La Comuna de París, revolucionaria e igualitaria

Este jueves cumple 150 años la Comuna de París, un ejemplo de democracia directa que pese a su muy corta existencia se convirtió en un punto de referencia para los revolucionarios posteriores. 

La Comuna que gobernó la capital francesa durante 72 días, del 18 de marzo al 28 de mayo, intentó hacer realidad muchas reclamaciones que siguen siendo actuales hoy en día: la separación de la iglesia del Estado, la obligatoriedad de la enseñanza laica, o la igualdad en el trabajo para los hombres y las mujeres. 

LA GUERRA Y EL HAMBRE

La desastrosa guerra contra Prusia en 1870 y 1871 no solo acabó con el Segundo Imperio, sino que devastó a Francia y su capital. 

El emperador Napoleón III capituló el 2 de septiembre de 1870; el 4 de septiembre en París se proclamó la república y se formó un gobierno de defensa nacional.

El 19 de septiembre los prusianos asediaron la capital, sometiéndola al hambre y constantes bombardeos. 

El gobierno comenzó negociaciones discretas con Prusia en enero de 1871, lo que indignó a los parisinos a pesar de que llevaban ya cuatro meses asediados.

El armisticio se firmó el 28 de enero y un mes después, el 26 de febrero, el gobierno de Adolphe Thiers que aceptó la totalidad de las condiciones prusianas incluido un desfile por los Campos Elíseos de París, suscribió el Tratado de Versalles.

Los parisinos, a diferencia de la mayor parte de la provincia que aspiraba a la paz, nunca reconocieron este acuerdo. El desfile de los prusianos se realizó en una ciudad desierta, los habitantes no salieron de sus casas. 

El descontento crecía también por las disposiciones del gobierno, que dejó de pagar a la Guardia Nacional, una milicia popular que defendió la capital durante el asedio y que contaba con unos 200.000 miembros que tenían familias que alimentar, y suprimió la moratoria sobre letras de pago, alquileres y deudas, exponiendo a la población empobrecida a otra grave carga.

La decisión de retirar de París los cañones que los parisinos adquirieron por suscripción popular se convirtió en la última gota.

NACE LA COMUNA

Los habitantes y la Guardia Nacional salieron a la calle para impedir que las tropas que llegaron la noche del 17 de marzo se llevasen sus cañones. Los soldados se negaron a disparar y fraternizaron con el pueblo.

El gobierno por su parte tuvo que huir a Versalles, donde ya se encontraba la Asamblea elegida hacía un mes.

Mientras, el Comité Central de la Guardia Nacional, elegido a principios de marzo, se proclamó como organismo interino de poder revolucionario hasta la elección del Consejo Comunal de París y designó a sus representantes a todas las instituciones municipales y estatales.

Tras los comicios del 26 de marzo se formó el Consejo Central de la Comuna de París aunque una veintena de moderados se negaron a participar en las reuniones. El resto de los diputados, en gran parte artesanos, pequeños comerciantes y empleados, pertenecían a dos grupos principales: los revolucionarios blanquistas y jacobinos formaban la mayoría, y los marxistas y los anarquistas la minoría.

LAS REFORMAS

La Comuna se dividía en nueve comisiones especiales dedicadas a la guerra, los víveres, las finanzas, la justicia, la seguridad general, el trabajo y los intercambios, los servicios públicos, las relaciones exteriores y la enseñanza y una comisión ejecutiva que se ocupaba de la administración general y se componía de los nueve delegados que encabezaban las otras comisiones. El 1 de mayo la comisión ejecutiva fue sustituida por el Comité de Salvación Pública, de cinco miembros, dotados de amplios poderes. 

El 20 de abril la Comuna de París publicó la Declaración al pueblo francés, en realidad su programa, donde proclamaba como objetivo la creación en Francia de una federación republicana de comunas. 

A los comuneros se les garantizaban las libertades personales, la libertad de consciencia y de trabajo, el derecho de elegir a los funcionarios de todos los niveles, la posibilidad de participar de manera continua en los asuntos de la comuna, incluida la defensa municipal. 

Otras disposiciones tenían como objetivo reformar todo el sistema del Estado.

El Ejército regular quedó sustituido por la Guardia Nacional y la iglesia se separó del Estado, se estableció la electividad y la permutabilidad de los funcionarios, incluidos los jueces, y su salario máximo se fijó a nivel del sueldo de un obrero altamente calificado.

Todas las escuelas se hicieron laicas y gratuitas. Se condonó una parte de las deudas de los alquileres y se concedió la posibilidad de pagar a plazos las letras de cambio. Los objetos empeñados con un valor inferior a 20 francos, se entregaron a sus dueños. 

Se prohibió poner multas o descontar parte de salarios a los obreros de manera arbitraria, se eliminaron los turnos nocturnos en las panaderías y la jornada laboral se limitó a 10 horas. 

Se igualó el sueldo de los maestros y las maestras y se concedieron pensiones a las viudas y los hijos de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio. 

Los teatros se entregaron a las asociaciones de actores, empleados y obreros y estaba previsto también ceder los talleres abandonados por sus propietarios a las asociaciones obreras.

PARALIZADA POR LAS DISCREPANCIAS 

Las discrepancias entre la mayoría revolucionaria y la minoría marxista-anarquista dentro de la Comuna fueron una de las principales causas de su derrota. 

Impidieron luchar contra la propaganda y la actividad subversiva de Versalles, que estaba reuniendo tropas reforzadas por los cautivos que con prisas liberaron los alemanes y el material bélico que enviaban. 

La Comuna ni siquiera consiguió poner bajo su control el Banco de Francia, que siguió financiando al gobierno de Versalles. 

Mientras, la ofensiva del gobierno que comenzó ya en marzo se hacía cada vez más fuerte y París, cortado del resto de Francia, fue, de hecho, asediado por segunda vez. 

Tras una serie de ataques, las tropas gubernamentales lograron entrar en la capital el 21 de mayo, lo que dio inicio a la llamada Semana Sangrienta, marcada por atroces combates callejeros. 

El fuego provocado por los bombardeos o prendido por los comuneros que incendiaban los símbolos del Estado, como el Palacio de las Tullerías o el Ayuntamiento, destruyó gran parte de los archivos y muchos edificios de la capital francesa. 

Los combates, que terminaron el 28 de mayo en el cementerio de Père-Lachaise, dejaron unos 20.000 muertos, principalmente entre los comuneros, mucho peor equipados.

REPRESIÓN Y HERENCIA

El gobierno de Thiers que declaró un crimen apoyar de cualquier manera a la Comuna, ordenó ejecutar a hasta 20.000 personas, según algunas estimaciones, entre ellas cientos de niños, ante el después llamado Muro de los Comuneros, en el mismo cementerio de Père-Lachaise. 

Entre los 40.000 arrestados, muchos más acabaron ejecutados o condenados a trabajos forzados y París permaneció durante cinco años bajo la ley marcial. 

Los 72 días de la Comuna de París tuvieron un gran impacto sobre la política social de los estados europeos y sobre el movimiento revolucionario. 

Para los marxistas y los anarquistas, que se disputaban el mérito de formar la Comuna, permaneció durante decenios como un modelo de democracia participativa y del poder del pueblo.

Sputnik

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