Nicaragua, cuando la fe viaja en carretas

Cientos de carretas tiradas por bueyes desandan cada año por estos días el camino que lleva hasta el Santuario Nacional de Popoyuapa, en el sur de Nicaragua, llevando a bordo uno de los actos de fe cristiana más antiguos del país.

Por Gonzalo Becerra*

Este 22 de marzo, más 200 carromatos arribaron cargados de peregrinos católicos, que llegan a pagar sus promesas ante el Jesús del Rescate, en los días previos a la Semana Mayor (Santa).

La imagen del Nazareno, tocado con la corona de espinas, manos atadas y vestido con una túnica roja, invoca el momento cuando el hijo de María fue llevado a la presencia del prefecto romano Poncio Pilatos, quien lo presentó a la multitud y pronunció las palabras «Ecce Homo» (aquí está el Hombre).

Popoyuapa fue la última y al parecer definitiva estación de otro peregrinaje, el de la imagen cuyos fragmentos fueron rescatados de las ruinas de la Ermita de San Sebastián, derruida por el terremoto de Rivas en mayo de 1844.

PAGADORES DE PROMESAS

Curiosamente, la historia marca el año anterior (1843) como el del inicio de la tradición, aunque otras fuentes suelen situar el hecho mucho más atrás en el tiempo.

Los devotos parten al unísono desde pueblos de los departamentos de Masaya, Carazo y Granada, en este caso cofradías en la región del Pacífico nicaragüense, y se toman cinco jornadas en la ruta que en algunos casos llega al centenar de kilómetros.

En ocasiones las carretas pueden sumar hasta 500 y rebasar los 2.000 la cifra de peregrinos que son recibidos en el Trapiche Méndez, antesala de la culminación del periplo.

Los promesantes suelen usar vestimentas de color morado durante los actos litúrgicos asociados a sus promesas, las unas recientes, aunque también las hay con pagaré de medio siglo.

ROMERÍA MULTICOLOR

La romería nicaragüense por excelencia tiene como centro las rústicas carretas haladas por yuntas de bueyes, y algunas por caballos, a las cuales distingue su techumbre de paja, ideal para proteger a los viajes del inclemente sol que caldea a Nicaragua en esta época del año.

Adornos en forma de chimbombas (globos) de múltiples colores alegran la testuz de las mansas bestias de tiro y los yugos que las uncen.

El ambiente multicolor se completa con banderas de tonos azul, blanco, amarrillo y morado, identificadores de Nicaragua y la fe católica.

Las familias llevan consigo mascotas y alimentos, entre ellos gallinas, que comparten con el resto de la expedición.

Tampoco pueden faltar los peroles que perfuman el amanecer con los aromas hirvientes del primer café.

Cuando el cambio climático no era un concepto que resume peligros y amenaza supervivencias, los ríos en la zona de tránsito de la fe llevaban en sus caudales preñados los peces que alimentaban a los peregrinos al final de una jornada de cansina marcha.

Otro componente de la peregrinación son los padrinos, gente o instituciones que nutren el cuerpo de quienes van en busca de alimento espiritual.

Cuando llegan a su destino los devotos permanecen unos días en estado de adoración.

Luego regresan a sus lugares de origen y en sueños comienzan a preparar el pequeño éxodo del próximo año, cuando volverán a pagar ante la imagen del Hijo del Hombre mientras era insultado por legionarios romanos antes de ser llevado a la colina del Gólgota.

*Sputnik

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