forti, doctor en historia en la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del libro Patriotas indignados, sobre la nueva ultraderecha en la Posguerra Fría.

Vox, «la locomotora»

Vox no solo es la tercera fuerza política del país, sino que poco a poco ha ganado espacios en territorios claves, como ocurrió recientemente en el Parlamento catalán. Además, se mantiene como el único partido que sube en las encuestas.

«La locomotora política y cultural de la galaxia de la extrema derecha es Vox, y como esa locomotora va cada vez más rápido, sus furgones de cola, sus sectores más radicalizados también avanzan. Aunque Vox todavía no lidera políticamente a la derecha en su conjunto, sí es verdad que culturalmente la batalla de las ideas la va ganando. Es decir, quien marca el terreno, el rumbo dentro del conjunto de las derechas españolas es la extrema derecha, es Vox. Es Vox quien orienta a las derechas sobre qué posiciones tomar respecto a la historia de España, respecto del feminismo, migración, economía y sobre cuestiones simbólicas, como el uso de la bandera», explica Fernández Vázquez.

Vox es un partido político que nació en diciembre de 2014 y, si bien sus dirigentes forman parte de una clase económica y política privilegiada de España, y una gran parte de su militancia también, su discurso va dirigido hacia los sectores más desatendidos del país, y cada vez son más los obreros, los taxistas, los campesinos o desempleados los que los apoyan. A todos ellos los invitan a rebelarse contra lo que llaman la «dictadura progre», un término en el que el partido de Santiago Abascal engloba al actual Gobierno, movimientos sociales que defienden el feminismo o a las minorías étnicas, e incluso a poderes mediáticos y corporativos.

«Creo que la extrema derecha está siendo exitosa a la hora de considerar como el enemigo a lo que ellos llaman ‘la dictadura progre’ y que nosotros podríamos denominar neoliberalismo progresista, y a pesar de que se podría dudar de que la izquierda es hegemónica en España, la extrema derecha lo dice y esa idea está cada vez extendiéndose más», apunta Fernández Vázquez.

Nichos abandonados

La dirigencia de Vox poco habla de su programa de Gobierno o de propuestas políticas, y en cambio apunta a emociones sobre problemas estructurales que sufre el país como el desempleo, la falta de oportunidades entre los jóvenes, la baja natalidad, el despoblamiento de zonas rurales o las tensiones territoriales. Nichos, que según alertan distintos académicos, han sido abandonados por la izquierda.

«Es verdad que en España ha existido un miedo a una ruptura de país, a un hecho traumático de que en un país haya un territorio que se desmiembre, y la izquierda no ha sabido tomar en cuenta ese choque psicológico grave. O, por ejemplo, hay territorios en España cada vez más despoblados, que viven una crisis demográfica y una crisis económica muy fuerte, con un sentido de abandono, pero la izquierda prácticamente no apela a ellos, no habla de eso. O el problema de la familia».

«Ponemos todo el acento, con razón, en que la familia no es una sola, que hay distintos modelos, pero no nos hacemos cargo de que uno de los problemas de España es la despoblación, la baja natalidad. La izquierda se ha centrado en los modelos minoritarios, pero se olvida del mayoritario, donde está un grueso de la población que no puede formar familia porque no tiene estabilidad en el trabajo, no se atiende y eso provoca un sentimiento privado muy fuerte que la izquierda no procesa».

Guillermo Fernández Vázquez

Investigador de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro ‘¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?’

Fernández también advierte sobre el riesgo que podría acarrear el no atender esos problemas urgentes del grueso de la población.

«Porque o sino llegará una fuerza política de extrema derecha que plantee un programa, como en Polonia, que propone dar beneficios fiscales para que las mujeres se queden en casa, bueno, ellos no dicen mujeres, sino que un miembro se quede en casa, y como casi siempre ocurre, se queda la mujer y, al final, es un modelo híper regresivo. Pero si no tomamos en cuenta eso, al final esos modelos regresivos puede que se instauren por incomparecencia, por no haber atendido el problema».

Épica narrativa

Además de aprovechar esos nichos abandonados por la izquierda, Fernández Vázquez indica que Vox ha incorporado una épica narrativa que atrae, principalmente a los jóvenes.

Desempolvar historias «como la reconquista de España, el Ejército de los Flandes o del Imperio español» le ha dado sentido histórico e, incluso, hasta heroico a su lucha contra «la dictadura progre, el feminismo, la izquierda y el independentismo».

«Entonces, fue cambiar al Ché Guevara por Blas de Lezo, una especie de héroe militar de la ultraderecha que era muy bravo y que, aunque perdía las piernas y brazos, seguía luchando, una figura hasta hace poco olvidada, pero exaltada por el franquismo y la extrema derecha».

Guillermo Fernández Vázquez

Investigador de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro ‘¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?'»

Muchos compañeros y amigos profesores me cuentan alarmados que cada vez más encuentran en las clases, especialmente entre grupos de 13 a 17 años, a personas que, un poco en broma y un poco en serio, llevan banderas preconstitucionales de España, cantan canciones franquistas, dicen ‘arriba España’, que es el saludo del fascismo español. Digamos, hay toda una puesta en escena derechista franquista donde antes no la había. Donde antes podía haber un skinhead muy de vez en cuando, ahora esto se está generalizando, no tanto desde el punto de vista de skinhead o gente violenta, pero sí de gente que hace apología al franquismo y de elementos que enlazan con el franquismo, y eso es muy preocupante», alerta Fernández Vázquez.

Crisis, ¿caldo de cultivo?

Durante muchos años, diversos académicos y analistas han alertado que las situaciones de graves crisis económicas y políticas son el mejor caldo de cultivo para el surgimiento de grupos de extrema derecha, como sucedió con Hitler o Mussolini en su época.

Sin embargo, el historiador Steven Forti, difiere un tanto de quienes hacen algún paralelismo con el momento actual. Considera que «aunque pueda rimar, como decía Mark Twain, la historia no se repite».

«Pero esto no quiere decir que ahora no haya riesgos reales de que se den posibilidades de regímenes no democráticos o que defienden lo que Orban ha llamado una democracia iliberal, donde los derechos que se habían conquistado en el último medio siglo se vean cada vez más restringidos y la democracia se convierta en una especie de cáscara vacía, que es lo que ha estado pasando en la última década en Hungría. Este es el riesgo real, ahora bien, la nueva extrema derecha no es el fascismo de la época de entreguerras porque el mundo ha cambiado y porque ellos mismos se han transformado», resalta Forti.

Y aunque insiste en que son momentos y actores diferentes, Forti no deja de lado elementos de la actualidad que jugarían a favor del resurgimiento de grupos de extrema derecha, como «las desigualdades sociales y una crisis económica y social que se junta con una crisis de la democracia liberal, con el declive constante del modelo neoliberal y con una crisis de valores generalizada».

«Estas sociedades están cada vez más deshilachadas, entonces, todos estos elementos favorecen a opciones rupturistas, llamémoslas antisistemas, populistas, y en ese momento, la extrema derecha se presenta como una opción antisistema, como una opción rupturista, como una opción que utiliza las herramientas del populismo en contra de lo que considera el sistema y las élites. Entonces, evidentemente, en un momento de frustración y de rabia, de posible mayor desempleo, estas formaciones tienen, sin duda, una opción para prosperar, y en algunos casos, llegar al Gobierno de diferentes países».

Steven Forti

Historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del libro ‘Patriotas indignados’.Ahora bien, resalta Forti, aún «no todo está escrito».

«No todas las cosas tienen que ir directamente hacia allá, es un escenario posible, pero las cosas pueden cambiar, o bien porque el escenario global o nacional de cada país pueda no ir tan a peor o porque también las instituciones en muchos países occidentales estén mucho más sólidas que en el pasado y tienen herramientas para protegerse, y también porque las formaciones de extrema derecha no son infalibles, a menudo cometen muchos errores en sus estrategias y en sus tácticas políticas y eso les puede acarrear problemas en la conquista del poder político», considera.

Más política y menos condenas morales

Entonces, ¿cómo actuar frente a estos grupos de extrema derecha?, ¿qué hacer?, ¿deben asumirse como una expresión más dentro de una democracia o hay que encender las alarmas?, ¿cuándo encenderlas? Son preguntas constantes que planean sobre este debate.

«Merece que se enciendan las alarmas, básicamente por un motivo: no porque un partido como Vox vaya a suprimir la democracia en España, pero sí porque creo que su concepción de democracia, como la del Gobierno polaco o húngaro, es sumamente estrecha. No creo que Vox vaya a instaurar el franquismo, pero creo que llevaría la democracia a unos términos mucho menos abiertos, por ejemplo, ilegalizaría o intentaría ilegalizar partidos, impondría una democracia militante, en la cual, para poder participar en el juego democrático tendrías que renunciar a ciertos principios».

«¿Habría elecciones? Seguiría habiendo elecciones, pero se reduciría mucho el pluralismo. Es decir, Vox, querría, y esto es peligroso, no tanto volver al franquismo, sino a un término intermedio entre el franquismo y la Transición, el período en el que el régimen franquista estaba pensando en abrirse, pero limitadamente, por ejemplo, no aceptando al Partido Comunista. Sería volver a ese Estado de 1976, en el que se estaba aceptando que tenía que cambiar, que se tenía que apostar por algún tipo de democracia, pero no aceptando a ciertos partidos y prohibir de facto que ciertos proyectos políticos se pudieran realizar. Entonces, claro que es peligroso», opina Fernández Vázquez.

A su vez, Forti insiste en que «la democracia es un bien preciado» y como tal, «debe tener las herramientas para defenderse de quien pueda destruirla desde adentro».

«Tiene que haber herramientas para que acciones violentas o infiltraciones en instituciones del Estado por parte de grupos neonazis o ultraderechistas sean bloqueadas y frenadas, y, por otro lado, tiene que haber por parte de la sociedad, a partir de las instituciones públicas, en primer lugar, desde el Parlamento, que es donde reside la soberanía, un trabajo para encontrar consenso en la sociedad para marginar, frenar y extirpar el discurso del odio».

Steven Forti

Historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del libro ‘Patriotas indignados’.

Y mientras algunos, como Unidas Podemos, declararon en su momento una alerta antifascista para frenar el auge de la extrema derecha, Fernández Vázquez recomienda que la manera de disputarle terreno a estos grupos sea con más acciones políticas y menos condenas morales.

«Por ejemplo, en el caso de la España vaciada, Vox lo politiza en un modo identitario diciendo ‘ustedes de la España rural, ¿a que les gusta la caza, la pesca y los toros? pues hay unos urbanitas progres que dicen que ustedes son unos asesinos’ y tiran por ahí. Pero, en lugar de politizar por ahí, la izquierda puede politizar desde otro lado, no tanto apelando a tus gustos o hobbies, sino apelando a tu condición de ciudadano, ‘oiga, usted vive en un lugar poco poblado, pero usted es ciudadano y por tanto debe tener el mismo acceso a los servicios públicos, y por tanto mi propuesta es que en sus territorios no cierren sus escuelas, sus centros de salud, no cierren incluso algunas sedes bancarias’, que en núcleos pequeños de población son muy importantes. O lo mismo hacer con lo que decíamos de las familias».

«Es decir, hay siempre una tendencia de los medios y partidos de izquierda de hacer una condena moral, que está bien, pero Vox o el neofascismo no es un problema primariamente moral, sino político, y, por tanto, hay que estudiar y analizar por qué avanzan, por qué se extienden en redes sociales, qué mensajes están calando más, qué aspectos de su discurso agarran más y cómo podríamos hacer nosotros para tomar en cuenta los problemas de la gente», sugiere Fernández Vázquez.

*Sputnik

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