Ocultó sus fotos sobre la Guerra Civil española y pasaron 79 años: Antoni Campañà, genio a su pesar

El Museo Nacional de Arte de Cataluña exhibe el trabajo inédito del fotógrafo catalán sobre la Guerra Civil, que ocultó al término de la contienda. Descubierto fortuitamente por su nieto en 2018, conforma ya una exposición que descubre la talla de un autor ya contrastado, pero hasta ahora desconocido en la temática donde brillaron Capa y Centelles.

Bajo el título La guerra infinita. Antoni Campañà, las tensiones de una mirada (1906-1989), el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) expone por primera vez al público una obra producto de un hallazgo fortuito; las fotografías que en 2018 descubrieron un hijo y un nieto de Antoni Campañà, uno de los mejores fotógrafos españoles del siglo XX, pero del que se desconocía absolutamente su faceta como cronista gráfico del conflicto armado que arrasó el país entre 1936 y 1939.

Refugiados de Málaga en el estadio de Montjüic, febrero 1937
Barricada. calle Hospital. Barcelona, 25 de julio de 1936.

La exhibición de estos trabajos en el MNAC a partir del 19 de marzo y hasta el 18 de julio, en Barcelona, revela la enorme calidad artística y relevancia histórica de un conjunto de imágenes que el propio autor escondió dos cajas tras el conflicto y de las que aparentemente se desentendió, pues ni siquiera se molestó en positivar muchos de aquellos negativos.

Un fotógrafo de relumbrón

Nacido en Arbúcies (Gerona) en 1906, Antoni Campañà i Bandranas falleció en 1989 tras pasar a la historia como uno de los mejores y más premiados creadores fotográficos de España. Con un estilo genuino que combinaba el pictorialismo con una visión vanguardista típica de los años 30, Campañà abrazó un enfoque más comercial en la segunda mitad del siglo XX, que le siguió otorgando celebridad durante la época del desarrollismo en España, ya fuera por elaborar fotografías publicitarias para SEAT, o por captar estampas de postal que conformaban la imagen turística del país.

Pero con su personal mirada durante los convulsos años de la contienda civil, en la retaguardia del frente, a Campañà se le redescubre ahora también como una suerte de genio de acción retardada, capaz de encaramarse a la cima del fotorreportaje en España cuando ya lleva más de 30 años muerto y ocho décadas después de aquel desastre. Curiosamente, la ‘c’ de su apellido cabe unirla ahora a las otras ‘c’ que han dominado la historiografía sobre el relato fotográfico de la Guerra Civil y los años anteriores a ella: Robert Capa, Agustí Centelles y Henri Cartier-Bresson. El trébol tiene ya cuatro hojas. O cinco, si añadimos la de Pere Català i Pic, el creador del primer fotomontaje propagandístico (Aixafem el feixisme -Aplastemos el fascismo-, 1936).

La muestra en el MNAC la componen más de 300 fotografías, con las que se ofrece un recorrido por los tres grandes periodos creativos de Campañà, también sus inicios en el surrealismo y pictorialismo, pues parte de estos trabajos son igualmente inéditos. La mayoría de las obras expuestas proceden del fondo de los descendientes de Campañà, quienes han resuelto donar al museo 63 de ellas, pertenecientes a la etapa pictorialista.

Un hallazgo fortuito

En 2018, días antes de la venta de la casa del abuelo en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), un hijo y un nieto de Antoni Campañà la revisan por si queda algo de valor. En el garaje encuentran dos cajas rojas que contienen más de 5.000 fotografías y negativos.

«Cuando mi abuelo desmontó en los años 50 su tienda de fotografía de la Rambla, guardó absolutamente todo en el garaje, hasta el mostrador. Había una caja grande de madera con sobres con fotos que los clientes no habían ido a buscar. Y en su fondo, dos cajas rojas con las fotografías», contó su nieto Toni Monné a la emisora de radio Cadena SER, donde declaró que su abuelo no fue a la guerra, «sino que la guerra vino a él», explicando que en una ocasión Antoni Campañà comentó a Marta Gili, comisaria a la sazón de una exposición de su obra en 1989, que disponía de un archivo de fotografías de la Guerra Civil, el cual no quería enseñar porque era una herida que no deseaba volver a experimentar.

Regreso de Lluis Comanys. 1 de marzo de 1936.

Así que cuando sus descendientes descubrieron tal archivo, intuyeron que habían descubierto un tesoro. «Pero es paradójico que ahora se esté hablando de mi abuelo precisamente por lo que él quiso que no se viera», explica Toni Momné, ahora uno de los comisarios de la exposición en el MNAC, donde ya se exponían obras de Campañà en el marco de la colección del pictorialismo fotográfico catalán.«Me considero obligado a producir fotografías con puntos de vista originales y creo un deber mostrar al mundo la naturaleza, bien resuelta por la mano divina». Antoni Campañà.Fotógrafo.

Tropas italianas en el Desfile de la Victoria franquista, 21 de febrero de 1939 - Sputnik Mundo, 1920, 18.03.2021
Tropas italianas en el «Desfile de la Victoria» franquista, 21 de febrero de 1939.
Ya premiado en los años 30

Para cuando estalla la Guerra Civil, Antoni Campañà ya era un artista reconocido en los salones internacionales de fotografía. Su gusto por el pictorialismo se integró bien en las corrientes vanguardistas europeas de la Nueva Visión alemana o el constructivismo soviético, de ahí las diagonales que dominan el campo de su visión, y los atrevidos encuadres picados y contrapicados.

Destacan de entonces sus bromóleos pictorialistas, fotografías compuestas a partir de trozos de negativos diferentes para obtener la imagen de una idea preconcebida. En otras palabras, en los años 30 ya hacía muchas de las cosas que ahora se hacen con ayuda de programas de edición digital como Photoshop. La Guerra Civil añade crudeza a este estilo, que lo vuelve más directo, instantáneo.

Exhibición de las momias de las monjas, convento de las Salesas, Paseo de Sant Joan, Barcelona, julio de 1936 - Sputnik Mundo, 1920, 18.03.2021
Exhibición de las momias de las monjas, convento de las Salesas, Paseo de Sant Joan, Barcelona, julio de 1936.

Campañà no se posiciona. Él es republicano, nacionalista catalán y católico, elementos de una identidad que no casa exactamente con la imagen que se tiene de los dos bandos enfrentados. De hecho, algunas de sus tomas durante el enfrentamiento, entonces de autoría anónima, son usadas de forma propagandística primero por un bando y luego por el otro. Campañà captura imágenes cotidianas de la retaguardia, como milicianas anarquistas, la llegada de refugiados provenientes de la desbandá de Málaga, momias de monjas o niños en comedores populares, y también la profanación de templos, tropas en retirada y desfiles de los ganadores. Su mirada no es equidistante, porque da cuenta del sufrimiento, pero no se adhiere a ninguna causa, no se autocensura.

Tal vez traumatizado por una experiencia en la que no hallaba bando propio, tal vez temeroso de que su trabajo pudiera acarrearle problemas durante la dictadura, la postguerra ve a Campañà dedicado a retratar al país con un enfoque más comercial. Abre su propia tienda de fotografía y es representante en España del fabricante de su herramienta de trabajo, Leica, la legendaria marca alemana creadora de las primeras cámaras réflex de 35 mm aptas para el fotorreportaje de calle y acción. En 1952 fundó el exitoso sello de postales turísticas CYP (Campañà y Puig Farran) con el fotógrafo Joan Andreu Puig Farran. La imagen turística de España también le debe mucho a Campañá.

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