Del valor de uso y el valor de cambio

Se denomina capitalismo al modo de producción que privilegia, por sobre todo lo demás, la obtención de beneficio individual.

Este cambio provocó que el trabajo destinado a la producción obligadamente se comercialice, porque esa es la manera más apropiada de obtener beneficios: ganancias.

Las ganancias, antes del modo de producción capitalista, se las denominaba beneficios o privilegios;  y se obtenían por vía del pillaje continuo: Conquista, colonización con uso de fuerza laboral esclava y tributos basados en especias, como compromiso por el arriendo de tierras (obtenidas militarmente, por lo general) y brindar seguridad militar para evitar el pillaje de terceros.

Por Jorge Luis Oviedo*

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Durante el siglo XIX, mientras España veía cómo sus posesiones territoriales desaparecían, el Reino Unido se consolidaba como el mayor Imperio hegemónico basado en el comercio.

Todavía mantendría extensos territorios alrededor del mundo bajo su dominio, luego de la pérdida de las colonias de América del Norte (1976).

Más allá de esos sucesos históricos que engrandecieron durante varios siglos a un grupo de reinos europeos afincados en espacios territoriales insuficientes, comparados con las posesiones que lograron entre los siglos XVI y XVIII (XIX inclusive), la Revolución industrial y, en consecuencia, la expansión comercial, hicieron que la esclavitud y la servidumbre dejaran de ser beneficiosas para las élites nobles o burguesas.

De este modo se afianzaron los términos valor de cambio y valor de uso que, por cierto, cobran ciudadanía europea y luego universal, a partir de la publicación de LA RIQUEZA DE LAS NACIONES de Adam Smith (1776).

Esto favoreció, ideológicamente, a las élites que asumieron el relevo de las monarquías absolutistas (1789, con la Revolución Francesa, iniciará el paso definitivo); porque las naciones continuaron pobres o mejoraron poco sus condiciones de vida (contrario al deseo de Smith); mientras banqueros, comerciantes e industriales se volvían más  ricos y  poderosos.

El valor de uso: producción para la subsistencia. Algo que las personas habían realizado desde el origen mismo de su existencia, fue segregado junto a todo culto contrario al lucro capitalista.

El comercio bajo el control de las nuevas élites oligarcas pasó a tener casi control absoluto de los gobiernos de los países hegemónicos y, con ellos, a imponer el modelo y la lógica de la producción, comercio, transporte, relaciones comerciales, políticas, culturales, religiosas basadas en el lucro.

Así, el capitalismo, nombre despreciable, se rebautizó con el de Sociedad de Mercado. En ella cabe una diversidad de formas de especulación y  transacciones en las que el trabajo (generador de valores de uso) quedó sojuzgado.

En este proceso, el dinero, ya visualizado como una especie de dios terreno omnipresente por los poetas, incluso antes del capitalismo, se vio catapultado a medio por excelencia de los valores de cambio, es decir, de la comercialización de todo lo que se pueda intercambiar.

El trabajo, actividad imprescindible, para la producción y la inventiva, se devaluó; y se convirtió en una de las mercancías más baratas (a nivel de precio, no de valor) en la sociedad capitalista.

Se trató y se trata de una manipulación ideológica, de una mera ilusión, de un acto de prestidigitación, que se terminó de consumar a través del mecanismo de creación y circulación del dinero: LA BANCA DE RESERVA FRACCIONARIA.

Pues esto dio lugar a la creación del dinero sin respaldo real.

El más sólido respaldo real del dinero es el trabajo, no metales o criptomonedas.

Sin embargo, a Smith no se le ha perdonado, su afirmación de que es el trabajo lo que produce la riqueza de una nación.

De hecho, uno de los mayores actos de pillaje, arropado por sutileza y difundido como el motor de la actividad económica, por las escuelas de economía capitalistas, es la creación de dinero respaldado por deuda pública.

La deuda pública (especialmente a partir del siglo XX), volvió acreedores, –es decir, dueños del medio más eficiente par el comercio y para devaluar el trabajo, –de los Estados Modernos a los banqueros; y obligó, con ello, a los gobiernos de turno a inventar e incrementar los impuestos para amortizar esas deudas públicas y  hacer obra pública con nuevas deudas públicas favorables a esos acreedores privados.

Esta forma de crear dinero, cínica y ventajosa para los oligarcas, lleva, pues, a La Trampa de los Impuestos, como mecanismo para facilitar el control del rebaño.

Pero este complemento lo desarrollaremos en otro escrito.

Y no olvidemos que el trabajo es real, se realiza en un tiempo determinado, ya sea que lo producido, inventado, difundido, etc. se comercialice o no.

El dinero, por su parte, no es más que un mecanismo simbólico que comenzó por facilitar el intercambio de favores y productores cotidianos necesarios o útiles para facilitar el trabajo, como las herramientas, por ejemplo.

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