A 45 años del golpe militar en Argentina, la memoria vive y lucha

Activistas por los derechos humanos en Argentina han sido clave para llevar adelante procesos judiciales y llegar hasta los círculos de los perpetradores de crímenes de lesa humanidad en la dictadura que gobernó este país entre 1976 y 1983, dijo Ana María Cacopardo, documentalista sobre el tema.

«En estos contextos donde por momentos pareciera que la pregunta de ¿para qué nos sirve la memoria? vuelve a estar en entredicho y aparecen los discursos negacionistas, creo que vale la pena voltear la mirada a toda esa construcción que muestra esta vitalidad de los organismos de derechos humanos y movimientos sociales que me parece que ha sembrado esto en lugares impensados y en las nuevas generaciones», indicó la periodista Cacopardo a Sputnik.

La lucha en Argentina por llevar ante la justicia a violadores de derechos humanos y buscar a los miles de desparecidos, que dejó el régimen militar, ha tomado décadas, pero 45 años después de que las Fuerzas Armadas se hicieron con el poder, el 24 de marzo de 1976, y comenzaron una feroz operación de eliminación de sus opositores muchos de los represores siguen pasando por los tribunales.

Esos procesos y la construcción de la narrativa de lo sucedido hace cuatro décadas también extendieron sus ramas a diferentes generaciones y sectores.

«Los procesos judiciales ensancharon el círculo de la memoria, sembrando ahí mismo donde era impensado, en el campo de los perpetradores (…) Esa narrativa de los organismos de los derechos humanos pariendo la democracia y ese reclamo de verdad y justicia tuvo tanta fuerza que logró, 30 años después, a pesar de las leyes de impunidad que hubo en Argentina reiniciar procesos de justicia», explicó Cacopardo.

La documentalista argentina sobre derechos humanos se refiere al colectivo de los hijos e hijas de represores que hasta brindaron testimonio contra sus progenitores denunciando las prácticas llevadas a cabo durante la dictadura.

Cacopardo ha recibido varios premios por sus trabajos sobre conocidos casos como el documental sobre el juicio y la condena a cadena perpetua contra el excomisario Miguel Etchecolatz, acusado del secuestro y asesinato de estudiantes de secundaria en el caso conocido como La noche de los lápices.

«Aunque la justicia argentina no estaba preparada para este tipo de crímenes de lesa humanidad, se logró encontrar alternativas. Creo que en eso la lucha de los organismos fue central y se fueron encontrando alternativas para llevar a la justicia los crímenes de lesa humanidad y se fueron ensanchando estos crímenes porque hoy encontrás que se están juzgando las responsabilidades empresariales», afirmó.

En 2018, un tribunal condenó a dos empleados de alto cargo de la automotriz estadounidense Ford y a otro hombre por su vinculación con el secuestro de 24 trabajadores sindicalizados entre 1976 y 1977, que habían sido señalados por la compañía.

Memoria y futuro

Los movimientos sociales también han sido los responsables de visibilizar la violencia sexual sistemática contra las prisioneras en centros clandestinos de detención y que anteriormente se incluía dentro de las prácticas de tortura.

“En la memoria de otras luchas encontramos futuro sin duda, entonces los procesos  de memoria son vitales en la construcción de otros futuros posibles que estamos buscando”, comentó la documentalista.

Pero eso el proceso de construir una memoria en la sociedad no debe limitarse a conmemorar aniversarios o levantar monumentos ya que, opina la cineasta, si solo es un acto oficial, si parece un deber,  la sociedad pierde la herramienta de la transformación.

“Sabemos que los monumentos no reemplazan ese trabajo social que es la memoria, si la memoria pierde su lazo con el presente deja de ser una memoria que nos permita construir un futuro distinto. Los procesos de memoria social son parte de una disputa por el presente y el futuro”, afirmó.

El martes, un día antes del aniversario del golpe militar, Taty Almeida, representante de las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo, pidió a los jóvenes en un acto público que “no bajen los brazos”.

En una época en que los discursos de derecha han cobrado impulso, recordar los hechos del pasado a través de prácticas sociales es la forma para evitar que esas violaciones a los derechos humanos vuelvan a repetirse, afirmó Cacopardo.

“Sabemos que es una disputa abierta y que estaremos en condiciones de dar esa disputa en la medida que fortalezcamos los procesos sociales de memoria, no la memoria del deber. Esa memoria no nos sirve para la no repetición, nos sirve una memoria que esté inscripta en las prácticas sociales y que sea capaz de vincular ese pasado con este presente”, concluyó. 

Sputnik

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