Las concentraciones elevadas de polen aumentan las infecciones por coronavirus, según un estudio

El polen adormece los interferones antivirales, las proteínas que activan la defensa inmunológica.

Las altas concentraciones de polen reducen las proteínas antivirales -interferones antivirales- provocando una menor respuesta inmunitaria frente a la COVID-19 y aumentando de este modo las posibilidades de contagio. Esta es la principal conclusión que se extrae del estudio internacional de 154 investigadores, que planteaba cómo afectarían las concentraciones de polen a la infección provocada por el SARS-CoV-2.

En esta investigación, coordinada por Athanasios Damialis -responsable del área de aerobiología de la Universidad Técnica de Múnich (Alemania)-, participa la catedrática de la Universidad de Córdoba (UCO) Carmen Galán, quien indica a RTVE.es que «el estudio se hizo durante el inicio de la pandemia, cuando todo era muy desconocido y no había tantas medidas de prevención, como las mascarillas».

La catedrática andaluza detalla que esta correlación se produce independientemente de si la persona es alérgica o no. La investigación ha trabajado con un conjunto de datos de concentración de polen en aire de 130 sitios de 31 países distintos y en los cinco continentes.

Aumenta un 4% la posibilidad de contagios

Hace ya un año, la declaración de la pandemia mundial por parte de la OMS por coronavirus coincidió con una ola de calor en el hemisferio norte, cuando iniciaba el primer gran pico estacional en las emisiones de polen de los árboles.

Para conocer la incidencia de las altas concentraciones de polen con los casos de COVID, el equipo de investigación cruzó los datos con otras variables como la humedad, la temperatura, la densidad de población y el confinamiento.

Tras el análisis, descubrieron que una mayor cantidad de polen en el aire estaría relacionada con los aumentos en las tasas de infección y que dicha tasa dependería en un 44% del polen cuando este se presenta en concentraciones elevadas.

Sin confinamiento, cuando la cantidad de polen en el aire subía 100 gramos por metro cúbico, los contagios aumentaban un 4% en los tres o cuatro días posteriores. La aplicación del confinamiento redujo a la mitad la aparición de nuevos casos bajo concentraciones de polen similares.

El uso de la mascarilla es esencial

Este mes comienza la polinización del ‘plátano de sombra’, una de las principales causas de las reacciones alérgicas de ciudades de todo el mundo. Por eso, Carmen Galván recuerda que «ahora es cuando nos estamos exponiendo más al polen».

En regiones como Andalucía o Extremadura, donde los olivos y las gramíneas abundan y el clima tiende a ser más seco, está situación podrá alcanzar un mayor peligro.

Ante una posible relajación de las medidas una vez superada la tercera ola, Galán pide que «no nos quitemos las mascarillas para nada, porque vamos a estar más expuestos al polen» y por ende, «más expuestos al coronavirus».

Una petición que realiza pensando en aquellas personas que aprovechan las comidas en las terrazas de los bares para librarse por unos minutos de las mascarillas, y que estos meses no entraña solo el peligro de la COVID-19 sino también del polen.

Otra medida clásica contra el polen es que la ventilación de las casas se produzca en las horas tempranas y evitando el mediodía. Una acción -la de cerrar las posibles vías de entrada de las partículas alérgenas- que choca con la recomendación de mantener las ventanas abiertas durante reuniones en espacios cerrados, con la intención de prevenir los contagios.

El polen es un factor modulador de la pandemia

El efecto negativo del polen ante la respuesta inmunitaria lo convierte en un factor modulador de la infección, pero no es determinante. En el estudio destacan que el efecto de estas partículas sobre la notificación de contagios resultó ser menos pronunciado en los meses de encierro.

Además, desarrollan que es posible que las altas temperaturas en verano contrarresten las infecciones en cierta medida, siempre que, por supuesto, se mantenga el distanciamiento social.

Por lo tanto, el efecto promotor de la infección del polen podría hacerse evidente solo durante la primavera, cuando las temperaturas del aire aún no son lo suficientemente altas como para limitar la propagación del virus, pero se producen altas concentraciones de polen de los árboles.

Para evitar futuras olas de alta transmisión del virus bajo combinaciones «favorables» de temperatura del aire, humedad y polen, recomiendan tomar medidas de protección más estrictas, así como la instalación de redes fiables de medición de bioaerosoles en tiempo real y el uso de información y sistemas de predicción del polen.

RTVE

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